sábado, 5 de junio de 2010

Mi primera vez .... con otro



Te juro que no lo esperaba, de mi nunca me lo hubiera imaginado, pero la vida es así, tengo que tomarla como viene y lo cierto es que me gustó.

Hace unos años, yo tenía pareja estable, manteníamos una vida sexual completa, o por lo menos eso era lo que yo creía, salíamos con amigos, después nos amábamos como locos lo normal en una pareja.

La única diferencia era que a mí me gusta bailar y a él no, por lo que repartíamos nuestros gustos, una vez a cada sitio, para que me entiendas, un día al cine y otro a la disco.

Era una noche de verano, esa tocaba baile, además estábamos con los amigos acabábamos de organizar una cena, especie fiesta en la que nos reuníamos todos.

Por el carácter que tengo suelo llevarme bien con todo el mundo, sin problemas.

Tengo una figura bonita y la sé mover eso es muy importante, no parecer un pato en medio de una pista.

Como siempre entre caricia y caricia con Fran, (mi pareja) me alejaba y me perdía entre la gente de las pistas.

Regresaba poco después acalorada a tomar un trago del refresco que él me guardaba.

Pero el poder de la música me vencía y me llamaba a escena, para dejarme enredar por el compás y agitar mi cintura y mis caderas a son.

No sé si Fran, era celoso o no, supongo que todos lo somos, pero él nunca me demostró nada, también es cierto que yo siempre le hacía saber que estaba con él, me podía alejar pero regresaba al instante para regalarle una caricia o un beso, con el que nuestras manos iniciaban un rito sensual que acabaríamos apagando horas después.

Era muy excitante.

Esa noche en concreto, a la cena acudió, Gino, un amigo de Fran al que nunca veíamos ya que vivía en el extranjero.

Esa noche le conocí, me atrajo su mirada, sus gestos, su voz y la forma de expresarse, pero nada me hizo presagiar lo que me vendría a continuación.

Fran, como siempre se mantenía sentado, esta vez, no me prestaba demasiada atención, ya que no estaba solo y tenía con quien charlar.

Yo me dejaba deslizar de un lado a otro enseñando mi figura, mi cuerpo entre transparencias y ropa ceñida, dejaba mostrar parte de mi cuerpo insinuando, siendo consciente de las miradas y los deseos.

Gino, se acercaba a mí, llegó el momento en el que los dos éramos solo uno, nos complementábamos en el baile, nuestros cuerpos parecían uno solo en medio de la pista, uno para el otro pensé, me gustó bailar así, acompañada, los roces eran muy excitantes, las miradas, las insinuaciones de querer y no poder, hasta que parte del baile era como una conversación sin palabras, nos entendíamos por gestos.

Recuerdo como se humedecía mi sexo cuando me apretaba contra su cuerpo, entre mis piernas se notaba el gran bulto que tenía, a sus manos me agarraban de la cintura y sentía un escalofrío cada vez que un dedo rozaba la espalda desnuda.

Gino, comenzó a hablar, la música estaba muy alta no podía escuchar bien lo que me preguntaba, de tal forma que nos acercamos más para poder escuchar con claridad, ese roce, su aliento en mi oreja, sin duda sabía lo que quería y lo estaba consiguiendo.

Mis muslos estaban sudando pero era por otra clase de sudor muy diferente, yo con la vista espiaba el tamaño de su pene, era enorme bajo la ropa, y él con disimulo sacó su blusa por fuera esperando que la ropa tapara esa pieza de su cuerpo por la que yo ya comenzaba a morirme, deseaba saber el color, el tamaño exacto, rozarla, olerla, chuparla, pero estaba Fran, mi pareja, me sentí culpable por lo que pensaba, pero a la vez esa culpabilidad crecía mi deseo.

Miraba a Fran, y lo veía sereno hablando mientras que Gino, se acercaba peligrosamente a mí, con sus gruesos labios, deseba morderlos, me costaba frenarme.

Estoy segura que Gino, sabía que tipo de sentimiento despertaba en mí, por que el continuaba insistiendo, rozándome.

El olor de su cuerpo me excitaba más todavía, por lo que me alejé hacia el baño para mojarme la cara y mirarme al espejo, salí de la pista, mientras él asentía con la cabeza.

Entré en el aseo, me mojé refrescado mi cara pero no pude apagar el calor del deseo, esperé unos minutos y salí, el pasillo estaba muy oscuro, no se distinguía apenas nada, una mano me agarró, yo pensé que era Fran, solía excitarme de esa manera, cuando menos lo esperaba me calentaba, y dejé que lo hiciera, literalmente me abalancé contra los labios, pero al abrir mi boca me di cuenta de que no eran los de Fran, algo no me dejó alejarme, me impulsaba a comer de ellos, a meter mi lengua hasta el fondo, chupando y sorbiendo la saliva.

Podía sentir como mis bragas comenzaban a humedecerse, cada vez me acercaba más a su cuerpo esperando que él sintiera como me calentaba, necesitaba ese contacto, esa sensación, necesitaba una relación urgentemente.

No tardó mucho en ponerme contra la pared me besaba apasionadamente metiéndome su lengua en mi boca a la vez que una de sus manos dejaba al desnudo mis piernas acariciándola, mi ropa no era un obstáculo, la subía, nadie nos veía a no ser que fijara su vista, el pasillo era demasiado oscuro y lo cierto es que poco me importaba la mirada extraña de alguien, estábamos demasiado calientes como para pensar en otra cosa que no fuera sexo.

Su verga ya estaba totalmente preparada, la frotaba contra mí, no sabía que hacer, bueno sí sabía lo que hacer y lo hice.

Abrí mis piernas para notar aún más la intensidad de aquella polla, era enorme, dura, al compás los dos nos serenamos, y dejamos de besarnos como locos para ir a un paso mucho más lento, sintiendo cada caricia, cada beso.

Sus manos ya se adentraban por mis piernas, mi falda solo cubría mi cintura, mientras él apartaba mi tanga con un dedo, abriendo paso a su verga.

Sus dedos acariciaban mi clítoris mojado, mi cuerpo parecía tener electricidad recorriendo en calambrazos mi estómago.

El dejó que su cuerpo resbalara mientras con su lengua lamía mis pezones, hasta llegar a mi conejo, allí medio arrodillado lamió mi coño, una y otra vez, mientras que mis manos estiraban de su pelo, gemía, luchaba por apartarlo pero a la vez lo empujaba para que continuara.

Mi cuerpo se retorcía, y notaba el calor en mis entrañas, le supliqué como nunca lo había echo que me penetrara, necesitaba sentir su descarga, notar como se hacía paso por mi coño, como entraba por el milímetro a milímetro, notar su piel.

Con la cara desencajada, ascendió mordisqueando mis senos que escapaban de mi ligero TOP, hasta que la clavó.

Sólo con la ayuda de un dedo encontró el camino, mis jugos eran tantos que no hizo falta mucho más para abrirse paso.

Mi coño comenzó a sentí contracciones mientras que con sus empujones me taladraba, mi espalda estaba empujando la pared, y sentí sus huevos chocando contra mis muslos.

Me llené de flujos, una mezcla de míos y de Gino, estalló como un chorro, lo noté, por primera vez notaba cuando un hombre estallaba en mi cuerpo y eso me hizo pensar en la cantidad de leche que debió de arrojar en mis entrañas.

Mientras que nos aplacábamos las lenguas continuaban intercambiándose.

Segundos después, mis piernas tocaban suelo firme otra vez.

Nos miramos y un beso nos sirvió de conversación.

Él se fue poco después de la discoteca.

Yo regresé con Fran, del que no me separé en toda la noche, mi conejo aún pedía más.

No le conté nada, no quería que me dejara por una aventura, además así no sufriría.

Esa noche hicimos el amor como nunca, en mi mente la polla de Gino, pero el que me follaba era Fran.

No le he vuelto a ver, pero su recuerdo está en mi mente.

Ahora estoy sola, quizás esperándole.

Todo se verá.

Deseo. Año 2004.

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