jueves, 3 de junio de 2010

Regalo de cumpleaños




Hola a ti que me estas leyendo ahora mismo.

Te cuento soy un hombre casado, mi mujer es 15 años menor que yo, una niña cuando la conocí.

Yo fui su maestro en todos los artes y rincones del sexo. Pero una parte de mi se siente culpable, por lo poco que ella ha vivido.

Ya lo sé, si está conmigo es por que ella lo eligió así y creeme no fue sencillo, pasamos momentos muy duros en los que nos unimos mucho más, cuando la mayoría de la gente nos daba la espalda o no apostaba nada por nuestra unión.

Pero continuamos juntos ante el asombro de muchos, pero amándola como la amo, en parte y como te comentaba me siento culpable, yo he conocido a otras mujeres ella no, sólo a mí, me gusta, pero es muy joven como para atarse solamente a mí, quizás y después de darle mil vueltas, he decidido que un buen regalo, sería regalarle una noche de fantasía, de sueño.

Sé que a ella le atraen de alguna manera las mujeres, a menudo hablamos de fantasías y ella me cuenta que le gustaría saber como ama una mujer a otra.

Cómo se sienten, como disfrutan, como se entregan, que se dan, que se ofrecen, el intercambio, la sensación que una mujer igual que ella la ame, la acaricie.

Linda, se emociona cuando hablamos de este tema. Y se me ocurrió el regalarle una noche entera de lujuria con otra mujer.

Se acercaba el día de su aniversario, sé que es un tema muy puntiagudo y en parte no tenía ni idea de cómo enfocarlo, pero que le escribí una larga carta, contándole mi idea, mi regalo.

Primero dudo, pero después aceptó animada con la condición de que yo estuviera cerca.

Linda, tiene una amiga, que siempre le ha gustado, estábamos convencidos a pesar de que nunca lo había confesado que le gustaban las mujeres, yo por lo menos eso creía al ver como se comía a Linda, con la mirada.

Lo arreglamos todo para invitar a Sofía, a cenar, yo estaría tras una habitación en la que podía espiar todo sin ser visto.

Linda, preparó, algo para picar y bebidas, esa noche se vistió muy sensual, pero de forma natural, le contó a Sofía que era su cumpleaños (cierto) y que estaría sola ya que yo estaba de viaje (mentira), no quería pasar la noche sola y la llamó.

Sofía, que creo que se calentó al saber que nadie las miraría aceptó.

Todo estaba preparado, Linda, nerviosa, y sonó el timbre, se abrió la puerta y las dos mujeres se saludaron como de costumbre, con un beso, después comenzaron a hablar, contándose mil cosas, hasta que por fin y antes de cenar estaban tan encendidas que no dejaron pasar más tiempo.

La cosa se estaba calentando mucho, las manos de las dos mujeres no dejaban de intercambiar caricias hasta entonces inocentes pero la cosa estaba cambiando el rumbo hasta enfocarla tal y como habíamos planeado.

Entonces, Sofía, entre risa y seriedad no se andó por las ramas y fue muy clara.

Primero le agradeció aquella invitación y después, fue directa al grano comentándole que algo raro notaba.

Linda, sorprendida se sinceró, le contó que la había invitado por que necesitaba sentir nuevas sensaciones con ella, y que al irme yo de viaje era la ocasión, le preguntó si a ella le apetecía y si se había molestado le rogó disculpas, eran unos minutos de fuego.

Silencio durante unos instantes eternos.

Sofía, por fin se acercó hasta Linda, mientras que la miraba fijamente a los ojos le dijo lo hermosa que estaba esa noche y que ese encuentro era un sueño que ella siempre había tenido ya que su tendencia sexual le hacía desear a mi mujer cada vez que la veía.

Entonces y con esa confesión comenzó la actuación, yo estaba en primera fila sin ser visto, y ya estaba con mi verga en la mano, era muy excitante ver la cara de mi mujer, dos cuerpos desnudos sin poder tocarlos, es demasiado para un hombre, que no perdía detalle.

Las dos mujeres aún vestidas comenzaron a besarse, las bocas se abrieron para que las lenguas entraran por ellas, yo era conciente de que era la primera vez para mi mujer y me imaginé las sensaciones que sentía, me encendí.

Una frente a la otra, se desnudaron, en silencio, mientras que intercambiaban caricias, sus manos rozaban la piel y los cuatro pezones salían de sus redondos pechos para mostrar su punto de excitación.

Ya estaba completamente desnudas, una frente la otra, se besaron, las manos agarraban el cuello de cada una para sujetarlo, era muy excitante ver esa escena en directo.

Sofía ayudó a Linda, a colocar su pierna en el sofá, la más experta de las dos, deslizó su lengua por el cuerpo de mi mujer hasta encontrar ese monte oloroso, y entrar por él con la lengua.

Linda, comenzó a gemir, mientras que Sofía, le mostraba cariño y la llenaba de saliva.

En esa postura mi mujer llegó a su primer orgasmo, de pie, aguantándose como pudo, mientras que la otra mujer lamía su conejo.

Después cambiaron de posición, los dos cuerpos realizaron un perfecto 69, una comía de la otra, las dos acopladas a la perfección.

Yo estaba a mil, mi verga dura, mientras que mis manos me la acariciaban como cuando era niño.

Los gemidos de las dos me avisaron de que llegaban a su estado más placentero.

La primera fue Sofía, y después sin dar tregua, Linda una vez más.

Yo dejé mi charco de leche escampado y continué espiando.

Pero ellas no parecían cansadas, sus dedos se penetraban mientras que sus bocas estaban otra vez unidas, besándose, lamiéndose.

Tuve el impuso de salir de mi escondite, de mostrarles el estado de mi verga, pero me retuve, era la noche de mi mujer, y era ella la que tenía que disfrutar de mí, nuestro regalo.

Eran incansables, apenas acababan una vez iniciaban otra.

Yo ya hubiera estado agotado, entendí el por que las mujeres preferían mujeres, y me gustó ver disfrutar a mi esposa.

Esa noche supe que no sería la única vez, me sentí feliz, quizás en la próxima, se me dejará participar.

Deseo. Año 2004.

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