sábado, 5 de junio de 2010

Pagar una deuda



La vida da muchas vueltas, estoy cansada de escuchar esta frase, era sólo una más hasta que me toco a mí, darme cuenta de cuanta realidad se escondía en tan pocas palabras.

Mi vida era desahogada, hasta que yo tuve que tomarme una pequeñas vacaciones por stres y a mi marido lo dieron de baja en su trabajo por cierre de la empresa, las deudas se nos acumulaban lo único que nos quedaba gratis era el follar como locos para olvidar.

Las facturas de nuestras compras a plazos llegaban, no las podíamos pagar, hasta que un buen día mientras Javier estaba en la calle acudiendo a empresas donde encontrar un nuevo trabajo, yo hacía lo que podía para comer.

Sí, hasta ese punto llegamos a estar, sólo nos faltó mendigar.

Te cuento tras esa llamada en la puerta se encontraba el cuerpo de un hombre, no era demasiado guapo, ni nada que resaltara sus dotes masculinas, aún menos después de decirme que me traía una orden de embargo.

Eso ya fue demasiado, delante de él, con la puerta abierta me derrumbé, caí de rodillas llorando, impotente, el hombre me agarró de los brazos, cerró la puerta tras él y me ayudó a encontrar el sofá, supongo que antes ya habría pasado por situaciones similares, pero he de reconocer que mi poca ropa y mi falta de concentración por lo que estaba haciendo dejaban parte de mi cuerpo a la vista.

No me daba cuenta de mi desnudez y lo cierto es que yo no estaba por esa tontería, el mundo se me caía.

Un extraño en mi casa que me traía agua, y mis lágrimas que no dejaban de caer por mi cara.

Intenté serenarme, pensar, poco después comencé a articular las palabras, preguntándome y preguntándole que algo se podría hacer.

El hombre me miraba, entonces fue cuando me di cuenta del tamaño de su polla.

Una luz se encendió, estaba claro que el hombre deseaba follarme, porque eso no era precisamente un acto de amor.

Le miré a los ojos, cambiando mi mirada por una de mujer, sí con esa típica y pícara mirada.

Le señalé mi coño, mientras él babeaba, y sin pensármelo dos veces me arrodillé delante de él.

Tenía que ser sensata, por lo que no me daba la gana de ser follada para nada, por lo que usé mis armas de mujer, encendiéndolo hasta el límite de no poder frenar.

Mi intención era la de hacer que perdiera la conciencia de todo lo que decía, que me deseara de tal forma que sucumbiera a mis palabras sin ser casi él.

Abrí mi boca, mientras que lo miraba, saqué su verga, era mediana, pero mis palabras le dijeron lo enorme y buena que estaba, eso siempre les excita.

Al agarrarla noté como crecía un poco más, y comenzaba a gotear.

Saqué mi lengua de manera que él la viera, mostrándola, mientras que con la boca llena le preguntaba si eso era suficiente como para pagar mi deuda y darme una tegua.

Él inclinaba su cuello pidiendo más, mientras que con una mano se agarraba el nacimiento de la polla, esperando sentir, pidiendo que me la comiera toda, mientras me llamaba puta.

Odié esa palabra, deseé morderla pero me aguanté y tragué todo mi orgullo.

Lamí, la longitud, dejando mi baba extenderse por ella, separaba mi lengua mostrándole como un hilo grueso nos unía y aprovechaba par recordarle que ese era el pago por mi deuda.

Él agitado asentía, mientras que con su mano apretaba mi cabeza contra su cuerpo, haciendo que me tragara toda esa polla.

Salí para lamer sus huevos, uno a uno, dejé al desnudo mis senos para que los apretara, eso le daba más placer, los estiraba mientras yo aguantaba mi dolor.

Mostré mi parte más viciosa.

Entonces escupiendo en su glande la coloqué entre mis redondas tetas, uniéndolas con mis manos y le estiraba la piel con ellas, el hombre perdió la vista en algún punto de mi comedor.

Cuando la polla comenzó a dar señales de un orgasmo y como que no era mi deseo tragarme su semen, lo agité más, pero me obligó a comérmela otra vez, o no estaba en situación de discutir, callé mi asco, mi cerré mis ojos mientras que sus manos apretaban mi nuca contra su polla.

Apreté mis labios en perfecta forma para que no se retardase más el momento me la metí entera, hasta acariciar sus huevos con mi lengua.

Y en ese momento, uno de mis dedos lo penetró por el ano.

Llegó a correrse, mi cara chorreaba leche y mi boca disimuladamente la escupía.

Él se agitaba insultándome, y agradeciéndome el placer.

Yo apartaba aquel semen de mi piel como podía, y entonces le recordé que ese era mi pago.

Más sereno y calmado me miró con compasión, en mi mente una luz de victoria me decía que lo había logrado.

Hasta que habló, el muy canalla, me dijo que eso sólo era el pago de una mínima parte de la deuda.

El cabrón, me dijo que vendría cada semana a cobrar la deuda, mi cabeza estallaba, mi marido no se podía enterar.

Le pedí el teléfono con la más hermosa de mis miradas tapando el odio, para así poder llamarlo cuando me encontrara sola.

De eso hace 5 meses aún debo mucho, pero Javier no sabe nada, ni tan solo le comenté lo del embargo, no es necesario que sufra.

Supongo que no acabaré la deuda nunca, ya que el muy cerdo cada vez que viene trae algo nuevo.

Ahora cierro los ojos y lo dejo.

Ya me he acostumbrado.

En cinco minutos lo dejo listo.

Puta vida.

Deseo. Año 2004.

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