martes, 1 de junio de 2010

Caballito lindo



Antes de comenzar mi relato, tengo que dejarte claro que todo lo que aquí expongo es real, no lo pasé yo pero bien te aseguro que me lo contó su propia protagonista, y al ver los gestos de su cara te aseguro que no era ni un farol ni una mentira.

Ylenia, una chica normal, de 20 años estudiante y trabajadora como dependienta por las tardes para pagarse la carrera.

Nada en su cuerpo la hacía destacar, normal, pechos normales, la cara normal, bueno era y es sólo una persona más, con la que entablas conversación y acabas siendo amigo.

Llegó el punto en el que éramos confidentes, algo en nuestros caracteres nos atraía a confesarnos, pero sólo eso.

Siempre me ha comentado su gran pasión por el sexo, a su edad se puede decir que está de vuelta de todo, no existen los secretos a la hora de desnudarse, no teme, ni da ascos, es más bien una especie de probadora nata a cosas nuevas, sensaciones, emociones, estímulos, etc.

En una ocasión me dejó bien claro su interés en la zoofilia, no llegué a creerla, pues la vedad no es algo que a mi me atraiga y no podía creer que ella tuviera métodos como para eso.

Me explico.

Perros los encuentras en cualquier parte, pero su afán iba más allá ella quería un caballo, y a ver, ¿de dónde sacas tú un caballo?

En una ocasión alquiló una casa en la montaña, la alquiló de tal forma que sólo estaba ella y el animal, con el que tenía pensado montárselo.

Ese era el inicio de aquella confesión en un día precisamente que yo no estaba de humor como para escuchar.

El comenzar a escuchar esa narración, me distrajo de mis otros pensamientos.

Ylenia, no se lo pensó dos veces a la hora de meterse en el establo, poco le importaba la bravura del animal, ella estaba segura que con el aroma de su sexo lo aplacaría, eso ya demostraba mucho valor o bien mucho morbo.

Se desnudó mientras las pestañas del animal parpadeaban desde su rincón, como si le deleitase con un baile erótico.

El animal la vigilaba, hasta que se acercó directamente a la verga del potro sin preámbulos, lo agarró con sus manos mientras éste se agitaba y mostraba nervioso, entonces intentó aplacarlo con caricias y palabras mientras intentaba acercar su hocico a su raja caliente y mojada, de las alas de morro resoplaban mientras ella pasaba los dedos por su raja y después los acercaba hasta la nariz del animal.

Automáticamente se quedó parado, mientras ella sin esperar más se acercó y metió esa verga aún flácida por su boca.

Lentamente crecía hasta el punto de que el grosor era mucho más grande de lo que podía abarcar la abierta boca de Ylenia.

El animal resoplaba, excitado, no era sencillo, una coz podría hacerle mucho daño, hasta matarla con un mal golpe.

Pronto descubrió que si dejaba el contacto el tamaño aminoraba, y como pudo sosteniéndose con las piernas lo más estiradas que su altura le permitía y sin dejar de masturbar aquel enorme miembro buscó su coño para que el glande lo acariciara, era tal el tamaño que su grosor prácticamente le llenaba todo el sexo, pero intentó más.

El roce era poco ella quería notar como entraba, y así se puso manos a la obra, en solitario, a meterse como fuera esa verga negra, llena de paja que dejaba caer con los movimientos.

Tanto roce a pesar de la oquedad de su conejo, secó el glande del potro.

No lo pensó ella tenía una meta y se colocó la verga una vez más en la boca, otra vez estaba mojado, resbalaba, esa era su invención, y comenzó a adentrársela por la vagina.

Las patas del animal no se estaban quitas pero ella asumió el riesgo y frenaba como podía el movimiento, mientras continuaba insistiendo.

No podía ser, lo cierto es que no era sencillo, en ese momento pensó en conformarse con una lamida en su coño por parte del animal.

Pero no sabía como hacerlo, se contentó con sentir placer al contacto ya que la penetración era imposible sin ayuda, pero el roce de esa verga en su coño la llevó al orgasmo, la historia por esa noche acabó, pero no dejó de pensar en como hacer para que él la lamiera, y al entrar en la cocina, el tarro de miel le produjo la idea, pero su cansado cuerpo no aguantaba más el esfuerzo a pesar de estar ardiente, aún le quedaban dos noches para intentarlo.

Pero eso es otra historia y te la contaré otro día.

Eso si, claro si te apetece leer la penetración de Ylenia, con su potro.

Deseo. Año 2004.

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