
Todos somos normales, nuestra apariencia externa es la misma, sea cual sea nuestra predilección, yo tuve un problema un poco grave que me obligó a acudir a la consulta de un psicólogo, en un principio sólo era de soporte, sin llegar a plantearme el acudir a otro especialista más avanzado como un psiquiatra.
La primera visita, reconozco que fui prudente, quizás demasiado, apenas respondí a sus preguntas no estaba a gusto, pero tenía que ir.
Las siguientes ya tomaron otro aire, cada vez, más me abría en todos mis sentidos, le llegué a contar mis intimidades él sabía como sacarlas de mi interior, sin parecer preguntas forzadas, en poco tiempo gozaba de toda mi confianza.
Hasta que en una de las caras sesiones le comenté mis deseos, mis fantasías, mis sueños sexuales.
Como siempre salí al mostrador, solicité hora para la próxima visita y pagué mi cuota.
Dos días después suena mi teléfono, era el psicólogo, me adelantaba la cita si a mi me venía bien, y la verdad reconozco que poder hablar abiertamente me relajaba y me gustaba acepté, aparte de que me atraía como persona y hombre, lo veía varonil, macho, no estaba nada mal.
Aquella tarde acudí a la cita, no era una hora demasiado normal, creo que era la última de la lista, esperé en la sala hasta escuchar mi nombre, no quedaba nadie más, la misma recepcionista se despidió de mí al salir.
Entré en la sala donde estaba el sofá y la mesa.
Me saludó como siempre, me invitó a sentarme y una vez colocada y relajada escuché.
Estas desnuda, delante de mí, mis ojos te están mirando, pero tú no puedes ver lo que hago o donde miro por que tus ojos están vendados.
No puedes localizar mi posición, sólo saber de donde procede mi voz, te excita pensar que aún sin tocarte te estoy dominando con mi tono de voz.
Era cierto, mis entrepiernas desprendían calor, esa situación era excitante, me estaba dominando con el pensamiento.
Te sientes rara por pensar y desear que te dominen, por eso tienes que entender que es más normal de lo que imaginas, la gente ama cada uno a su manera e igual que gustan los colores, te gusta el sexo, o existe un prototipo, ni el bien ni el mal, es cómodo uno se limita a clasificar, el que es listo disfruta de lo que le gusta y el que tiene miedo lo encierra en su interior sin vivirlo ni disfrutarlo, pero ya está bien, se acabó la charla.
Silencio.
He dicho que te calles, te permito respirar porque es tú primera vez, creo que ha llegado el momento de admitirte bajo mi mandato, a pesar de verte nerviosa, deja de temblar, estas aquí, y yo voy a dominarte, tu sólo limítate a obedecerme, y sobre todo hasta que no te lo pida calla.
Tienes que estar callada.
Me sentía feliz, atrapada en un mundo que deseaba pero que desconocía, no entendía el por que me estaba haciendo aquello, pero me limité a escuchar y obedecer, a disfrutar siendo su esclava.
Estuvo unos minutos sin decir palabra, eso me aturdía no entendía, que tenía que hacer, que decir, ¡no!, era eso, precisamente me estaba probando, yo permanecí callada esperando el tiempo que fuera necesario.
De pronto se rompió el silencio, su ronca voz sonó.
Este es el momento, zorra, ahora eres tú la que tiene que demostrarme, hasta que grado estas dispuesta a complacerme a acatarme, su voz se acercaba, la notaba cada vez más cerca, eso ya por sí solo me excitaba.
Mi respiración era cada vez más acelerada sin poderla controlar, me gustaba tenerlo tan cerca sin poder mirarle, esperaba una orden impaciente, necesitaba demostrarle la esclava que estaba echa.
De pronto, un golpe en mi muslo me despertó de mis pensamientos.
Ponte de rodillas, quiero verte el culo, quiero que mires mis pies, después puede que te quita la venda de los ojos, pero antes tengo que calibrar como lo tienes, como es, arrodíllate, he dicho.
Lo hice, mi falda se recogió hacia la parte alta de los muslos, dejando una vista de mis intimidades perfecta, o por lo menos eso es lo que me imaginé y ese pensamiento humedeció más mis entrañas, estaba cachonda, ardiente, mi corazón palpitaba deseoso, necesitaba más.
Noté entonces como apartaba mis bragas y una sensación de penetración, estaba metiéndome dos de sus dedos por mi coño, mientras me decía localmente lo mojado que tenía mi sexo.
Sentía sus pasos dar vueltas a mi alrededor, no dejaba de hacerlo, eso me ponía nerviosa y a la vez me excitaba.
Otra vez metió sus dedos esta vez se recreó más, entraba y salía, mientras que al tener mis ojos vendados podía centrarme más en los insignificantes ruidos como los chasquidos de sus dedos al penetrar.
Entonces sentí su aliento en mi oreja, metía y sacaba sus dedos, ordenándome que me corriera con su mano.
Córrete y demuéstrame que eres mi esclava.
Esas palabras me apuñalaban la mente y mi calor se extendía, comencé a gemir, poseída por sus dedos hasta que mi interior expulsó los líquidos de mi placer.
Agradecemelo, tienes que ser una esclava agradecida.
Mi boca comenzó a dar las gracias por el placer.
Ahora es tu turno me decía la voz, mientras que con su mano que olía a mi sexo apartaba el vendaje de mis ojos.
Quiero que mires mi polla, chúpala, amorrate a ella y cómetela.
Mi boca se abrió para metérmela, mi lengua se dobló para darle paso, entré y salí por su larga polla hasta que ésta endureció, entonces le pedí que me follara.
Con voz enfadada me dijo que me perdonaba, por que era mi primera vez, pero que comiera que él me follaría cuando le diera la gana, yo no era nadie para pedir nada, continué saboreando aquella polla larga, hasta que él quiso después se levantó y me la metió hasta dentro, de golpe.
Bombeaba con rabia, furia, fuerte, sin darme tiempo a descargar mis cansadas manos, hasta que la sacó de mi interior, mientras me miraba y me decía, ¡PREMIO!
La sacó para pasearla por los cachetes de mi culo, después sentí el calor de su leche deslizándose por mi piel.
Has de darme las gracias, zorra, mi voz otra vez agradecía su calor, su placer, mi placer.
Por ser la primera vez ya está bien, pero que sepas que en la próxima visita te romperé el culo, ahora es hora de que te vistas, sal por la puerta sin mirarme, no pagues, ya lo harás otro día, hoy paga, dándome las gracias.
Así lo hice, no miré, mientras me vestía, le agradecía su follada.
Salí por la puerta si fecha próxima, esperaba su llamada pero no sonaba el teléfono.
He escrito mi historia porque hace 45 minutos me llamó para decirme que me esperaba dentro de dos horas que no tengo excusa.
Cuando he escuchado su voz, mi coño se ha calentado, por eso al excitarme he tenido la necesidad de contarlo y así mientras lo recordaba se pasa el tiempo hasta la hora de acudir a la consulta.
Ahora me despido, tengo una cita y he de ducharme, hoy me tiene que encular, puede que mañana te cuente como me he sometido a sus deseos, mi ano se contrae sólo de pensarlo.
Deseo. Año 2004.
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