
Digamos que me dedico a vender pisos, me he encontrado con muchas situaciones, pero ninguna como la que te voy a contar.
Hace tiempo que me llamaron de la otra parte de mi país, era un viudo adinerado con ganas de comprar e invertir en pisos a los que después arrendaría.
La venta fue peculiar, la realizamos toda por teléfono y ordenador, le mandé los planos el precio y demás, cuando todo estaba formalizado me comunicó que su único hijo se desplazaría para verlos, y que lo atendiera con ello yo me llevaba una suculenta suma de dinero.
El acuerdo era que le acomodara uno de los apartamentos adquiridos pasa que pasara unos días.
Eso me llevo mi tiempo, si ya es difícil amueblar para tí, imagínate lo que cuesta hacerlo para otro.
Total el día señalado me acerqué hasta el aeropuerto, el chico no tardó en recocerme, cosa que como yo no lo había visto ni por foto me hubiera sido casi imposible.
Se llamaba John, era guapo, pero algo en él me resultaba extraño, su cuerpo era perfecto, sus manos demasiado finas, su silueta cuidada, pero sus gestos su mirada, su sonrisa, algo extraña.
Ya en el coche camino a su apartamento no sabía sobre que hablarle, me alegré de que el camino fuera corto, una vez dentro le mostré las habitaciones y le pregunté si quería ducharse, él me dijo que sí, después del viaje lo necesitaba, y se adentró por el baño, dejando la puerta ligeramente abierta, mientras yo sacaba de mi interior la parte de mirón para no perder detalle de aquel cuerpo que tanto me atraía.
Su piel estaba tostada, a simple vista era muy fina, tersa, sin bello por ninguna parte, eso me llamó la atención, sus pechos asomaban como en una niña y su cuello era perfectamente curvado, llamando al deseo, las piernas hermosas.
Continuaba pensando que era extraño, pero no dejaba de fascinarme el espiar cada uno de sus movimientos.
Usaba una ropa interior muy chic, creo que se dice así, un diminuto tanga que por la parte trasera no era más ancha que una simple goma y delante un minúsculo triángulo.
Me sentía excitado y aturdido, a mí, me estaba pasando eso cuando era un hombre de pies a cabeza, me sonrojé, mientras mi pene crecía.
Por unos minutos me imaginé abrazado a su pecho, sintiendo el latido de su corazón, mi verga continuaba creciendo ante mi asombro.
Yo soy padre de familia, me repetía una y otra vez, pero no podía evitar el espiar.
Por un momento se apartó y se alejó de la sala donde podía controlar todos los movimientos de John.
Poco después apareció con una camisa corta y un calzoncillo ceñido, realmente el bulto de sus piernas era minúsculo, pero otra vez comenzó a crecer mi verga.
Teníamos planeado salir a conocer parte de la ciudad, pero John, me dijo que estaba agotado y le aconsejé que se tumbara, el caminar era excitante, entre pasos de tacón y seducción.
Recuerdo que mientras él dormía yo me tranquilicé usando mis manos mientras mi ropa rellenaba de mi semen.
Al despertar John, era la hora de cenar, por lo que teníamos dos opciones, salir o quedarse, nos miramos a los ojos y nos quedamos, al poco rato yo estaba indagando sobre él mientras con calma respondía.
Como un juego cada uno explicaba una parte de su vida, y cuando John, contó la suya, me extrañé y a la vez desee penetrarlo, él lo notó y asintió con la cabeza diciendo a la vez que me tranquilizaba que él había sido consciente de eso desde la primera mirada que le hice.
Adentrados en el tema, me dijo que le siguiera, yo miré el reloj, era tarde, pero no quería irme, llamé a mi mujer diciendo una excusa y me quedé para jugar un poco.
John, me trasladó hasta el baño, llenó la bañera y se introdujo dentro, su pene al quitarse el calzón no era grande, más bien un intento, entonces mi verga creció, John, al ver mi estado comenzó a chupar de ella, mientras disfrutaba viendola crecer entre su boca.
Lentamente me agarro de mi mano y la pasó por su trasero, mientras él mamaba mi sexo, era excitante, diferente, me gustaba y disfrutaba.
Era como una niña a medias, era un hombre o una mujer, tenía mis dudas, pero deseaba follarlo.
Él lo notaba y se hacía el interesante, mostrándome su ano, para después esconderlo bajo la espuma.
Ese contraste de agua, espuma, aire, olor, su cuerpo, su cara, su mirada, me volvían loco, se colocó a cuatro patas en el agua y allí mismo lo penetré.
No fue necesario estimularlo, el agua y el jabón ayudaban, yo entraba y sabía y la verdad no sabía si acariciarle su verga, hasta que me decidí, le pasé el dedo por el glande mientras le penetraba y él gemía.
Al escucharlo comencé yo a gemir mi placer se acercaba y el suyo por su forma de agitarse.
Los dos a la vez estallamos, después uníamos nuestros labios en uno solo, mientras tumbados en la fría agua nos relajábamos.
No sé como definir esa relación, era diferente, placentera, sensual.
Puedo decir que algo muy diferente desde ese día nos vemos asiduamente, a menudo disfruto mucho más que con mi mujer, él me ha enseñado miles de juegos, sensaciones desconocidas en mi cuerpo, mil formas de dar y recibir.
Y somos muy buenos amigos, deseo cada mes que llegue para entregarme a él y que él me de su cuerpo.
Así pasó no de mis miles de casos pero sin duda el que aún conservo y el que más me llena, es mi secreto ahora nuestro.
Con él te animo a probarlo, ya me contarás.
Deseo. Año 2004.
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