viernes, 4 de junio de 2010

Sólo es proponérselo



Tengo que decirte que a mis 24 años y 6 con mi pareja estamos más que enseñados y complacidos con el sexo, nos acoplamos a la perfección, vaginal, anal, oral, pero la rutina siempre llega, estábamos en la época en la que nos planteábamos introducir una persona más en nuestras vidas.

Pero no es sencillo, no puedes ir por ahí diciendo lo que esperas o lo que buscas, la gente no estamos preparados para tanta sinceridad, y por otra parte tampoco teníamos claro el sexo del invitado/a.

Aprovechando un puente largo de vacaciones, decidimos salir de la ciudad, a ver si en otra por donde andáramos libremente nos surgía la ocasión.

El primer día follamos como locos a todas horas, apenas nos recuperábamos comenzábamos otra vez.

Era como una terapia, lugar diferente teníamos que explorar todos los rincones.

Decidimos darnos un descanso y refrescar nuestros ardientes cuerpos, bajamos a la piscina, allí teníamos muchos cuerpos a los que mirar.

Comencé a darme cuenta del deseo que despertaba el cuerpo perfecto de mi mujer en el resto de hombres, lejos de sentirme celoso, mi polla aumentaba hasta tener que esconderla bajo mi cuerpo y perdiéndome la gran vista que me ofrecían esas miradas.

Ella también se dio cuenta, y no tardó en pavonearse delante de todos con disimulo, hasta el punto de que a su paso todos tenían que colocarse en mi posición.

Era excitante verla pasear su semi desnudez, ver como despertaba deseos, ver como me envidiaban y la follaban con la mirada.

A lo lejos vi a un hombre solo, no estaba nada mal y no quitaba los ojos de ella, era nuestra oportunidad, una parte de mi sentía como nacía la celosía pero la otra la frenaba dando paso al más grande de los deseos.

No pasó nada, nos sentimos defraudados, pero no tardaría en pasar.

Resulta que a la hora de cenar, coincidimos en el comedor, las mesas estaban tan sólo separadas por un pasillo, de manera que comenzamos una charla a tres bandas.

El vino de calidad amenizaba la mesa, hasta que acabamos los tres sentados y tomando el café en la nuestra.

Era un hombre culto, muy claro y pronto salió el tema del sexo, el estaba separado precisamente por que su mujer no admitía su liberización, entonces como el que no quiere la cosa, dejé escapar nuestras intenciones.

Pronto una sonrisa pícara nos dio complicidad, subimos hasta nuestra habitación, él tenía experiencia en tríos, nosotros estaba claro estábamos a la aventura.

Comenzamos por ducharnos, intentando guardar la mayor cantidad de olores corporales y flujos en nuestro cuerpo pero la ducha era para refrescar el calor.

Nos gustaba el olor a sexo, nos excitaba más que oler a gel.

No sé si fue por el calor o la situación, pero me descubrí a mí mismo deseando ver como aquel desconocido follaba con mi mujer.

Necesitaba verlo, ver como su polla la taladraba, mi mano ya estaba masturbando mi sexo, y así al verme ocupado ellos empezarían.

A mi mujer le gustaba ese hombre, no tardó en comenzar a besarlo, mientras que me miraba fijamente, yo intuía que estaba buscando mi aprobación, hasta que asentí con la cabeza.

Los dedos de él pronto se amoldaron a su piel, la palpaban mientras ella gemía abriéndose de piernas, él por su parte le hincaba su miembro entre las piernas.

Ella cada vez más caliente sudaba, y mis ojos veían como su coño expulsaba una gran cantidad de flujos, ver ese brillo entre sus piernas me puso a mil.

Y me abalancé a chupar aquel manjar.

El hombre comenzó a penetrarla sin importarle que yo la lamiera, continuó bombeando, con cuidado porque mi cabeza le impedía el paso, pero sin parar.

Ella gritaba como nunca, sus gritos me excitaban hasta que sentí como mi polla estaba siendo estirada, arrastrada hasta encontrar un parking ideal, en la boca de mi mujer.

Era excitante, estábamos haciendo un 69 mientras un extraño la follaba.

Pedía más y más, con la boca llena, se agitaba.

Las manos de aquel hombre pellizcaban sus senos, las mías intentaban encontrar el ano de él hasta que lo lograron.

Me sentía a mil, estaba a punto, y comencé a meter mi dedo por ese hueco desconocido.

Sin esperarlo ella se agitó como poseída sin soltar de su boca mi polla, estaba gozando de su placer.

Eso me hizo estallar a mí, llenándole la boca con mi leche y a la vez mi excitación me hicieron meter más adentro mi dedo, el hombre también dejó que su placer emanara dentro del cuerpo de mi mujer.

Los chasquidos y su forma de bombear me decían que estaba en su momento, estallamos los tres.

Entre gritos y gemidos.

Continuamos, para después mamarnos unos a los otros.

Él se quedó allí, nosotros regresamos, pero mantenemos el contacto y una vez al mes intentamos vernos, pero eso no le da la exclusividad.

Ahora ya tenemos con quien hacer tríos aquí, hombres y mujeres.

Disfrutamos como locos, y hasta que el cuerpo aguante.

Sólo es proponérselo

Deseo. Año 2004.

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