miércoles, 2 de junio de 2010

Amante de latex



Tarde lluviosa de domingo.

No tengo planes, pensaba que la soledad y la tranquilidad de un día así, me haría relajarme, pero la verdad, a pesar de estar viendo las gotas de agua formar dibujos en mi ventana, he de reconocer, que necesito compañía.

Pero no me apetece llamar a nadie.

Creo que llenaré mi bañera y con una buena música de fondo, relajaré mis ideas.

Abro el grifo, el chapoteo del agua me incita a pensar, mientras miro mi imagen en el espejo, que poco a poco se empaña, paso la mano y arrastro con ella parte de la humedad, me gusta lo que se refleja.

Noto como entre mis piernas crece algo, creo que es calor.

Sí me siento excitada, maldita soledad.

Quiero acariciarme, poco a poco mis pechos endurecen, mis dedos los estrujan y moldean.

Continuo mirando el espejo, y abro mi boca mostrándome a mi misma, los síntomas de mi necesidad.

Bajo la mano a lo largo de mi cuerpo, hasta adentrarme en mi sexo, saco mi lengua y simulo el movimiento de ella con el dedo que llena mi raja.

Me gusta.

Estoy ardiente.

Deseo que algo, que alguien entre por mi hueco vacío.

Estoy muy mojada.

El vaho del baño, difumina mi imagen, es excitante, placentera.

Um …….

Recuerdo que tengo algo.

Pero antes de dar con él, mi mano se arrastra hasta encontrar mi ano.

Um …. Pasea entre mis glúteos, hasta hacerse un hueco e introducir la yema de ese dedo por él.

Me gusta, intento acercarme uno de mis pechos a mi boca, casi no llega, alargo mi lengua, y logro saborearlo.

Me gusta.

Mientras el chorro del agua me incita aún más al deseo.

Mis ojos ven una botella de aceite, por lo que no me lo pienso dos veces y lentamente la esparzo por mi cuerpo, mis manos se adentran por mi nuca, mi cuello, mis hombros.

El ver y contemplar el brillo de mi piel me excita aún más.

Continuo impregnándome de aquella mezcla escurridiza.

Mis pechos, pezones oscuros y grandes, firmes.

Bajo más mi cintura, mis caderas, hasta detenerme y centrarme en mi sexo.

Sí …

Lentamente, como un buen amante, dibujando el contorno de mis labios, parándome, y continuando a mi antojo.

Está deslizante, justo como yo lo quería.

Me traslado a la parte trasera de mi cuerpo, me ayudo apoyando mi pierna en el taburete de forma que mis dos huecos quedan abiertos para mí.

Mi mano se impregna una vez más con el aceite, y mientras jadeo masajeo mi ano.

Una mano delante en mi clítoris, excitado y duro y la otra en mi ano.

Me gusta, lo disfruto.

Es hora de buscar y sacar a mi amante de su cajón.

Lo abro lentamente.

Y saco mi pieza de goma, lo más similar a uno auténtico.

Miro una vez más mi cara en el espejo, mientras lo introduzco por mi boca, me gusta, me excita.

Lo chupo, lo lamo, entra y sale por mi boca, mi lengua lo rodea.

Chupa el glande de dimensiones perfectas.

Y arrastro mi labio por toda su longitud.

Lo hago bajar por el centro de mi cuerpo, colocándolo ente mis pechos.

La punta, se mezcla con mis pezones que resbalan por el aceite ….

Me siento caliente …

Jugueteo un momento con ellos, lo desciendo hasta la altura de mi ombligo y una vez allí, el pene solitario, se introduce por mi raja, sin llegar a penetrarme, entra por los pasadizos de mi sexo.

Sube, baja, hace círculos en mi clítoris.

Y descubro mi imagen jadeante en el espejo.

Um …

Mi dedo se dedica a esa zona, pero el pene es trasladado hasta mi ano, que lo está esperando con contracciones.

Quiere placer.

Lentamente se abre camino, por la cueva oscura, entra, el escalofrío se adhiere a mi piel.

El placer, de ser penetrada por un pene de latex me llena. Mis dedos entran por mi conejo.

Caliente, mojado, con tic y espasmos de placer.

Uno por delante y otro por detrás.

Me agito, ya no puedo ver mi imagen pues mis ojos están cerrados sintiendo todo el placer que mi cuerpo es capaz de sentir.

Y el ardor me inunda, por dos partes, casi no logro mover mis amantes como yo deseo, mis convulsiones me lo impiden, mientras mi cuerpo pide más.

Es una ráfaga de placer que me inunda.

Calor mezclado con el calor del deseo y mezclándose para unirse en uno solo hasta hacerme estallar, gritar y gemir.

Mi sexo escupe líquidos, que se deslizan por mis muslos.

Intento relajar mi respiración, pero quiero un poco más.

Entro en mi bañera llena.

Pero mi amante de latex me acompaña.

No hay que decir que sustituyo el aceite por la cálida sensación del agua.

Una vez más busco mi placer.

¿Quién me dijo que sería una tarde aburrida?

Deseo. Año 2004.

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