viernes, 4 de junio de 2010

Luz



Antes de empezar quiero decirte que no pretendo dar lástima, muy al contrario, mi vida a sido muy dura pero por fin tengo algo que me llena y quiero poder contarlo, lo hago en esta página por que aquí nadie me puede identificar y eso me da libertad que en parte es lo que todo ser humano busca, poder compartir sus cosas guardando el anonimato.

Con 12 años fui violada por primera vez por al amante de mi madre, esas violaciones se continuaban y ella no hacía nada para impedirlo ya que más de una ocasión lo hacía delante de ella y cuando acababa conmigo se poseían como locos, sin tener en cuenta que yo estaba allí, dolorida, llorando, sólo palabras insultantes, golpes y muchas cosas que me dolían.

Con tan sólo 13 años me quedé embarazada, me fui de esa casa, no tenía techo, no tenía nada, pero ya no podía más me estaban destrozando, mi vida desde ese día no ha sido un camino de rosas, nadie quería a una niña de 13 años embarazada a su cargo, me vi mendigando, pero no, no me prostituí.

Comencé a ganarme la vida limpiando casas, recogiendo cartones, y mil formas de poder ganar algo ya que sabía que cuando mi bebe naciera poco podía hacer, por lo que mis meses de embarazo me los pasé durmiendo en la calle, para no gastar nada de lo que tenía.

Mi hijo nació un mes antes de lo que le tocaba, luchó entre la vida y la mala muerte y yo a su lado, a todas horas, por aquel entonces.

Sola escondida, sin médicos.

Nadie sabía de mi existencia, me supe esconder.

Salí adelante siendo siempre un niño frágil, pero los dos vivimos, enfermaba con frecuencia, pero por suerte siempre ha sido un buen niño y me esperaba hasta que yo regresaba del trabajo sin hacer nada malo.

Con el tiempo nos fuimos acomodando, sin lujos, pero teníamos techo, él creció sin que yo me diera cuenta y yo envejecía, sola, sin pareja, sin nada sólo él y yo, que a causa de su debilidad siempre dormía abrazado a mí.

El primer contacto que nos unió, era pequeño, como es normal en sueños su pene se endurecía y a menudo me despertaba clavándomelo en mis piernas mientras que me abrazaba por la cintura, nunca dije nada.

Pero aquel niño estaba dejando de ser un niño, comenzó a trabajar a tener su vida propia, pero por la noche necesitábamos estar juntos, unidos abrazados, y así dormíamos, él ya era todo un hombrecito, trabajador delicado de salud y muy leal.

Muchas veces pensaba en que hubiera sido de mi vida sin él, pero también me sentía celosa el pensar que algún día me dejaría por otra mujer.

Era ley de vida, pero no podía dejar de pensarlo.

Una noche en la que permanecíamos abrazados como tantas, me desperté sintiendo algo extraño, mi hijo estaba dormido, abrazándome, pero su pene estaba erecto, era muy grande y lo tenía descansando sobre mis piernas a una altura considerable de mi sexo, no quise moverme para no asustarlo pero en esos minutos que duró, mi cabeza no paraba de dar vueltas, al levantarme de la cama me di cuenta de que mi sexo estaba mojado y me avergoncé al notar mi excitación.

Pensé que no pasaría más que era algo pasajero, yo desde que lo tuve a él nunca había tenido más relaciones con nadie, se puede decir que era virgen jamas había hecho el amor por amor, no sabía lo que era besar a un hombre, desearlo, entregarse.

Durante la noche siguiente no dormí, hasta que una vez más él colocó su pene entre mis piernas, y me encontré excitada, me agité para apartarlo pero lo único que logré fue que se acercara más y sentir su respiración cerca de mi boca.

Entonces abrió los ojos, me miró y sin decir palabra, se acercó abriendo sus labios y rozando los míos, ese contacto me paralizó, mi hijo, aprovechó para meter su lengua en mi boca y acariciar mis dientes, porque la tenía cerrada, así se abrió paso a mi interior.

Mi deseo se apoderó de mí y mis impulsos me delataron, entramándome a sus caricias.

Él mientras tanto continuaba empujando su sexo y rozando mis piernas, que se abrían para darle facilidad, estaba toda mojada, cuando sentí el contacto de sus dedos en mi sexo me estremecí, sentía un placer desconocido para mí.

Luché para apartar ese deseo de mi mente, pero como si me leyera el pensamiento me dijo que éramos adultos, ¿quien nos impedía disfrutar?

No supe responder, y me encontré a mi hijo encima de mi cuerpo haciéndose un hueco entre mis piernas, mientras que yo disfrutaba con sus besos y caricias.

Mis senos estaban duros y rozaban los suyos con cada una de sus embestidas, el contacto era estrecho, pero constante.

Me sentí llena, mientras que su saliva humedecía mi reseca garganta.

Me descubrí disfrutando de aquello, gimiendo, empujando con mis talones el cuerpo de mi hijo que me poseía.

Temblé como una hoja, me sentí niña, amada, feliz, llena.

Hasta que algo en mi interior me quemó, no tenía el recuerdo en mi mente de algo semejante, un ardor acompañado de ráfagas electrizantes me hacía continuar agitándome.

Hasta que una ráfaga estalló en mi interior y sentí placer, algo que no conocía.

Esa fue la primera vez con mi hijo, con mi propio hijo.

De eso hace ya unos 20 años, continuamos igual vivimos solos, nadie entra en nuestra casa, somos madre e hijo, amantes, amigos.

Pero lo más importante es que los dos somos felices.

Ahora tengo una luz en mi vida.

Deseo. Año 2004.

No hay comentarios:

Entradas más populares del blog