martes, 1 de junio de 2010

Mientras dure, me la follo



NO me da ninguna vergüenza contarte lo que ahora vas a leer.

Imagínate, ligarte a una chica para poder estar más cerca de su madre.

Y es que lo mío es claro que me atraen las maduritas, digamos que yo ya a mi mayoría de edad, casi lo había probado todo, pero la madre de Loli, me traía de culo, era impresionante, moderna, delgada, un pecho firme, el culo duro, y redondo.

Algo en mi interior me decía que tenía que hacerla mía.

Monté una estrategia para ir acercándome a Loli, sin que ésta lo notara, el caso es que a medida que conocía a Loli, me gustaba más, pero no podía quitarme a su madre de la mente.

Supongo que era el morbo por ella, o la pasión que levantaba mi verga.

La primera vez con Loli, fue una pasada, tras esa ropa que ella siempre usaba, se escondía un pecho grande, una cintura de avispa, y un trasero firme, el conejo muy bien depilado, cuidado, apetecible.

Lamí, comí y sentí en mi piel cada partícula de la suya, disfruté como un loco, pero mientras la penetraba la imagen de su madre no desaparecía de mi cabeza.

A menudo, iba a casa de Loli, a tomar algo, pasar la tarde o conectarnos a Internet, allí sobre su cama, hicimos el amor, dejando un gran charco de flujos en las sábanas que tuvimos que cambiar antes de que regresaran sus padres.

Unas veces estábamos solos, otras no, yo intentaba ir cuando estaba la presencia de su madre, además se vestía con ropa de ir por casa, y si no la perdía de vista, algún que otro de los gestos cotidianos que hacía me dejaban ver o imaginar las partes de su cuerpo, eso me encendía hasta que me desahogaba con Loli, la que esperaba paciente mi verga grande para comérsela y después metérsela en la raja, hasta gritar de placer ya que sin ánimo de presumir, tengo mucho aguante.

Una tarde en la que yo sabía que Loli, no estaba, me acerqué a su casa fingiendo haberlo olvidado.

Marta, la madre, me invitó a entrar y a tomar un refresco, entre otras cosas me dijo que le alegraba mi compañía, ya que ese no era uno de sus mejores días y no quería estar sola.

La vi con ojos de haber llorado, no pude resistirme le pregunté el por qué de ese miedo a la soledad, si no era muy indiscreto y confiaba en mí que me lo contara, quizás de esa forma sacaría una espina de su corazón.

Primero negó con la cabeza, pero poco, a poco fue entrando en el tema.

La cuestión era sencilla y a la vez complicada, una incursión con su marido unas horas antes, éste salió de casa dando un portazo y ella no soportaba quedar a medias en una discusión, le gustaba poner un final para no pasarlo mal.

Pero el marido por lo visto con prisas no le apeteció discutir y sin más salió.

Después, sin quererlo pero como por arte de providencia, salió el tema del cariño, de la falta de caricias, y adentrándonos en ese tema, me mostró la cara oculta de su vida.

Que si su marido sólo la necesitaba para desahogarse, que no la tocaba casi nunca y cuando lo hacía era mal y deprisa, que se sentía una furcia.

Sin darme cuenta, cada vez estábamos más cerca el uno del otro, mis manos se acercaron para darle cariño, esa muestra de afecto que se necesita, pero mi parte mala, lo hacía para ver si sacaba tajada de todo aquel asunto.

Lentamente pero sin pausa, mis manos acompañaban a mis palabras, indicándole, Marta, ¿ así es como te gustaría no?

Ella asumía con la cabeza, sin apartar mis manos que pronto llegaron a la acción entre sus piernas y ascendiendo.

Me excitaba la situación, le coloqué una de mis manos en sus prietos pechos, la otra estaba entretenida en su espalda, y sus muslos, cada vez mis dedos se acercaban más a su rajita.

Me tenía a mil y ella se dejaba acariciar, estoy seguro de que ella pretendía que la follara, y semejaba camelar.

Mis manos se mojaban cada vez más mientras recorrían la parte de afuera de su ropa interior, mis dedos luchaban por ser delicados y entrar por ellas para sentir el roce de la carne de su raja.

Entonces, le entregué mi boca, intentando que a ese contacto tan húmedo se abriera para mí, Marta, lo estaba deseando.

Tras dejarme acariciarla y sin apenas darme tiempo a colocarme se amorró a mi filón, lo lamía haciendo torbellinos con la boca, me puso el glande gordo y morado en segundos, tuve que apartarla temiendo hacérmelo en su cara, cosa que me extrañó pues siempre he presumido de mucho aguante.

Entonces, le dediqué mi lengua, esa misma que antes ocupaba su boca, llena de saliva, caliente y la pasé por todo el ancho y largo de su coño.

Ella abría sus piernas, y temblaba, era un temblequeo extraño, era verdadera excitación la que sentía entre mis brazos, me animaba a continuar.

Puedo decir que la amé como a nadie, a veces me recordaba a Loli, pero mucho más sabia a la hora de chupar, mi polla crecía en su boca hasta límites insospechados, lamía la punta en círculos, como una serpiente, dedicándome lengüetazas que en mi se convertirían como en espasmos desconocidos, en impactos de placer que me hicieron desear penetrarla, y así lo hice.

Aparté sus bragas hacia un lado y penetré por su raja con facilidad, ella apretaba los músculos de su pubis, dándome mucho placer parecía una niña, en cuanto al tamaño de su raja.

No dejé de lamerla en ningún momento, hasta que comprimió su vulva, de tal forma que la presión me hizo estallar casi sin poder avisarla, a lo que me tranquilizó diciéndome que tomaba precauciones y que su marido tampoco lo notaría ya que no lo dejaría que la tocara ni esa noche ni en muchas otras.

La follé como un poseso, entrando con fuerza y estallando dentro para salir otra vez, pude estar bombeándola durante muchos minutos, creo recordar que ella tembló unas tres veces mientras que a la vez se comprimía, quiero creer que tuvo una serie de orgasmos seguidos.

La cuestión es que después de esa vez otras se repitieron, me hice el amante de la madre de mi novia, lo malo era cuando Loli, me pedía complacerla y ya no tenía fuerzas.

Al final, dejé a Loli, pero mantengo el sexo con Marta, está en planes de separación, no espero ser su pareja, pero mientras dure, me la follo, eso está claro.

Deseo. Año 2004.

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