
Aún estoy asombrado.
Yo, mi persona, con mis pensamientos, y mis ideas, no puedo creer lo que he hecho, pero a la vez no me arrepiento.
Puedo lucir y de hecho, presumo de cuerpo, felizmente casado con la diosa de la belleza, mis celos aumentan cada vez que noto como una mirada escondida la ojea.
El estómago se me contrae, y siento la furia de la venganza, mientras que en mi mente una sola idea.
ES MÍA, MAMÓN.
Hace dos semanas invitamos a cenar a nuestros mejores amigos, pareja como nosotros desde los estudios, testigos de boda los unos de los otros, pero nada me hacía sospechar que esa noche tenía algo diferente.
Ángel y Mónica eran la pareja eterna, ella delgada, buen cuerpo pero lo mejor de ella es su físico, los pómulos bien formados en su cara, la mirada intensa y penetrante, la nariz resultona, un conjunto que bien merecía mi admiración.
Él es alto, delgado en sí no llama la atención, poco que destacar, su belleza nace y se centra en su carácter, entrañable, dulce, confidente donde los haya, sencillo y amante del respeto.
Los cuatro somos inseparables.
Después de cenar mientras acomodábamos los cojines del sofá a nuestro cuerpo, las bebidas ayudaban a mantener la charla y la distracción, esa tarde yo había comprado un juego sensual, para regalárselo a mi mujer y así mantener la llama del deseo entre nosotros, adoro mantener viva la llama como el primer día, no me gusta decaer en la rutina.
El caso es que lo comenté, y entre risas y chistes acabé mostrándolo, en sí no era complicado, sólo el encanto de saber que cada vez que abrías la caja para iniciar el juego, eras consciente del final que te esperaba.
Nos decidimos a jugar, así de esa manera tan sencilla se comenzó a desencadenar la noche.
No quiero perderme en detalles, en si las bases eran las de desprenderse de la ropa que la carta te indicaba, o bien hacer la función que te marcaban.
Una a una, nuestras prendas desaparecían de nuestros cuerpos, ante mis ojos tenía a dos mujeres en ropa interior, sugerente, excitante.
Aún así lo veía dentro de lo que cabe normal, ya que somos amigos de toda la vida, es lo mismo que en la piscina, pero no se por que la picardía del momento no me hacía verlo así.
Entre carta y carta, un algo nuevo entraba por la boca de mi estómago, una sensación de deseo, de continuidad, de placer y de querer más.
El juego ascendía de tono, cuando las cartas comenzaron el segundo grado, éste trata de que las prendas tenían que ser quitadas por un miembro del otro equipo y además del sexo opuesto.
Me tocó quitarle el sujetador a la mujer de mi mejor amigo, al rozar su piel me excité, eso me hizo pensar que él lo estaría también al tocar a mi preciosa mujer, pero no pude evitarlo, yo deseaba tocar a la suya, y el juego estaba en lo más excitante, ninguno sabíamos que nos esperaba esa noche, como acabaría la cosa, la intriga estaba servida.
Después era mi mujer la que le tocó quitarle el slip a Ángel, él se tapaba la cara, la muy pícara, le dio mucha tensión al momento, jugueteo con nuestras mentes, mientras que el calor ascendía.
La vi tocar su piel mientras sus dedos descendían por sus peludas piernas, uno de ellos rozó el sexo engrandecido, era enorme, primero pensé en que no se lo permitiría, pero a medida que pasaba el tiempo, la imagen de ella, desnudando a Ángel me excitaba, me encontré rozando los muslos de Mónica, mientras que mi mujer estaba desnudando a otro hombre, la piel de Mónica estaba caliente, más bien ardiente, deseosa como yo, en las cuatro miradas la misma imagen, deseo, morbo, placer, y una satisfacción imaginando más de lo que teníamos.
Era el turno de Mónica, sólo me quedaban los calzoncillos como a Ángel antes, eso quería decir que me quedaba completamente desnudo.
El pensar que me los tenía que quitar ella hacía que mi excitación creciera más, hasta el punto de que mi glande asomó sin pedir permiso, eso fue muy excitante, la mirada de ella al acercarse y descubrir el pastel, fue impresionante.
Estábamos iguales, era la ocasión de dar el juego por finalizado o bien pasar a la tercera parte.
Las cuatro miradas se cruzaron, ninguno se atrevía a ser sincero con sus pensamientos, pero al final decidimos continuar, era lo que deseábamos.
Tan sencillo como levantar una carta y comenzar a acariciar un cuerpo que no te pertenecía, disfrutarlo, mirar cómo el deseo asomaba en cada expresión, notar el tacto y desear que no acabara.
No llegamos a continuar, por que a esas alturas mi boca estaba metida entre las piernas de Mónica, mientras que veía como mi mujer mamaba la polla excitada de Ángel.
Me gustaba ver esa imagen, me volvía loco, cada vez mi lengua rastreaba más los interiores de aquel conejo desconocido.
Un guiño de mi mujer, me indicaba que todo estaba bien, era la señal para olvidar y abrirme a la nueva sensación.
Cada uno se alimentaba del sexo del otro, chupábamos cualquier cosa que nos excitara, hasta el punto de tener dos pollas en una sola boca y dos lenguas en un solo coño.
Incluso disfruté lamiendo el sexo de Ángel, y me invadí de placer al ver como él chupaba el mío.
Ver la imagen de las dos hermosas mujeres repartiéndose caricias, lamidas y mordiscos.
El momento de penetración llegaba, la cuestión era ¿quien con quien?
Estaba claro, cada uno con la pareja del otro, era una vez, y el juego es el juego.
Queriendo y con disimulo los cuatro nos colocamos de forma que nos viéramos los unos a los otros con la máxima perfección posible.
El coño de mi mujer abierto por otros dedos que no eran los míos me hacía enloquecer, pero está vez de placer, ver cómo se perdía en su interior cada milímetro de la verga de Ángel, mientras que yo penetraba a Mónica, hasta que perdí mi autocontrol, comencé a bombear, poseso de mi placer, intentando que mi mujer disfrutara viendo como hacía clamor, imaginando y deseando que ella fuera consciente de que esa era otra perspectiva diferente otro punto de vista y el mismo a cuando la embestía a ella.
Me estaba follando a Mónica, pero en mi mente era como desear que ella viera desde otro punto como la follaba cada noche.
Por mi parte, me enloquecía ver como mi mujer se agitaba, miraba su cuerpo descubriendo contorneos que antes jamás había visto y que siempre habían estado, sólo que mi perspectiva de amante no me permitía distinguirlos.
Disfruté poseso, endemoniado como nunca, mientras que los cuatro gemíamos en una orgía de parejas, en un intercambio a toda regla.
Mónica es genial, pero mi mujer me enloquecía con sus miradas.
No aguanté más cuando me dedicó un gesto, se acercó su dedo a su boca mirándome, salí del interior de Mónica y dejé que tres chorros de semen la regaran, en ese momento, Ángel estalló, haciendo el mismo acto que yo.
Ellas con sus lenguas lamieron aquella lluvia de leches.
La arrastraron mostrándonos como se la tragaban.
Era el turno de los hombres, nos faltaba rematar la faena, y nos dedicamos a introducir la lengua, los dedos la punta de la nariz por sus conejos dilatados hasta que gritaron de placer, cualquier cosa, cualquier parte de nuestra anatomía era ideal para dedicarles caricias.
A la par, se agitaron, una gritaba más que la otra, pero el resultado era el mismo, sus aguas más internas, salían entre sus muslos.
El aroma a sexo, el sudor, el placer intenso, los cuatro nos acomodamos unos contra otros.
Aquella noche durmieron en casa.
Me excito al recordarlo, hoy con más motivo, nos toca ir a cenar a casa de Ángel y Mónica, me han pedido el juego.
He descubierto que existen muchos como éste, o similares, por lo que creo que tendremos cenas variadas a menudo.
El placer nace donde menos lo esperas.
Sólo has de omitir tus celos y disfrutar.
Yo olvidé los míos, ahora aún soy más feliz cuando follo con mi mujer, somos los mismos pero con un algo diferente.
He querido compartir esta, mi historia contigo, con la idea de que quizás mi experiencia te sea de ayuda, no te encierres en la monotonía, al final es mala compañera, sé libre y libera tu mente.
No es un abismo el que separa una cosa de la otra, solo plantéalo y si surge disfruta.
Deseo. Año 2004.
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