jueves, 16 de septiembre de 2010

La masajista inexperta

Como cada día me levanto pronto. Cojo mi bolsa y me dirijo al gimnasio. Están más o menos los de siempre. Ya nos conocemos y nos damos los buenos días o una mirada sonriente que para el caso es lo mismo. Hoy ando absorto con mis pensamientos. Se avecina un día complicado en el trabajo. Hay que cerrar un negocio importante. Acabada mi sesión de ejercicios paso un momento por recepción para pedir un masaje y luego me voy a la piscina a terminar mis ejercicios dando unas brazadas. Es una rutina que me sienta muy bien para empezar el día. Ya envuelto en un confortable albornoz y secándome con la toalla me dirijo a las salas de masajes.
Hoy hay una chica nueva. Es jovencita y guapa. Pronto comentamos cuatro tonterías para pasar el rato. La chica se la ve experta porque lo hace muy bien. Me cuenta que ha conseguido este trabajo después de estar mucho tiempo en paro. Está contenta. Sus manos me están masajeando la espalda y poco tardan en masajearme también las nalgas del culo. Estaban cubiertas por una toalla pero ha acabado quitándola. No digo nada porque me da gusto. Sigue su masaje por las piernas y cuando termina me pide que me de la vuelta. Me pongo boca arriba y lo normal es que te vuelvan a poner de nuevo la toalla pero supongo que entre su inexperiencia o quizás su nerviosismo no se acuerda de ponerla. El resultado es que aunque ella esté masajeándome el pecho poco a poco me vaya empalmando. No tarda en darse cuenta. De todas formas sigue masajeando muy bien y a la que llega a mi zona erecta la masajea igual que el resto del cuerpo. Esto hace que empeore mi situación claro está. Para subsanar su error coje la toalla. Pienso que terminará aquí todo pero cual es mi sorpresa cuando la toalla la pone en mi cara en lugar de taparme. Esto lo hace porque aprovecha la situación para desnudarse sin que yo la vea.
Una vez desnuda se pone aceite por todo su cuerpo y se pone encima mío. Empieza a masajearme con su cuerpo. Noto una sensación placentera indescriptible. Noto sus pezones puntiagudos por su excitación. Masajea que te masajea hasta que finalmente se pone sobre mi erecta polla. No se la acaba de penetrar. Me hace un masaje de la punta del capullo a base de frotarlo con su mojada almejita. No acaba de entrar mi polla. Está dándole y dándole. Ya me retuerzo de gusto. Estoy a punto de explotar ..... en el momento que ve que ya estoy a punto de irme va y se mete mi polla bien despacio y hasta bien al fondo. Esto hace que me haga una buena corrida que me alivia. Estamos un rato los dos quietos saboreando el instante placentero. Se retira poco a poco y con otra toalla me tapa, esta vez sí, lo que tenía que haber tapado al principio jejejeje. Me da un tierno beso y se despide. Yo me dirijo relajado y pensativo a la ducha.
Al salir del gimnasio me comenta la gerente si me ha gustado la nueva masajista. "Ooooo, sí, sí me ha gustado", le contesto yo. "Ningún problema", continuo. "A bien", me dice, "es que la chica la tenemos todavía de prueba y queremos saber la opinión de los clientes". "Ya la puedes hacer fija sin problemas", le digo con una sonrisa de oreja a oreja.
Por Miquel J. Pavón i Besalú, año 2010.

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