
Soy hijo único, mi madre abandonó a mi padre cuando yo tenía 15 años, lo dejó con razones justificadas, mi padre aparte de pegarla, violarla y llegar borracho a casa, no entregaba dinero, mi madre era hermosa, y a la primera de cambio, cansada de esperar que mi padre la tratara como una mujer, se fue con el jefe de mi padre, éste le dio una buena vida y lujos, tratándola como se merecía.
Mi madre luchó por mi custodia, yo la quiero y la quería, pero como ya era mayor, mi condición sexual estaba totalmente definida y recordando las escenas en las que mi padre como protagonista trataba a mi madre me hicieron desear quedarme con él.
Reconozco que odiaba el trato que le dio a mi madre, pero por otra parte deseaba sentir su virilidad tal y como se la ofrecía a mi madre.
Me quedé con él, se puede decir que fui su tabla de salvación, los dos vivíamos de mi trabajo, ya que él nunca estaba lo suficientemente cuerdo o sin alcohol en sus venas.
En mi mayoría de edad, le dije que me gustaban los hombres, como nunca estaba sereno, no lo entendió.
Pero yo ya lo había confesado.
La primera vez que besé a mi padre en la boca, estaba tan borracho que me confundió con mamá, eso me dio la idea de desnudarme, y entregarle mi culo para que me follara.
Esperaba que saliera bien, la imagen de mi padre enculando a mi madre me enloquecía, siempre había soñado con eso.
Me mantuve en silencio, y con la esperanza de que aún borracho pudiera follarme, él lo tenía superado era su forma de follar, estando en ese estado.
Me arrodillé ante él, le quité los pantalones como hacía cada noche, para poder acostarlo.
La diferencia era que al desnudarlo mis manos se pararon en su gran verga, apretándola con delicadeza, la acerqué hasta mi boca, mientras él pronunciaba el nombre de mi madre y me insultaba.
Sabía que antes o después regresarías zorra, mi polla, es mucha polla, te da guerra y la necesitas pues ahora cómetela.
Yo no pronunciaba palabra ante su monólogo.
Callé y mamé todo lo que pude, la polla crecía en mi boca, al mismo ritmo que la mía.
Mis manos agarraban sus huevos, jugando con la bola algo subida de sus testículos.
Me metí uno de ellos en la boca, paseándolo por toda mi cavidad con la lengua.
Él continuaba su monólogo, zorra, veo que has aprendido, así me gusta, cómetela entera, llénate la boca con mis pelos.
Le mamé la punta hasta notar que llegaba mi orgasmo, él permanecía con los brazos caídos, el alcohol no le permitían ni alzarlos, para agarrar mi cabeza cosa que agradecí.
En ese momento me desnudé, con ayuda de mi mano, me senté sobre su cuerpo que estaba a su vez sentado en la silla de la cocina.
Apenas necesité humedecer y excitar mi culo, era lo que siempre había deseado.
La verga de mi padre entró seca, fuerte, produciéndome dolor, y placer al instante, el muy cerdo aguantaba tanto que las piernas me dolían de saltar y cabalgar sobre él.
Con una de mis manos aguantaba el equilibrio mientras que con la otra, me masturbaba.
Él como antes hablando solo, comentaba que si había estado de sequía pues le parecía más estrecho que nunca y eso le gustaba.
En ese momento al oír ese comentario mis flujos florecieron dando paso a que mi leche se escampara en forma de chorro de fuente por todo el suelo.
La blanqueza del líquido me daba mayor placer.
Y por fin, esa sensación tan esperada, ese quemar, el tacto líquido del chorro inundando mis entrañas.
La esencia de mi padre adornaba mi culo, mis tripas.
Lentamente reposó, descansó.
Salí y me fui al baño, mi mano atrajo hasta mi nariz el olor a su semen.
Me entraron ganas de no lavarme.
Esa fue la primera vez pero no la última.
Con mi padre hacía mucho que yo ya no era virgen.
Deseo. Año 2004.
No hay comentarios:
Publicar un comentario