sábado, 5 de junio de 2010

¿Quién es Lucas?



Hace tiempo que tengo como animal de compañía a mi pequeña serpiente, nadie entiende el por qué de mi devoción por ella, me encanta sentirla cerca, larga, sedosa, escurridiza, placentera.

¡Sí! Has leído bien, placentera.

Cada noche cuando el telón asciende, Lucas y yo salimos a la tarima con una sola idea, demostrarnos el amor mutuo que sentimos el uno por el otro.

Empieza el espectáculo.

La música armoniza el acto de amor entre un reptil y mi cuerpo, mis ropas de vinilo negro se deslizan por el cuerpo, ajustadas, mi danza excitante hace que Lucas, asome la cabeza de su caja, su lengua viperina me excita.

Mi cuerpo se contornea con cada sonido.

Lucas se aproxima, mi pequeño sujetador oprime mis pechos hasta el punto que da la impresión que estallará, es cuando con mis manos y acoplada en total armonía con la música me desprendo de esa pieza de ropa, para que Lucas una vez más se deslice por mis pezones, dándoles la forma que les pertenece.

Erectos, excitados.

Mis piernas se abren para mostrar al público mi sexo rasurado, mis manos atrapan a Lucas y lo acerco hasta mi cintura, Lucas se enrosca mostrándome su lengua desafiante, me gusta y le muestro la mía hasta hacer de las dos una sola.

Lucas está impaciente por adentrarse en algo más que un roce de lenguas.

Mi danza continua, mis manos me acarician, y las arrastro por su piel, por todo lo largo de su piel.

Lucas baja su cabeza, la mida es la exacta, hasta colocarse entre mis muslos.

Mis piernas muestran al público como la lengua de Lucas entra, sale y se pasea con ese gesto tan particular de un reptil.

Mi sexo se acelera y los latidos en mi clítoris son evidentes.

El sonido de la música nos acompaña.

La cola de Lucas me aferra por la cintura, mientras sus ojos me miran sin ver.

Espera mi señal.

Se sitúa y mientras su lengua me acaricia su cola agita mis pezones.

Intento atraparla entre mis dientes, para succionar aquella parte de Lucas que me penetrará.

Mi saliva, mi lengua, mis dedos.

Mis ojos y mi cuerpo es un poema abierto para tanto placer.

Nadie sabe a ciencia cierta si experimento placer en el escenario.

Sólo Lucas y yo, como un secreto somos conscientes de que aquello es amor, es sexo.

Es la hora de adentrarse, la cola de Lucas se dirige sin equivocarse hacia su destino, hacia mi sexo abierto para ser penetrado por ella.

Lentamente por la parte más delgada, hábilmente, entra, se apodera de mis entrañas, la siento como se desliza entre mis más guardados instintos, entre mi sexo, caliente.

A estas alturas estoy muy humedecida, y Lucas entra sin problema, lentamente. Cada movimiento, un poco más.

Mis manos se concentran en mis pezones, que oprimo, estiro y sacudo hasta hacerlos llegar a mi boca, la lengua de Lucas y la mía se convierten en una sola para saborear la parte más dura y firme de mi pecho.

Mis manos continúan acariciando la longitud del cuerpo de Lucas.

Cada vez hay más cola dentro de mí, y estallo en gemidos de placer.

El grosor de la parte que me penetra es de unos 5 centímetros de diámetro, me encanta, mientras el resto de la serpiente roza mi clítoris, haciendo que estalle mi placer.

Su cuerpo dentro de mí y su lengua en mis pezones, que baja hasta mi ano abierto para sacar allí y detenerse en él, justo cuando llego a tener mi orgasmo.

Lucas, tiene la cola en mi sexo, la lengua en mi culo, su piel alrededor de mi cintura, y mis manos pasean por la piel de una serpiente, mi serpiente.

Mi amante, en noches y días, mi compañera.

Ella es Lucas.

Ella es la que llena de placer mis horas.

¿Entiendes ahora por qué no la dejo nunca?

Deseo. Año 2004.

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