martes, 1 de junio de 2010

Un toque de color en mi vida



Antes de empezar, quiero contarte que la persona con la que perdí mi virginidad, fue con mi primera pareja, con ella mantuve relaciones por un periodo de 5 años, entre los cuales, del aprendizaje del sexo en general, como del mío propio jugaron un papal muy importante.

Lo cierto es que la rutina, el deseo de conocer a más gente, el mantener relaciones con otos cuerpos por parte de los dos nos hizo darnos una tregua.

Dejamos nuestro noviazgo aparcado y con el tiempo ya se vería que tal nos funcionaban las cosas, los dos comenzamos nuestra aventura amorosa a muy temprana edad, nos conocimos y amamos, pero ahora ya más mayorcitos sentíamos la necesidad de volar, comer de otras flores, despertar sentidos que jamás habíamos conocido, caminar por senderos diferentes, la ruptura no fue para nada trágica.

Durante ese primer periodo de adaptación, reconozco que anduve de aquí para allá como una loca, buscando, saciándome, comparando, intentando recuperar el tiempo pedido, intentando sacar de mi interior el otro yo, que estaba segura tenía en alguna parte de mí.

En una de mis salidas con mis amigas, nos arreglamos dispuestas a pasarlo lo mejor posible, el plan estaba asegurado, yo cambié totalmente mi forma de vestir, me ceñí, mostrando mis curvas sugerentes, caminaba ondeando mi culo como una bandera, provocaba a cada paso siendo consciente, estaba claro, salía de caza y lo cierto es que cazar a una polla, es muy sencillo, es cuestión de proponérselo y si te lo montas bien, hasta llegan a creerse que son ellos los reyes del mambo, ¡ilusos!.

Llegamos a la discoteca, nosotras nos acomodamos en la barra, era lo habitual, así elegíamos la presa, nada más girarme mis ojos le dedicaron la mejor de mi mirada a un chico de color, delgado, guapo, bien vestido, excitante, y sugerente, él al darse cuenta de mi intensa mirada, de mi interés comenzó a moverse de manera insinuante, buscando mis ojos, esperando que lo espiara.

Yo lo hacía, pero entre medio ponía algún que otro obstáculo para hacerme desear, poco a poco su baile lo acercaba hasta mí, hasta que los codos se rozaban y por fin con una sonrisa que quitaba el hipo se disculpó, invitándome a tomar un refresco.

Por el momento no accedí, no quería parecer una facilota, tenía que hacerme de rogar.

Poco después comenzó a sonar una pieza que me gustaba, con la que mi cuerpo se agitaba solo, él se cercó y esta vez sin preguntar me agarró y arrastrándome hasta la pista guió mis pasos, su cuerpo se apretaba contra el mío, lo agitaba, de manera que nuestras piernas abiertas quedaban en una posición que hacían que mi raja rozara su muslo, danzando de adelante a atrás sin mover los pies de sitio.

Ese roce era exótico, erótico, provocador, excitante, pronto el calor de su muslo y el de mi entrepierna salieron a flote.

Sus manos agarraban mi cintura mi cuello, de tal manera que hacía que mi cuerpo rotara por un eje, movido con sus manos parado en seco a pocos milímetros de sus labios.

Estaba muy caliente, y él, por que no tardó nada en pedirme una noche.

Sí así de sencillo.

Me despedí de mi grupo, entre silbidos de admiración y envidias, caminamos un poco hasta llegar a su apartamento, en el ascensor, las bocas se unieron, mientras el contacto de mi raja con su pierna continuaba calentando los cuerpos.

Antes de acoplar la llave, me comentó que no vivía solo, que quizás estaba su compañero de piso, eso me excitó más, me gustaba calentar a los que me podían escuchar gimiendo.

Lo hice callar, entregándole mi lengua para que la succionara.

Mis manos necesitaban descargar el calor, mi coño, saciarse y mi boca tomar agua estaba seca.

Se lo dije y apareció un minuto después con un vaso lleno de agua fresca, lo bebí y me encargué de que su ánimo no bajara.

Me desnudé ante sus ojos, mientras él hacía lo mismo, el cuerpo era perfecto, moreno brillante cuidado, iniciamos el juego de caricias que pronto pasaron a ser mamadas, con los gemidos las risas y el estado de excitación, nos olvidamos de que estábamos solos, pronto nos espiaba una mirada morena.

Mis ojos se dieron cuenta de que el pobre chico se estaba acariciando mirando como nosotros nos lamíamos.

Miré a mi amante y le señalé la visita imprevista, se disculpó y nos presentó, cuando cercó su cara para besarme y viendo el estado de su verga, deslicé el beso de tal forma que mis labios fueran a parar a los suyos.

No dejé que reaccionaran, por que mi mano agarraba una verga mientras mi boca lamía otra.

No era mi intención desperdiciar la noche, era temprano, estaba con dos morenos que quitaban el hipo, las vergas eran importantes, mi conejo sudaba como nunca.

Los lamí a duo, ellos se miraban mientras esperaban su turno para comer de mis pechos.

Uno a uno, penetraron por mi vagina, mientras el otro chupaba mi clítoris repartiendo su lengua entre mi sexo y el de su amigo.

Notaba como me penetraba me llenaba era grande, quizás la más grande que jamás me había metido.

Disfruté de cada una de ellas.

Una me penetraba y la otra pasaba por mis senos mientras mi lengua estirada esperaba que asomara su punta por entre ellos para lamerla.

Estaba a mil.

Estallé en un orgasmo, sin dejar de agitarme, mientras era penetrada y mamaba el palo enorme.

Después salió de mí, estaba tan caliente que pedí a gritos que la verga que quedaba sin penetrar lo hiciera.

Comencé a chupar la que acababa de descargar su leche blanca al contraste de la piel.

Los labios me quemaban, pero necesitaba sentir más.

Una vez más, el calor me inundó, me llenó, lamí otra vez cada una de ellas hasta que crecieron en mi boca.

Mi conejo oteaba las leches entre mis piernas arrodilladas.

Mis manos agarraban los testículos de cada uno.

Y lamía, como una loca.

Hasta que una vez más estallaron llenando mi cuerpo de su semen.

Esa sensación pegajosa, me complacía, hice que pasearan sus vegas por mi piel, mis manos las estrujaba esperando más líquidos.

Quería más.

Los tres nos metimos en la ducha y allí comenzamos a jugar como locos otra vez, esos penes mirando hacia arriba, yo en medio de los dos cuerpos.

Comenzamos una vez más el juego del sexo.

Pero ahora tengo que dejarte, he de salir, me esperan en su casa, al regresar te cuento que tal hoy.

Por cierto, ahora somos inseparables.

Deseo. Año 2004.

No hay comentarios:

Entradas más populares del blog