
Conozco a Laureen, desde hace años, yo siempre he creído que ya no existían secretos entre nosotros, pero no hace mucho pude comprobar lo equivocada que estaba.
Somos amigos y como tales nos comportábamos, sin roces ni nada semejante, yo tenía novio y él una compañera de la que siempre hablaba, pero que nunca veía, llegué a pensar que era una ficción, para aparentar ser lo que no era, pero eso no me importaba ya que mi amistad era sincera y me gustaba estar con él.
Un día le llamé, mi novio y yo habíamos decidido romper la relación, estaba nerviosa, lloraba y mis suspiros no dejaban que mis palabras salieran claras.
Laureen, me ofreció su casa, como descarga, era un día normal entre semana, me invitó a cenar y así poder hablar sin prisas, no era la primera vez que pasaba una velada en su casa, ni él en la mía.
Al entrar agitada, nerviosa, vi el cuerpo de otra mujer, imaginé que era la novia fantasma, que acababa de dejar de ser un espectro en mi cabeza sintiéndome mal por las dudas que su nula apariencia me hacían dudar de su existencia.
Laureen, nos presentó, ella era, Mirta, preciosa, vestía de manera muy sugerente, con prendas que clareaban su cuerpo, mostrando parte de su lencería.
No me importaba su presencia, pero el hecho de no conocerla ni tener confianza con ella, me hizo dudar a la hora de hablar, quiero decir que me costó abrir mis sentimientos.
Pero después de cenar, mientras los tres tomábamos el café y la charla era más amena, me descubrí a mi misma relajada, contando, hablando, sin miedo, sin temores parte de mi historia.
Mirta ya no era una desconocida.
Los dos me tranquilizaron, su apoyo incondicional, me levantó la moral, lo agradecí, realmente necesitaba ser escuchada.
Eran altas horas de la noche y al día siguiente teníamos que madrugar, el trabajo no perdona, eso y además el tono cariñoso con el que se miraban y las caricias de sus manos me indicaban, que quizás estaba de más.
Casi estaba a punto de levantarme, cuando Laureen, (supongo que imaginó mis intenciones) comenzó a decir palabras sin sentido cosas que no entendía y quería poner en orden para responderle.
Le escuché atentamente, tenía que escuchar y agradecer su compañía tal y como ellos se merecían.
Entre muchas frases que no recuerdo, una me dejó muy parada.
Laureen, me aseguraba que Mirta, era su esclava, él mandaba y ella sumisa obedecía.
Supongo que los gestos de mi cara mostraban incertidumbre, a lo que él respondió con un simple gesto de dedos indicando su pecho mientras miraba a Mirta.
Ésta comenzó a abrirle la blusa, manoseando con caricias su pecho.
Después le quitó los incómodos zapatos y le trajo las zapatillas colocándoselas una a una, con toda clase de mimos, descalzándolo de sus calcetines y sorbiendo cada uno de sus dedos con la lengua.
Eva, esto es lo que te quiero decir, yo ordeno y ella hace, sin más, nos gusta, y funcionamos así.
No podía casi articular palabra, la vi tan criada que mi primer pensamiento fue de rechazo, me sujeté para no levantarla del suelo y sentarla a mi lado que es donde tenía que estar, era obvio que mis pensamientos no eran iguales que los de ellos.
En ese momento, tras una sonrisa sin sentido me levanté para ponerme mi chaqueta y salir.
Laureen, me ordenó con una voz de mando pero sutil que esperase, miré a sus ojos y descubrí a un Laureen diferente, ordenando esta vez, algo bajo su cintura.
Mirta, sacó su enorme verga del pantalón y sin tener en cuenta mi presencia, comenzó a lamer el pene erecto.
Yo estaba atónita, no sabía, no entendía, pero me atraía ver esa escena.
Reconozco que ver a primer plano como los labios se abrían para meter por ellos el glande rosado y creciente me excitó, mi cuerpo permanecía inmóvil, mis ojos no llegaron a parpadear.
Reaccioné a la voz de Laureen, delicadamente me comentaba que esa era su vida, su filosofía del sexo, era muy placentera y que yo tenía el gran placer de ser una invitada en su sexualidad.
No daba crédito a sus palabras, no tenía respuestas en mi mente y preferí callar mientras miraba la perfecta mamada de Mirta.
Sé que te gusta lo que ves, resonó la voz de Laureen, no seas tonta, quédate y disfruta de lo que la vida te ofrece, mientras que Mirta, succionaba el pene, adentrándose por él, clavando los ojos en los de Laureen, se notaba el entusiasmo por complacerle.
Déjame aclararte una cosa, (realmente mi mente buscaba una aclaración), esto es un juego, disfrutamos con él, estás caliente, mira, no dejes de hacerlo.
Mi trasero se acomodó en el sofá, mientras que mi sexo se humedecía, por unos minutos desee ser la lamida, esa lengua viperina, agitada, dando chapoteos en la punta, los chasquidos de sus sonidos y la baba unida a pesar de que ella se alejaba me ponían a mil.
Mis piernas se abrían lentamente solas, esperando que se escapara una mano, o esa lengua y se apoderara de mis partes.
Laureen, comenzó a tocar los pezones duros de Mirta, mientras ésta, gemía con la boca ocupada.
Eso hizo que mi imaginación volara, Laureen, mordisqueaba pospechos de Mirta, y yo estaba sola, mirando, esperando.
Puedes hacer lo que quieras Eva, pero si deseas entrar en el juego, no lo desperdicies, hoy es tu día, si prefieres salir, lo entendemos, no pasa nada.
Continué mirando, mis muslos se humedecían y mis partes quemaban, no sé el tiempo que pasé contemplado esa escena, hasta que sin darme cuenta estaba quitándome mi ropa, toda menos mis bragas, era exactamente lo que Laureen, me pedía.
Vi su dedo como me indicaba la zona en la que estaba trabajando Mirta, y me arrodillé, para compartir ese miembro, chuparlo a duo, era muy excitante.
Nuestras lenguas se rozaban, mi sensación era como ráfagas al unirse, mientras que Laureen, disfrutaba de la mamada doble.
Mirta, se separó y sentándose junto a él, le ofreció sus pechos para que él los amasara, mientras que yo comí de aquella verga baboseada, pero excitante.
Laureen agitaba sus glúteos, indicándome de esa manera el placer, mientras que mis ojos miraban como los pechos de ella eran tocados, mordidos, mojados.
Mi sexo estaba mojado y necesitaba contacto, por lo que comencé a masturbarme con una mano.
Cuando comenzaba a sentir la yema de mi propio dedo en mi vagina, la voz resonó, ¿Qué estás haciendo?, no puedes hacer eso, si estas caliente esperas, pero en vista de que hoy es tú primera vez te lo perdono, no conoces las reglas es normal.
Deja tu dedo bien alejado de su coño Eva, tú no eres nadie para tocarlo hasta que yo lo ordene.
Me irritó que me obligara a renunciar a mi placer, pero a la vez me excitaba aún más esa idea, la de hacer caso a lo que se me decía, la de comer de su fruto con su permiso, la de permanecer quieta es como recalentar tus propios deseos, la prohibición es un vicio, y eso es el mayor placer el esperar ha hacer algo malo, algo prohibido, algo que no está permitido.
En ese momento, apartó a Mirta, y amarrándome con sus manos me colocó sobre sus rodillas, mientras decía; buen trabajo Eva, eres una buena sumisa.
Me sentí como una niña a la que acababan de premiar.
Entonces, entre los dos dejaron desnudo mi cuerpo, a la par, sus lenguas se extendían por mi piel, una subía y la otra bajaba, sus cuatro manos me proporcionaban placer, el contacto eléctrico de sus dedos, me estremecía.
Tal era mi excitación que cuando Mirta, sacó su lengua acercándola a mi sexo, con tan solo el contacto de su aliento mi placer estalló como ráfagas inhumanas, salidas de un placer desconocido.
Suspiré gritando, gemí, callando, mi cuerpo expresaba mudo mi gozo.
Entonces, descansé por poco tiempo, ya que se me ordenó lamer el coño de Mirta.
Comencé a hacerlo mío, mientras que ella continuaba recalentando la verga de Laureen.
Pronto ella gimió, y Laureen, colocándose tras de mí, intensificó mi placer penetrándome.
Así pasamos la noche, sin dormir, mientras uno recuperaba fuerzas el otro llegaba a su cima y así rotativamente.
La verdad es que aprendí algo más de mí esa noche, ahora, suelo ser sumisa, pero también ama, es excitante, diferente, y gratificante.
Formamos un trío perfecto, pero eso no quiere decir que no se pueda ampliar.
¿Te apetece?
Deseo. Año 2004.
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