jueves, 3 de junio de 2010

Mi vida con un hombre de la edad de mi padre



Todo lo que te voy a contar es real, sólo cambio los nombres para que nadie reconozca a nadie, ya que son cosas demasiado íntimas.

Yo tenía mis 19 años, con pareja con derecho a roce profundo, pero nada me hacía pensar en lo que me estaba pasando ni en lo que me pasaría a raíz de una cena que organizó mi padre con sus amigos en casa para celebrar que le habían tocado unos milloncetes en la lotería.

Ese día nos pidió a todos los hijos que a pesar de ser mayores cenáramos en casa, le hacia ilusión presumir de familia, claro está que sus amigos serán de su edad y vendrían todos con sus parejas.

Por amor hacia mi padre acepté pero no sin sentir que ese fin de semana me perdía la fiesta con mis amigos.

Llegó la hora, en parejas asomaban y entraban por la puerta de casa, en mis tranquilas paredes aquella noche todo era un revuelo, la excitación de mi padre, el trabajo para mi madre y mis hermanos y yo aguantando como pudimos y haciendo el papel de buenos chico/as.

Cada uno entraba acompañado, les ponía entre 45 y 50 años, no eran ni son viejos pero si mayores para mí.

Algún que otro soltero y soltera, separados eran los únicos que acudían solos.

Ya hacía rato que teníamos que haber cenado, pero faltaba Iñaki, y ¿quien narices era ese Iñaki de quien tanto se hablaba?

No sé el por qué pero mi sexto sentido me hizo ver como las mujeres se humedecían al pronunciar su nombre.

Pronto saldría de dudas, entre mis idas y venidas justo sonó el timbre al pasar yo por delante, me tocó abrir a mi, y me quedé parada al descubrir tras una chaqueta que tapaba su cara al hombre más …. más guapo que había visto en mi vida.

Dos besos de presentación, era Iñaki, me guiñó un ojo y se adentró, ahora entendía el por qué del brillo en los ojos de las otras mujeres incluida mi madre.

Yo espiaba a ese hombre, pero alejada, parecía mucho más joven que mi padre y estaba solo, no quise preguntar.

Cenamos mientras lo acribillaban a preguntas, una parte de mí se sintió celosa.

Pero omití y me olvidé del hombre no tenía ninguna posibilidad.

Además si mi padre se llega a enterar de que me atraía, no se que hubiera pasado.

Después de cenar se fueron formando los típicos grupitos alrededor del anfitrión, en este caso mi padre, mi hermana y yo limpiamos la mesa y nos adentramos en la cocina para fregar.

Lo hacíamos por gusto, no eran nuestras mejores ni preferidas conversaciones, ella recogía para poder irse antes mientras que yo metía mis manos en el agua con jabón para fregar.

Entre tantas idas y venidas de ella, no me di cuenta de que quien se acercaba por mi espalda era Iñaki que nos estaba ayudando, hasta que se colocó a mi lado y me miró.

Esa mirada me estremeció, hasta ruborizarme, me gustó el echo de que un hombre de esa edad ayudará en las tareas y lo alabé, a lo que me dijo con una sonrisa preciosa que él tenía 34 años, que era compañero de trabajo de mi padre y no de su quinta.

Vaya metedura de pata, me avergoncé y le pedí perdón.

Iñaki, de una manera muy dulce me recriminó el pedirle perdón y me dijo que la única manera de que no se sintiera ofendido era la de que aceptara cenar con él al día siguiente.

Me moría por aceptar, pero dudé, y por fin le dije que no creía que esa idea le gustara a mi padre, el respondió que si yo aceptaba tranquila que no me preocupara ya se las idearía para que mi padre no se enojara.

Acepté de buen grado aquella invitación, pero temía la reacción de mi padre, y al salir de la cocina me esperaba para decirme que adelante si era con Iñaki tranquila.

Me quedé atónita, y a la vez alegre, la noche pasó entre conversaciones y chiste, antes de irse Iñaki, me dijo que me pasaría a recoger que no me arreglara mucho, ya que no quería que los hombres sintieran envidia de él al verme a su lado.

Esas palabras me llegaron muy hondo, mucho cuento de hadas para mi edad aún inmadura.

Era todo un caballero, aquella noche apenas dormí y el día siguiente lo pasé probándome ropa para parecer mayor y estar bien guapa, como una niña.

Mientras cenábamos mi cuerpo comenzaba a entrar en calor, no por el clima si no porque me pedía una dosis de Iñaki en mi piel.

Después salimos hacia un bar para tomar una copa, allí aún me calenté más, supongo que me encendía él que ni siquiera me rozara.

Mis pensamientos me traicionaban él era todo un caballero y yo me derretía por abrir mis piernas delante de él.

Una hora después sentí que la cita se acababa, entramos en el coche, camino a casa, pero la buena noticia era que íbamos a su casa, siempre que yo aceptará me pidio permiso, y así fue.

Una vez dentro, tiernamente se acercó hacia mí, sus manos eran calor puro, mi boca buscó la suya hasta encontrar el manantial puro de agua.

Mi lengua se deslizaba por el interior buscando vida, buscando el calor y el deseo de que me hiciera suya.

Entre abrazos noté como su sexo estaba en pie, era grande se me clavaba entre las piernas como una barra de hierro.

Lentamente mi cuerpo fue acomodándose en el sofá mientras que Iñaki abría mis piernas para meterse por ellas, sus latidos me excitaban, su olor y sudor me encendían, su respiración me agitaba, todo en él era perfecto.

Tenía mil preguntas pero no era el momento, me dejé hacer.

Me di cuenta del tamaño de su sexo al rozar sus testículos con mis muslos ya desnudos, entonces miré y vi algo que me dejó paralizada, era una verga perfecta, grande y gruesa, rosada, mientras que escupía líquidos por mí, esa imagen me excitó hasta el punto de abrir mi boca y comer de ella.

No pensé en el dolor de mi cuerpo al ser penetrado por semejante verga, ya que mi cuerpo no era virgen pero tampoco demasiado trabajado en cuestión de penetraciones, pero Iñaki, fue lento, aumentando con ello mi excitación y mi deseo, haciendo que mi sexo se abriera como una flor para él, deseándolo hasta el punto de humedecerme las piernas.

Una vez se instaló por completo en mi interior comenzó a bombear con agilidad, sin separar su boca de la mía, era un calor que me atravesaba una ráfaga de dolor y placer que me confundía, hasta que mi cuerpo se agitó sin control, esparciendo mi sudor por todas partes, entonces Iñaki, salió y depositó en mi vientre su semilla, mientras que mi mano pintaba mi piel con su blancura.

Sé que puede parece un poco cursi, pero esa era mi sensación y así he querido transmitirla.

Hoy en día Iñaki es mi marido yo espero un bebé, un varón y se llamará como él.

Deseo. Año 2004.

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