
De poco sirve que te cuente mi relato si no sabes como soy, voy a intentar describirme a la perfección, sin mentiras, quiero que sueñes conmigo, que me imagines en cada frase mirándote, así quizás me hagas feliz.
Tengo 34 años, no los aparento, 1.65 no resalto por mi altura pero bien te aseguro que no suelo pasar desapercibida, y eso sin proponérmelo si me lo propongo puedo ser una bomba de relojería.
Peso 54 kilos, mi talla de sujetador, 95 pero no suelo usarlos adoro el roce de la ropa en mis pezones, me excita sentirme libre y me encanta mostrar su rigidez.
Mis ojos son verdes, suelo perfilarlos con una ligera raya negra para resaltarlos y hacerlos más grandes, mis pestañas largas me gusta cuidarme.
A pesar de ser blanca de piel, puedo decir que tiene ese toque especial de brillo, con un roto bronceado.
Me gustan mis labios, por que marcan bien sus curvas, su comisura, sólo los resalto para que sean más apetecibles, me gusta maquillarme dando un toque de elegancia y resaltando las facciones de mi cara, pero sin pasarme de tal horma que no se sepa nunca donde se acaba lo artificial y empieza el tono natural.
Mi cintura es justamente tus dos manos unidas, 54 cm, para dar paso a un culo respingón, duro y con forma de pera, se ensanchan mis caderas adornando mi cuerpo, mi pantalón suele ser una 36.
Y lo que encuentro más sensual de mi cuerpo es el pequeño tatuaje que adorna mi vientre, no mide más de dos centímetros, pero te aseguro que más de uno se muere por tocarlo.
No hace falta mucho para que mis andares despierten miradas, con las caderas un paso tras otro aparece de forma natural un caminar tranquilo pero bien acompasado, bien sincronizado, sólo tengo que dejarme ir.
No era mi idea excederme tanto, pero quiero que me desees, que me imagines, por que me gusta ser deseada, me gusta incitar al sexo, mujer caliente 100%.
Ahora voy a contarte una de mis fantasías, una de tantas, y quiero que el protagonista seas tú.
Tenemos una cita, sólo nos conocemos por la explicaciones que nos hemos dado, pero lo real es que estamos a punto de besarnos y darnos la mano.
Vivimos en ciudades diferentes, pero por fin tenemos una cita, estoy ansiosa, caliente, necesito verte, y tú a mí, sé que los dos pensamos lo mismo, en la cama, en el coche, en la calle, no importa donde, solo importa el qué.
Y ese qué es amarnos, gozar de toda una noche completa de sexo, uno tras otro, dejando solo de descanso el tiempo justo para recuperar fuerzas.
Por fin llegas, no estoy segura de si eres tú, pero me parece perfecto, me encanta como me miras, como apartas y colocas en buena posición tu bulto mal alojado.
Me buscas con la mirada, si, eres tú, yo asiento cerrando mis ojos, y mis pestañas te indican quien soy.
Nos acercamos y un abrazo nace de nuestro interior, tan profundo que se comienza a sentir la pasión el aire.
Está claro, ¿para qué perder el tiempo?
Recorremos el camino hablando, pero no entendemos ni palabra ya que entre el espacio que separa cada una de ellas, nos miramos para que las lenguas se rocen, mi boca se hace tuya, y la mía emerge en saliva para enroscar y manejar la lengua dentro de tí.
Con ese roce te demuestro lo que te puedo llegar a hacer.
Los dos estamos en un límite, los dos sólo pensamos en una cosa, continuamos el camino, y por fin a solas con nuestros cuerpos, tras una puerta cerrada, dejamos que todo lo que nos molesta caiga al suelo.
Mis senos desnudos te miran desafiantes, arrastras tu lengua por mi cuello hasta encontrarlos, me entrego, no me resisto, aparto mi melena, la dejo a un lado para ofrecerme a tí.
Tu pene crece, y lo agarro entre mis manos, está caliente, comienza a dibujar unas venas que me atraen, que me gustan dejo que la yema de mi dedo se deslice por ella, sobre ella, entre ella, lo arrastro, pero ese contacto es casi fugaz, al hacerlo tu respiración se acelera, necesitas mi contacto, por que no es latente, es intuitivo, sensual, una muestra de mi forma de amarte, enseñarte de que manera puedo hacerte soñar, suave, tranquila pero a la vez hipnotizadora, relajada, es la mejor manera para hacer que te dejes llevar.
Cierras los ojos, estás disfrutando con mi tacto, mientras que me acerco a esa zona, abro mi boca y dejo salir mi caliente aliento justo en la punta, en tu glande.
Comienza a saltar, mientras deja salir una gota que atrapo con la punta de mi lengua, veo la rajita y mirándote a los ojos, con los míos verdes intento meter esa punta por la raja, lentamente, a la vez que dejo salir mi aliento, sólo nos une ahora el contacto de mi lengua en tu glande, pero es especial, mi mirada, mi saliva, sé que es lo que tengo que hacer en todo momento para darte placer.
Tu respiración me indica que no me equivoco.
Es hora de profundizar un poco más, me adentro, pero antes de hacerlo paseo mi lengua por toda la longitud de tu pene, hasta llegar al inicio, rozando uno de tus testículos.
No dejas de mirarme, retiro la lengua en dirección contraria, formo una O con mis labios y ayudada por una de mis manos, oprimo esa O justo en la punta de tu pene, incitando, no duele, es una sensación de estrechez.
Lentamente me adentro con la boca así por lo largo de tu sexo, al hacerlo arrastro un poco la piel, no te hago daño, tengo la boca comprimida de forma que sientas placer pero sin dolor.
Continuo sin prisas, continuo con ella, arrastro esa vena a la que antes le he dedicado la yema de mi dedo.
La noto y mientras que mis labios arrastran mi lengua la acaricia.
Jadeas.
Avanzo…. hasta que mi labio superior roza tu estómago, con ese roce, das un ligero salto, la tengo entera alojada en mi garganta, es enorme, circulo por ella, hago un círculo sin salir ni moverme, inclinando mi cara y mi cuello, siempre en la base.
Me coloco otra vez de manera que puedo clavar mis ojos en los tuyos.
Un suspiro se te escapa, y retrocedo tan lentamente como antes mis pasos hasta llegar una vez más a la punta, a la que le dedico caricias con mi lengua.
Ahora dejo que mi mano acaricie uno de tus genitales, sin dejar ni por un segundo tu glande, necesita mi calor, escapa una gota, la atrapo, te la muestro y me la trago.
Me gustaría saber como estas, ¿si necesita más?, ¿quieres que continue con este relato? ¿me gustaría tanto que me desearas?
No sé si continuar, no estoy segura de que te guste, voy a seguir alimentándome de tí, comiendo tu esencia, chupando tu pene, arrastrando tu piel, tragando tus líquidos, pero no te quiero obligar a algo que no te gusta.
Mientras te lo piensas estaré esperando, delante de tí, callada, con la boca ocupada por tu pene, sujetándolo con una mano, mientras que mi lengua actúa sola por tu piel, arrastrándola hacia abajo para que después al soltarla regrese sola a su lugar.
Veo que me deseas, estas aquí, me gusta, me gusta tenerte cerca, me gusta excitarte, jugar, hacer que me desees.
Mientras regresabas, me he entretenido con uno de tus huevos, ¿te cuento cómo?
He dejado que mi lengua en una de esas veces que entraba tu pene hasta el fondo de mi garganta saliera entre mi boca y tu sexo, larga, dejando que su punta rozara la piel de tu hinchado y duro huevo, el testículo ha reaccionado, endureciendo más, trago saliva, y arrastro la lengua hasta donde puedo sacarla.
Otra vez te miro a los ojos, clavando mi tono verde, preguntando con mi mirada como estas.
Tengo una mano en uno de tus testículos acariciándolo a la vez que sujeta los dos, la lengua saliendo de mi boca que a su vez está alojando a tu pene, giro mi cuello, mientras que mi otra mano sube por la parte trasera de tu pierna, está situada en la rodilla, asciendo mientras te chupo, exhalo aire para respirar.
Mis dedos caminan ascendiendo por tu muslo, un poco más arriba, y escondo la lengua, retrocedo con mi boca, para dejar que tu pene se relaje de mi mamada, lentamente, sintiendo cada milímetro de tu piel al retirarme, mientras tanto mi lengua no deja de juguetear y recorrer todo aquello que se encuentra en el camino.
Mis dedos están a la altura del nacimiento de tu glúteo, es duro firme y fuerte al mantener el peso de tu cuerpo.
Dejo que te pellizquen sin hacerte daño, esperas que me acerque hasta tu ano, pero aparto la mano, sin dejar tu piel hago que coja otro rumbo, se dirige hacia la parte delantera de tu cuerpo hasta encontrarse con mi boca.
Fabrico saliva, y la dejo posar en mi mano, mientras regreso con mi lengua a tu glande.
Me adentro por entre tus cachetes, con un dedo totalmente mojado busco tu ano, lo encuentro y dejo parte de la saliva.
Ahora son dos los que la esparcen por él, de nuevo comienzo a meterme tu sexo por mi boca.
Una vez más hago el círculo perfecto con mis labios, y aprieto, estimulo tu glande, y recojo tus gotas.
Mis dedos continúan estimulando tu ano, en forma de círculos uno se hace paso notando como se dilata lentamente, penetra, sólo es la yema, suficiente contacto como para darte placer, por eso estás temblando.
Dejo que penetre un poco más, mientras que mi lengua ahora está recorriendo tu sexo de punta a punta, tus ojos me miran, puedes ver los hilos de saliva entre mi boca y tu glande, la espuma entre tu piel y mi boca.
Y adentro en silencio roto por los chasquidos de mi succión, mi dedo por tu ano, entro sin prisas, espiando tu respiración, todo me indica que estás muy excitado, yo también, me emerjo en el mundo de tu sexo, relamiendo cada parte de él y penetro con m boca y con mi dedo.
Mis senos endurecidos por la estimulación, rozan tus piernas, noto el bello de ellas en mis pezones delicados duros, uniformemente oscurecidos y me gusta, mi sexo comienza a dejar escapar mis flujos y el olor a sexo hace que mi excitación crezca, inicio una serie de succiones un poco más rápidas ayudada por mi mano que ha dejado tu testículo y agarra con fuerza el tronco de tu sexo, se enrosca al compás de mis entradas y salidas, con esos movimientos intento excitarte mucho más, necesito que me desees, que me lo pidas.
En esos momentos hasta el insonoro ruido de las agitadas respiraciones es excitante, se puede oler el aroma a sudor mientras que nuestro cuerpo está y permanece caliente.
Abro mis rodillas y acerco mi cuerpo hasta tu pierna, de manera que con esa parte de tu cuerpo roces mi sexo al mismo son que yo me alimento de tu líquido.
Cada vez mi dedo está más escondido, más adentrado por tu ano, es parte de tu cuerpo, noto como se contraen los músculos de su salida, como aprietan el contorno de mi dedo, me incita a continuar adentrándome por esa zona desconocida mientras que continuo buscando el estímulo en mi clítoris, ese roce también te gusta a tí, y no dejo de hacerlo.
Tu sexo está al máximo de su esplendor el color morado de la punta me lo indica, comienzan a endurecerse tus huevos.
Dejo por un momento tu polla, para succionar uno, lo lamo, lo atrapo entre las redes de mi boca, con mi lengua lo hago bailar de un lado al otro, mientras que mi dedo entra y sale de tu ano, mi otra mano juguetea con el líquido que expulsas, arrastrándolo y pintando con la yema la punta de tu glande.
Cada vez endurecen más, y una ligera contracción me avisa de que no tardarás en estallar, espero ansiosa sin dejar ni un solo instante de acariciarte, de rozarme.
Hasta que entre gemidos y suspiros disparas los chorros de semen que se posan en mi cara.
Recojo uno a uno hasta la última de las gotas uniéndolas, mostrándotelas, mirándote con los ojos, enseñándote mi recompensa.
Tus ojos me indican serenidad, placer, intentas relajar tu respiración.
El día es muy largo y estamos solos, sin relojes, sin miradas.
¿Quieres que continue contándote lo que hicimos después?
¿Cómo estás?
Deseo. Año 2004.
No hay comentarios:
Publicar un comentario