sábado, 5 de junio de 2010

De estar jodido a estar jodiendo hay un largo camino



Pues estaba yo, hace unos meses, caminando por un solitario glaciar de los Alpes absorto en mis pensamientos cuando uno de los amigos que me acompañaba exclamó con una real sinceridad ...

- "De verdad os aseguro que aquí es imposible que nos encontremos a nadie."

Y continuó pensando en voz alta ...

- "Y mucho menos a las excursionistas calientes. Estoy convencido que el único que es capaz de encontrarlas es el Conrad ese ..."

Y de golpe el silencio reinante se convirtió en una escandalosa carcajada multitudinaria. Y es que la cosa es evidente. La soledad es absoluta.

Pasaron unos días y aproveché un bonito día para hacer otra bonita excursión. Esta vez iba sólo y también iba por un sitio realmente solitario. No sé porqué me vino a la cabeza, de nuevo, el comentario de las excursionistas calientes y me puse a reir sólo. La cosa tiene su gracia porque después de mi carcajada oigo un curioso e insólito ...

- "HOLA".

Realmente sorprendido por la interrupción del silencio en aquel lugar me giro al mi alrededor buscando a la responsable de aquel saludo. Mi intriga por unos instantes acelera mi corazón. Igual como si estuviera subiendo al mismísimo Everest. Esos segundos fueron como horas. De repente con una sonrisa radiante y excitante a la vez veo a una rubia despampanante. No os lo podeis ni imaginar. En realidad es inimaginable casi. Mejor dicho. Es imposible que le pase a nadie. Pero eso que le toca la suerte a uno en la vida y una única vez. Pues eso es lo que me pasó. Aún hoy sigo sin entenderlo cómo me pasó.

Con su erótica voz me pregunta ...

- "¿Dónde vas?".
- "Pues voy a subir al pico ese que no me acuerdo ahora cómo se llama", contesto muy cortado y poco erudito.
- "¡Ah!, vas al Picu. En esta zona lo llaman así. Pues yo también quería subirlo hoy pero antes quería comer algo", me contesta muy locuazmente.
- "Yo no llevo mucha gran cosa para comer".
- "No te preocupes. Si quieres vamos a mi coche que llevo bastantes cosas. ¿Quieres comer conmigo?", continua ella.
- "Sí claro", contesto yo. Sería un gilipollas si desestimara tal invitación.
- "¿Te ayudo?".
- "Sí, mira, coje esta nevera y busquemos algún lugar majo. ¿Te parece?".

Las posturitas que me brindaba la niña eran de lo más provocativas que te puedas imaginar. Yo ya no sabía cómo ponerme. La cosa iba de comidas. Y, finalmente, llega el postre.

- "¿Te apetece un plátano de postre? Son muy nutritivos ...".

Esto ya es el colmo de la provocación femenina. Os lo aseguro ...

Yo ya no podía aguantar más. Si alguien tiene un mínimo de juicio entiende la situación a la perfección. La nena quiere jugar. Está buenísima. Y, además, cachondísima. Jugemos. Me acerco a ella con la excusa de coger algo de alimento y la rozo suavemente con mi mano con la mirada atenta a su cara. Veo que hace un gesto felino y comenta ...

- "¡Huy! ¡Qué mano más caliente tienes! ¿Me puedes masajear un poco que he ido cogiendo frío?", dice con voz suave y cariñosa.

La petición es una orden para mí. Le froto lentamente las piernas con el objeto de transferirle calor. Poco a poco intento acercarme más a su zona íntima. Ella cierra los ojos y procura absorber el calor que le transfiero. No sé si el calor que le doy es físico o sexual pero la cuestión es que cada vez busca más y más los mimos que le doy. Mis manos lentamente se adueñan de sus piernas y mis caricias llegan a sus braguitas en cada movimiento ascendente. Veo que, al rato, se humedecen y se las acabo quitando. Estan empapadas. Rozo con mis dedos su coño y continuo el masaje sin prisas de ninguna clase. Poco a poco voy entonándola. Mis dedos estan mojados. Pienso que es el momento de usar mi lengua. Una vez leí en una web que si te trabajas el clítoris con la lengua y el coño con los dedos las nenas se quedan 'extasiás'. Voy a probar. Pues la verdad es que se la ve que disfruta muchísimo. Y al poco rato ya pierde la compostura. Se suelta. Se mueve más y más. Pide más y más. Está cachondísima. Me tiene a cien. Con el meneo que le he dado me la ha puesto durísima sin que me roce. Sólo con ver cómo disfruta se me ha puesto más dura que nunca. Sin mediar palabra alguna no espero más y la penetro.

Entrar con mi polla en su coño es un placer indescriptible. Pero ella ve que estoy muy excitado y puede acabar rápido la cosa. No es precisamente su pretensión. Está dispuesta a continuar y jugar conmigo un rato largo. Así, pues, toma la iniciativa por primera vez. Me tumba en el suelo y con mi polla apuntando al cielo se sienta sobre mí. Prefiere ahora marcar su ritmo y darme placer. Sabe cómo hacerlo. Creo que no había estado tan erecto en mi vida tanto rato. Es un momento sin igual.

Es de aquellos momentos de la vida de uno o de una que no querrías que se acabara nunca. Queriendo y sentirte querido. Jodiendo y sentirte jodido. Impresionante ...

Pero ya decía al principio que es de esos días que nunca le suceden al resto de los mortales. Y lo decía porque todavía las grandes sorpresas todavía no habían llegado. Agradecida por todo el placer que había recibido antes de mí ahora quería devolvérmelo con creces. En mi placentera posición noto que para un instante de follarme con su coño. Se incorpora un poco. Y desciende suavemente. Muy lentamente. Me tiene ahora preparado su otro agujero: el culo. Desciende poco a poco. Noto su caliente y húmeda estrechez. Lo que sigue para mí es una situación indescriptible.

La verdad es que la gratísima sorpresa que me ha brindado me encanta. Me folla hasta que ya simplemente no puede más. Se ha corrido toda sobre mí. Tengo mi polla y mis huevos con la misma sensación que si estuvieran en la ducha. Está sonriente de placer. Me ha puesto a cien-mil. Me besa y muy brevemente me pide ...

- "Ahora te toca correrte a tí", poniéndose a cuatro patas como si fuera una gatita.
- "Fóllame hasta que no puedas más", me pide complacida y reventada de placer.

Yo hace rato que me noto a punto pero me falta ese pequeño punto para terminar. Apunto bien a su trasero igual como un torero que va a dar su estocada final.

La follo sin parar. Estoy delirante. Ya no es pasión ni sexo. Es animalidad. Es aquel instante en que uno se queda como ido cuando acontece la sorpresa final. Ella sabe bien que ha llegado mi momento. Rápida me quita su culo de mi polla. Se gira. Coge mi polla con su boca. Y recibe mi gran corridaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa.

Miquel J. Pavón i Besalú. Año 2002.

No hay comentarios:

Entradas más populares del blog