sábado, 5 de junio de 2010

Te reto a una apuesta



Todos mis compañeros de trabajo saben de mi condición sexual, me aceptan y yo les respeto, no gasto bromas ni busco nada.

Supongo que por eso me tienen confianza y respetan.

Entre todos siempre está el tipo fardón, que se lo come todo (en sueños) como suelo decir yo.

Siempre alardea de su aguante, de comer de todo y de todos, ser el mejor, el que la tiene más grande y así infinidad de cosas.

Un día me decidí a darle juego.

Ese día en especial, llegó contando su experiencia de fin de semana con un amigo suyo, yo escuchaba sus historias y me hacía cómplice de cada una de sus palabras, sabía que con eso ganaba su total confianza.

Total, si no recuerdo mal, disfrutó como unas 5 veces seguidas en todas las posturas.

Me decidí a retarle.

Le aposté una semana de esclavitud completa a que yo era capaz de dejar CAO, a él y a su insaciable amigo en sólo una tarde.

Como fantasma que era, apostó.

Nos dimos una semana de tregua y si en verdad era como él decía, solía follar a diario.

Me pasé toda esa semana, excitándome sin llegar a acabar de pajearme para estar al cien por cien de mis condiciones.

Alquilé películas, y me contenía como podía de aquel ardor y tamaño entre mis piernas, consolándome con ganar la apuesta y el premio de follármelos a los dos.

Y sobretodo a su amigo al que sólo le iban las mujeres.

Ese sí que era un gran premio.

Llegó el día acordado, nos encontramos en casa de mi amigo Antonio, me presentó a Javier, el macho.

Javier, me repasó de arriba abajo con la mirada, no sé como definirla ni como me sentí, le quite importancia al hecho, pensando en su culo ese mismo que mi verga estrenaría dentro de nada y mientras mis entrañas se reían, me acomodé en el sofá de la casa.

No nos paramos a mucho más ya que una apuesta era una apuesta, entramos en la habitación, y sin mirar a ninguno de los dos me desnudé sintiendo sus cuatro ojos clavados en mis espaldas.

Mi verga estaba tan grande que hasta yo me sorprendí (me gustó dar esa imagen, el ser gay no quiere decir tenerla pequeña, esa era la primera lección de aquel encuentro).

Me decanté por la verga grande de Javier, mientras enfoqué mi culo en dirección a Antonio.

Era consciente de que tenía que empezar por Javier, ya que era su primera vez con un cuerpo que tenía su mismo sexo.

Acerqué mi aliento lentamente esperando la respuesta de su verga, ésta se resistía pero pronto al notar la punta de mi lengua comenzó a dar señales de vida ente la cara de asombro del mismo Javier.

Bajé hasta los huevos, en ese momento noté como la lengua de Antonio, se abría paso en mi ano, colocado a nivel de que trabajara mejor mi zona.

Noté como la respiración de Javier, se aceleraba, y aproveché para entrar de golpe toda su polla en mi garganta, proporcionándole una mamada difícil de superar.

Su piel se erizaba cada vez que mi nariz rozaba la parte baja de su ombligo.

Yo a mi vez, sentía los escalofríos excitantes, provocados por la lengua de Antonio, cada vez que mentalmente dibujaba los círculos que él me proporcionaba.

Me encendía el sonido de su boca por no decir cada vez que el ruido de un escupitajo de saliva salía de ella y que al instante se acoplaba en mi ano, realmente dilatado, esperando esa verga que lo penetraría.

En ese momento necesité notar la exquisita sensación de dolor que desembocaba en el placer de la penetración apretada.

Me centré una vez más en mi mamada.

Javier, estaba a tope, esperando escupir su leche en mi cara.

No estaba dispuesto a darle ese placer, cuando mi lengua recibía los primeros síntomas de orgasmo a la vista, cambié posiciones.

Le dije a Javier que me metiera su gran polla si es que era capaz por mi culo, tan adentro que sus huevos me hicieran cosquillas en el culo, retándolo así a penetrarme con furia, esa furia que yo necesitaba para sentir mi placer.

Antonio, se colocó de forma que mi boca entrara por su largo y delgado miembro, la diferencia era abrumadora, pero no por ello menos placentera.

El olor a mi propio ano, me excitó todavía más, con la boca llena le retaba a Javier, a romperme el culo.

El culo me ardía con el tamaño de la vega de Javier, me dolía y me gustaba, necesitaba notar su leche ardiente para llegar a mi orgasmo, pero el muy cabrón tardaba.

Metido en esos pensamientos, Antonio, me agarró de los pelos mientras me atraía hacia su cuerpo, el espasmo que le siguió me alertó de que su salada leche estaba a punto de estallar en mi garganta deseosa de saborear ese manjar de hombre a hombre.

Antonio, quedó rendido en aquella postura, por lo que me centré en estimular todavía más los sentidos de Javier, colocándome de forma que aún se estrechara más mi cueva para que el roce le diera más placer, en ese momento la mano de Antonio, agarró mi pene, y lo masturbó, después se esforzaba por colocarse bajo de mí, y alargar su lengua hasta mi glande que comenzaba a gotear.

El pene de Javier comenzó a latir a un ritmo, lo sacó de mi ano, mientras mi leche bañaba la cara de Antonio, y lo esparció por mi espalda mientras con la punta dibujaba con su propia leche figuras sin sentido.

Una vez Antonio me escurrió como a una vaca, me dirigí hacia el pene más flácido de Javier y lo ordeñé entero, dejándolo limpio, brillante, rojo entre la mamada y la estrecha penetración.

Poco después caímos los tres tendidos en la cama.

La juerga continua, la apuesta estaba aún en mitad de su camino, pero esa historia tiene que ser contada en otro momento, te adelanto que en la segunda parte, alguien tiene doble placer.

¿Adivinas?

Deseo. Año 2004.

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