
Hacía tiempo que mis ojos miraban a Claudia, de una forma especial, era la mejor amiga de mi hermana, pero eso no me espesaba la cabeza muy al contrario, reanimaba al verla entrar por la puerta de casa.
He de decir que era mayor que yo, apenas unos meses, pero en eso entre un chico y una chica y a depende de que edad se nota mucho.
Yo suspiraba por ella, a menudo las incordiaba con preguntas idiotas mientras ellas estudiaban en casa.
Pero yo parecía invisible, Claudia, me saludaba el entrar y al salir se despedía pero poco más.
Una de esas calurosas tardes de verano en las que yo me encontraba sólo en casa, sonó el timbre de la puerta.
No tenía ni idea de quien podía ser.
Medio desnudo o medio vestido depende de cómo se mire abrí.
Era Claudia, me comentó que no encontraba las llaves de casa y que hasta que no acabara el turno de trabajo su madre no podía entrar, en la calle hacía mucho calor y pensándose que Marta estaba en casa, se atrevió a llamar.
Por suerte para mí, Marta, no estaba una hora antes la había llamado mi abuela para que la acompañara al hospital eso quería decir que aún tardarían mucho, ya que el hospital está a una hora de camino.
De todas maneras, excitado la invité a quedarse.
Estaba jugando con el ordenador.
Mentira, aquí no tengo por que mentir, estaba mirando fotos de chicas de esas que buscan plan por Internet.
Le pregunté a Claudia, si quería ver la tele y le ofrecí un refresco, no pretendía ser pesado, como casi nunca me prestaba atención pensé que mi presencia la incordiaría.
Yo continué con mi pantalla y las imágenes que tenía delante, tan metido en ella que no me di cuenta de que la tenía mirando la pantalla tras de mí.
Mi pene estaba completamente erecto, muy excitado.
Entones mientras que notaba su aliento por encima de mis hombros, escuché su voz preguntándome si me excitaba ver esas imágenes.
Estaba como una moto, ¡Claro que me excitaban! Y sus manos rozándome, necesitaba salir corriendo para masturbarme.
Ella continuaba susurrando, yo también me siento mojada, es natural, son muy bonitas, están muy bien hechas.
Entones noté como agarraba una de mis manos, y la acercaba hasta sus senos.
¿Supongo que tocar unos reales no te enfadará no?
No tenía palabras, la saliva hacía un nudo tan grande en mi garganta que no podía articular palabra.
Parecía un idiota, no era capaz de reaccionar, por eso cuando adentró mi mano por el interior de su ropa dejando que tocara sus pezones sin ropa, noté como mi entrepierna comenzaba a soltar gotas.
Estaba muy excitado.
Era Claudia, la que lo estaba haciendo todo yo me dejaba llevar.
Después bajó por su cintura, hasta hacerme sentir el calor que emanaba su sexo, estaba mojado, necesitaba follármela.
Sin dejar ese contacto, acercó sus dedos hasta la punta de mi polla, estaba bien mojadita, lubricada, y comenzó a amasarla, a tocarla, a excitarme más.
Cuando me felicitó por el tamaño, creí tocar el cielo, deseaba una buena mamadita, llena de saliva, llena de calor.
Así en esa misma posición, comenzó a besarme el pelo, el cuello, mientras que mi mano continuaba entre sus piernas, y ella agitaba las caderas con tranquilidad de un lado a otro.
Era hora de girarme, las ruedas de mi silla me dejaron hacerlo, entonces pude ver esos pezones bien perfilados, duros y meterlos en mi boca.
Mamar de ellos, saborearlos.
Entonces cuando más duros los tenía me apartó para arrodillarse delante de mí, sacó mi verga de mi ajustado slip y la comenzó a chupar, era delicioso, excelente, mi cuello se estiraba, pero no dejé ni un sólo momento solo su conejo, éste estaba mojado, muy mojado, caliente, me llamaba a gritos.
Entonces después relamer y sorber mi polla me suplicó que me comiera su exquisito y oloroso coño, noté como la presión de mis venas se aceleraba, y mi glande crecía en su espléndido tamaño, lamí sacando mi lengua, chupé haciendo todos los chasquidos que podía, pues cada vez que se me escapaba uno gracias al contacto de mi lengua su piel y la saliva su cuerpo temblaba.
Recuerdo que me apoderé de su conejo con los cinco dedos, uno a uno se lo introducía, pero nunca más de dos, no quería hacerla daño.
Sus gemidos y agitaciones me hacían desearla con locura, la tenía entre mis manos, mi polla aún sentía su lengua, era mía, en ese momento sólo mía.
En ese momento se agitó con más sudor que antes, mientras que otro dedo acariciaba su ano, saltó y gritó mi nombre.
Sin hacerse esperar mucho más comenzaron a humedecerse mis dedos, eran sus flujos, su orgasmo, el que yo le estaba provocando con mis dedos y caricias, me gustó la mirada de felina que me dedicaba, mientras que se notaba su placer.
Más relajada, se acomodó para introducirse mi polla una vez más, muy adentro, tanto que sus labios rozaban mis huevos, los acariciaba a la vez que estiraba el pellejo de mi polla en todas direcciones, su lengua arrastraba mi piel, y con ella nacía mi placer.
Sin apenas darme tiempo a avisar la gran cabeza empezó a escupir en su cara, en su garganta, en su boca, verla delante de mí, con mi polla entre sus manos, su cara brillante de mi leche, fue la bomba.
Los dos nos relajamos, acudimos al aseo y en ese preciso momento la puerta de casa se abrió, era mi madre, menos mal que no nos pilló.
Claudia la saludó con dos besos, con esos labios que acababan de mamar mi leche, y mi madre ni se dio cuenta del olor a sexo que desprendíamos.
Esa fue mi primera vez con Claudia, pero no la última, lentamente cogimos experiencia y pasamos a ser unos grandes amantes.
Aún noto su saliva en mi punta.
Deseo. Año 2004.
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