lunes, 31 de mayo de 2010

Increíble pero cierto



Las locuras que hace uno cuando anda bebido.

Ahora lo recordamos y aparte de reírnos no nos reconocemos.

Hace años cuando mi mujer era mi novia solíamos aprovechar cualquier fin de semana para irnos a algun lugar donde buscar fiesta y dormir solos.

En una de esas escapadas acabamos en una discoteca un poco liberal, mi novia vestía con una minifalda muy atrevida, pronto los chicos la rodeaban y yo me excitaba al pensar que ella era sólo mía.

La dejé sola mirando desde una distancia prudencial, se le amontonaban al ver como se agitaba, hasta que uno se acercaba demasiado, era hora de actuar.

Me acerqué de tal forma que mientras él intentaba tocar lo que fuera, sólo lograba colocar su mano sobre mi abultado paquete, la verdad el contacto de esa mano me excitaba, y acabamos los tres en nuestra habitación desnudos.

Mi chica mamaba dos vergas que a su vez se frotaban entre ellas, nuestras manos la agarraban de los pechos intentando inclinarnos y mamar de ellas, éramos dos machos luchando para lograr ser el primero en meterla, eso nos quedaba claro, era ella la que tenía que elegir.

Mi dedo se le acercaba peligrosamente por el ano, hasta meterse mientras ella arrodillada agitaba las caderas en forma de agradecimiento, él le daba su lengua para que cuando pudiera la chupara.

Pero estaba claro que a ella lo que le gustaban eran las pollas.

Su cara estaba transformada, parecía una experta en el tema y eso excitaba aún más.

De pronto con sus manos junto los glandes y los fregaba entre ellos, eso me gustó, y ví que la cara del invitado cambiaba soltando gotas de placer.

Después nos descubrimos a nosotros mismos besándonos mientras ella una vez más lamía los dos palos que tenía delante de su cara.

Los sacaba de su boca y se los apilaba sobre sus senos, los moldeaba con sus pezones, hasta que nos enseñó su raja, deseosa de ser poseída.

Él fue quien la metió dentro mientras yo disfrutaba con la mamada que me daba, me gustaba ver como la polla extraña entraba y salía del conejo de mi pareja.

Después lo apartó y entré yo.

Si tenía que entrar algún semen que fuera el mío.

Mientras sus labios marcaban un paso perfecto con la polla del acoplado personaje.

Me agité como nunca, intentando demostrar mis dotes como follador, quería que disfrutara, que se corriera con mi sexo, hasta que sin esperarlo sentí un chuflar diferente, era el semen del otro que acababa de hacerlo en la cara de mi novia.

Ver como se tragaba esa esencia me enloqueció de placer, me dejé llevar por sus movimientos pidiéndome mi pene y así me corrí dejando mi huella en su mojado conejo, para después sentir como me mamaba y sorbía todas mis gotas.

Descansé un poco con aquella mamada, mientras ella jugaba con el otro hombre, cerré los ojos hasta que noté una lengua bordeando mi sexo, los abrí disfrutando y mi sorpresa era la de que era otra lengua era la del chico que se alimentaba de los restos del semen.

Automáticamente mi verga creció, estallando en convulsiones de placer, ella cabalgaba sentada sobre el cuerpo de él, mientras que éste con su cuello girado mamaba mi pene.

Los pechos saltaban con cada agitación la vista era de vicio.

Mis testículos estaban llenos una vez más con mis líquidos que el chico tragaba.

Entonces como pude, me coloqué detrás de los dos, y bajando el cuerpo de ella, metí mi verga por su ano, apenas los movíamos, era imposible, pero el solo hecho de notar mi glande en su entrada me llenaba de placer.

Era el camino estrecho y además compartido.

Los tres gemíamos, gritábamos y movíamos los cuerpos a un mismo ritmo, sin prisas, pero efectivo.

De esa manera, a la vez, nos llenamos de sudor, frío y temblores, hasta que en cadena descargamos nuestros instintos.

Mi novia tuvo dos seguidos porque no dejábamos que descansara y después la lamimos, eran dos lenguas para ella sola.

Recuerdo su cara de placer, de lujuria.

Ahora es mi mujer y no hemos repetido la experiencia, pero sé que los dos la tenemos en mente.

¿Quien sabe?

Quizás el día que menos lo esperemos, un amigo o una amiga, entre a jugar con nosotros.

Deseo. Año 2004.

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