
No te miento si te cuento que a mis 30 años lo he probado todo, bueno casi todo ya que en el tema de sexo nunca se acaba.
Recuerdo una vez que la idea de saber catar el sabor de la leche de un hombre me llevó a masturbarme como un loco, sólo por el placer de coger una gota con mi dedo y llevarla a mi boca.
Otra en que necesitaba que me penetrara una mujer, ¿y por qué una mujer? sencillo, quería sentirme como ellas, y lo ideal era cambiar los papeles.
Alquilé a una prostituta, a la que antes de nada le di instrucciones, ella tenía que hacer de hombre y colocase una verga de las que se atan a la cintura, y bombearme, como si fuera yo y yo ella.
Claro está que elegí la de tamaño más pequeño.
Me he acostado con mujeres de todas las razas y edades.
Pero eso de mantener relaciones con otro hombre medaba no se qué.
He hecho camas redondas, orgías, pero nunca me he atrevido a tocar plenamente un pene, sólo acariciarlo por encima y ya está.
Esa curiosidad, a medida que pasaba el tiempo hacía mella en mí.
¿Qué sensación sentiría?
¿Cómo sería notar una verga pura, de carne en mi ano?
Chuparla. ¿Qué tipo placer proporciona el chupar un pene?
Y ¿tragarse un esperma que no es tuyo?
Así un día tras otro, preguntas y más preguntas, dejé a un lado las mujeres para obsesionarme con el aparato del hombre.
Mirarlo de cerca, ver en qué se diferenciaban, tocarlo y sentir si el tacto era el mismo, medirlo.
Hasta que por fin, me decidí, cansado de darle vueltas, hice lo mismo que con la puta, cojí un tablón de anuncios y elegí uno al azar.
Era lo mejor, si no me complacía lo dejaba previo pago y listos.
Llamé a un número, una voz dulce masculina me atendió, era contacto para mujeres, pero le doblé la cantidad de la cuota si aceptaba, la voz al otro lado del hilo telefónico, parecía dudar, pero me di cuenta de que era una estrategia para ver si aumentaba el precio, estaba loco pero no tanto.
Al entrar en casa, supe que había acertado en la elección.
El chico era de los que se hacen mirar hasta por los ojos masculinos, un cuerpo cuidado, moreno, guapo, la verdad es que comencé a excitarme a pesar de que estaba vestido.
Le ofrecí una copa, antes de nada hablamos un poco de lo que quería, intercambiamos opiniones, y acto seguido, se acercó a mi desnudándome con la mirada y las manos, hasta que creo que mis ojos no me obedecían.
Creo que mi idea de loco le gustó tanto como a mí, yo esperaba que me acariciara el pene, pero no, el chico sabía lo que hacía, me besó el pecho, dejando el suyo a mi vista, para que mis manos lo tocaran, no tenía bello, era sensual pasar los dedos por aquel torso perfecto.
Reconozco que me tenía a mil, su lengua marcaba un camino a recorrer después con sus dedos y más tarde reafirmaba la ruta con la punta de su verga, enorme, pero a la vez preciosa, brillante.
Mi boca buscó la suya sin apenas proponérmelo, necesitaba sentir el contacto de esos labios jugosos en los míos, beber de su saliva, alimentarme de su sudor.
El olor a sexo era similar que con las mujeres, pero mucho más sugerente, más excitante.
Dejé que me mimara, que me hiciera suyo, con manos, lengua, dedos, con todo su cuerpo.
Se adentró por mis rincones, bajó por mi cintura, hasta lamer mi culo, que latía esperando algo más.
Yo notaba como me dilataba, mi ano esperaba la entrada de su verga prodigiosa.
Pero lo beso, lo lamió, chupó, hasta que noté sus dedos entró sin esfuerzo por él, poco después y sin dejar aparcada su lengua ayudo a que fueran dos.
Mi pene estaba ardiente, mis manos lo agitaban buscando algo, pero el chico me pidió que dejara de masturbarme, él quería hacerme sentir placer por el ano, tal y como yo le pedí, tenía razón, si yo me provocaba el orgasmo, no tenía sentido aquel acto.
Me costó pero paré, esperando a que él me diera órdenes.
Me relajé mientras mi cuerpo temblaba como si recordara mi primera vez.
Sus manos ayudaron a mis piernas a abrirse para poder entrar, me hablaba, relajándome con cada frase.
Hasta que una parte de él se acopló en mi ano, estaba caliente, no me dolía, me dí cuenta de que apenas tenía nada metido.
Su mano agarraba su pene privando la rapidez de la penetración.
Pero lentamente, mi cuerpo pedía que me llenara de esa presencia extraña y nueva para mí.
La adentró, sin prisas, mi cuerpo latía, vibraba, temblaba, sudaba, mientras se me escapaban gemidos, me sentía comprimido, lleno, pensaba que no cabía nada más en mi interior.
Pero a la vez deseaba que entrara de golpe, para quejarme de dolor y placer a la vez.
Una vez que estaba dentro de mí, comenzó a bombear, delicadamente, sentía como mi interior se derretía por acelerar el ritmo.
Me indicó que me masturbara, así lo hice, como un loco, no tardé en expulsar mi leche por todas partes, mientras él continuaba entrando y saliendo, y gozaba, disfrutaba.
Le indiqué que saliera, necesitaba mamar aquella verga, aparte de tener la sensación de que algo que nacía en mis tripas la empujaba.
La agarré deseoso de comérmela, la chupé de la misma forma que me gusta que me la chupen a mí.
El chico cambió de expresión, era plácida, con la fracciones duras de aguantar.
Me gustaba mirarle mientras bajo él me mamaba.
Me avisó cuando estaba a punto de estallar, salí mientras que sin dejar de mirarlo mi lengua le daba las últimas pinceladas, deseaba que cayera en mi cara, en mi boca, saber el aroma, degustar el sabor de aquel exquisito majar.
Por fin como el chorro de una fuente a presión sacudió su esperma cayendo en mi cara, mientras mi lengua lo arrastraba.
Descubrí que mi ano se contraía otra vez, y mi pene estaba erecto y escupiendo, esa imagen me excitó tanto que no fue necesario, masturbarme.
Una vez él se relajó, succionó mi polla, hasta que recobró el estado erecto y no paró hasta tragarse mi semen.
Creo que el chico disfrutó tanto como yo.
Han habido muchas más veces, él continua trabajado de eso, le gusta y se gana bien la vida, pero algo nos une, y tenemos relaciones en las que no me cobra, es puro placer, puro vicio, yo llevo mi vida normal.
Nada ha cambiado, sólo sé que disfruto más con él que con las chicas con las que me acuesto, pero mi afán de aprender y de hacer cada día algo nuevo continua.
Quizás tú te cruces algún día en mi camino.
¿Qué dices?, ¿te apetecería?
Todo es ponerse.
Deseo. Año 2004.
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