jueves, 3 de junio de 2010

A las 17 horas



Me siento inquieto, intranquilo, sin motivo aparente, no lo entiendo.

Miro el reloj, a eso de las 17 horas suelo quedarme solo en mi despacho, los demás salen yo tengo que recuperar alguna que otra hora extra, eso a veces me entristece, pero a menudo necesito de esa soledad para relajarme.

Hoy creo que es uno de esos días en los que estoy deseando que los demás salgan por la puerta y por fin poder relajarme entre mis pensamientos y mis andaduras soñadoras.

Faltan solo 10 minutos, espero que el reloj acelere al máximo su andar se me está haciendo largo el trayecto de las agujas.

Una vez más en dos minutos aparto la manga de mi camisa, miro el aparatito redondo que adorna mi muñeca y al ver que las agujas parecen paradas, con mi dedo lo golpeo, pero nada, no reacciona, creo que hoy estoy extraño.

Puedo notar como las sillas se desplazan, eso es buena señal, me indica que se están preparando para la salida.

En ese momento es cuando me toca actuar, quiero dar la impresión de estar muy ajetreado y no dar pie a ningún compañero a que se quede un rato de cháchara, no, hoy no.

Uno a uno al pasar por mi lado se despide.

Un gesto, una palabra, pero yo casi no levanto la vista del ordenador y procuro parecer ajetreado.

Minutos más tarde, el silencio se apodera de los despachos.

Me levanto y cierro puertas, de manera que si alguien entra tiene que llamar, así me alertará de cualquier presencia ajena a mis necesidades.

Estoy seguro de que no queda nadie, me acomodo.

Me relajo y después de esperar unos minutos me decido a marcar, no entiendo el por qué de esa necesidad, pero el caso es que no puedo reprimir el intento de hacerlo.

No recuerdo con exactitud el primer día que marque el número, sólo recuerdo el "hola", de respuesta, dulce, sensual, el tono, la forma, eso solo hizo que mis sueños se despertaran y el deseo me inundara.

Ahora ya no se bien si llamo para mantener una relación telefónica o bien por escuchar esa voz.

El caso es que necesito de ella como del aire que respiro.

Agarro el teléfono, lentamente marco el número ya memorizado, no está en mi agenda, no me interesa que esté.

Uno a uno, los dígitos se escuchan con su peculiar sonido.

Suena una vez, dos, tres hasta cuatro veces, no responde.

Me desespero …

Esperaré unos minutos, en ese tiempo mi cabeza no para de dar vueltas.

Mi verga, que se levantaba mientras marcaba ya esta otra vez en su estado original.

Miro el reloj, las agujas no reaccionan.

4 minutos, llamo una vez ……

Espero.

Una señal de llamada.

Dos.

Tres. Y ….

Hola Pol, ¿qué deseas hoy?

Por fin la voz, al escucharla me paralizo, sé que es sólo una mujer más, me fío de sus indicaciones pero aún así mi mente estalla y la imagina perfecta, con esa voz no puede ser de otra manera.

Necesitaba escucharte.

A estas alturas mi verga ya sobresale del pantalón.

¿Estás como siempre? ¿Solito?

Sí, esperando a quedarme solo para estar y escucharte.

¿Qué me vas a hacer hoy?

Esa voz ya me incita a masturbarme, frente a la pantalla, cada vez que hablo intento no mostrar mi estado.

En mi pensamiento sólo una idea, conocerla.

Es escurridiza, no entra en detalles y entiendo que no lo haga por lo que la respeto.

A medida que me cuenta como está vestida, mi mano acelera su recorrido acelera su paso en caricias por mi sexo.

Ella me cuenta como su lengua secciona cada parte de mi pene, zona por zona, lo que siente, como lo hace, mientras mi mano se agita de arriba abajo.

Me la imagino delante acariciándose los pezones, estirándoselos, chupándoselos para mí.

Me imagino que le haría si la tuviera delante.

Le pido que no se calle, esa voz me excita mucho más que una película de sexo.

Esa voz me dice mucho, me transporta a su lado y dejo de ser un empleado solitario a estar en su compañía, chupando su culo para pasar mi pene entre los cachetes.

Daría mucho por tocarla, por tenerla, por sentirla, sin duda alguna es una gran amante.

Mientras me cuenta cosas que jamás hubiera pensado que me hicieran.

Veo y siento como se detiene en mi frenillo y como arrastra la piel con su lengua.

Mi mano se acelera, agarrando mi pene con más fuerza y estallo.

Esta vez tengo más puntería y no salpico la pantalla.

Entre jadeos le repito una y otra vez que me gusta, que me hace feliz, que me acabo de correr.

Ella me sosiega con su voz dulce.

Hay algo más que una relación telefónica, hay una conversión.

Siempre me pregunta como estoy.

Siempre espera mi llamada.

Y yo continuo soñando con ella.

Yo continuo esperando que algún día me de una señal, para poder correrme a su lado y hacerle en su piel lo que mi mente hace sola.

Sólo quedan 24 horas para encontrarme con su voz otra vez.

Para desnudarla con mi imaginación.

Que poco cuesta sentir placer y soñar.

Mañana sin dudarlo la haré mía una vez más.

Sólo puedo tenerla así.

Por ahora, mañana Dios dirá.

Deseo. Año 2004.


No hay comentarios:

Entradas más populares del blog