
Voy a intentar ser lo más sincero posible, contarte mis secretos, una parte del hombre que soy y como tal, pillo.
Hace unos cuatro años que acabé mi carrera, las notas me predecían un buen puesto y el enchufe por parte de mi padre era lo ideal para que yo me presentara a la entrevista de aquel puesto que tenía ganado de antemano.
Ni que decir lo salidos que somos los chicos a esa edad, nos las inventamos todo con tal de pasarnos por la piedra a una chica, y si ella además es difícil, la apuesta es a por todas.
Todo esto viene a cuento, porque en la empresa una de las chicas mas deseadas era Diana, no muy alta, pero con una linda figura, piernas bien contorneadas, mirada excitante y unos labios gruesos mientras que a la vez le adornaban su perfecta cara, dando que imaginar las inmejorables mamadas que esa deliciosa carne me hacía idear.
Ella no era una cualquiera, lo dejaba claro su comportamiento, sencilla, amigable abierta pero en su puesto.
Lo cierto es que no era mi mujer prototipo, pero la apunté con mi mira y decidí ir a por ella, hasta que me la tirase, así de crudo y sencillo, después ya se vería.
La enamoré día a día, con esfuerzo, flores, detalles, cartas, poesías, todo aquello que le atrae a una mujer.
Por fin un fin de semana salimos, probé la miel de su boca, eran los mejores besos que me habían dado nunca, sabrosos dulces, y muy excitantes.
Lo mejor fue cuando por fin aceptó pasar un fin de semana juntos.
Para eso tardé unos 4 meses, en los que no pasábamos de roces y besos, me ponía a mil, era mi reto y tenía que lograrlo.
Cada noche era como una obsesión, me la imaginaba amorrada a mi filón y con sus ojos clavados en los míos, lo mamaba, llegaba a imaginar de que forma lo hacía, como se abombaban sus mejillas mientras la tenía en su boca.
Cada noche mi chorro de semen tenía su nombre.
Diana.
El fin de semana que estuvimos juntos tardé mucho en poder acercarme hasta sus pechos, ella muy diplomática no se dejaba así como así, lo único que lograba con esa conducta era la de acelerar y aumentar mi deseo de hombre, en más de una ocasión reprimí mis instintos con ganas de obligarla.
Pero por suerte, el último de los días me regaló parte de sus caricias, con ellas mi pene crecía, deseando revolcarla por el suelo y penetrarla sin esperar más, pero me controlaba, me costaba pero lo hacía.
Necesité esperar unos meses más para poder disfrutar de ella, lo digo así de claro porque es lo que quería.
Follarla por lo imposible que era.
Esa vez estábamos en su casa, solos, cenamos y nos sentamos a ver la tele, el reloj no pasaba las agujas no corrían, deseaba que al irnos a la cama algo parase.
Y así fue, poco más de media noche, cuando estaba cansado de esperar, comencé a besarla, sólo trataba de calentarla.
Diana, se entregó a mí como nunca, su lengua era más apasionada que de costumbre, mis manos por fin amasaron sus senos, y mi lengua los chupó.
Diana por su parte ya estaba agarrando mi pene erecto entre sus manos y lo sostenía quieto pero algo era algo.
El contacto de sus dedos en mi miembro era el no va más.
Mi lengua le perforaba la boca, mis labios le absorbían la piel.
Entones comenzó a agitar mi verga, mientras me miraba, mientras paseaba sus manos en direcciones para que mi piel notara el contacto, y mi pene escupiera.
Así lo comenzó a hacer, escupía mi líquido dando aviso de lo que venía, era mi excitación, por fin la tendía a tiro, era lo más deseado, tanto esfuerzo.
Mis manos seguían tocando cada parte de su cuerpo, esta vez ya no me rechazaba, incluso sus suspiros me pedían más.
Dejé que disfrutara con mi verga, la ayudé a que la chupara, a que la adentrara por su garganta mientras que me sentía complacido, ganada mi apuesta y excitado.
Por fin, logré penetrar uno de mis dedos, después dos, masajeándola, mientras ella gemía entre mis brazos.
Era espectacular.
Mis deseos de hombre egoísta, se cumplían, tras una larga espera la estaba haciendo mía, hasta que mi verga se colocó entre sus piernas, entre las lenguas entre las manos, pasado por delante de todos los obstáculos, penetrándola con el deseo de algo tan esperado.
Una vez que la tenía bien caliente, con las piernas totalmente abiertas a mi antojo, la penetré definitivamente, con la idea de no salir de ella hasta haber llegado a mi placer, mi cuerpo bombeaba, mis manos la empujaban con furia y fuerza, hasta que gritó, entonces mi semen se esparció por sus entrañas.
Noté como vibraba, eso no pudo con mi fuerza de voluntad y solté todo mi esperma en chorros que la quemaban.
Continué bombeando sin tanta fuerza, hasta que flácida se salió de sus entrañas, entonces con mi mano y decidido se la acerqué hasta la punta obligándola de cierta manera a que mamara lo que quedaba suelto.
En sus ojos se reflejaba su pasión y su placer.
Esa fue la primera follada, cumplí lo que me había propuesto, después de esa noche hubo otras, hasta que otra chica se me cruzó en el camino forjándome un nuevo reto.
Entonces la dejé, la dejé por otro reto.
Sé que lo pasó mal, pero son las reglas del juego.
Ella plegó de esa empresa, no sé nada ni me importa, sólo tengo vivo en el recuerdo el día que logré hacerla mía.
¿Qué esperabas?, ¿amor eterno?
Eso no existe, y la vida no es una película, yo juego y siempre intento ganar.
Una vez saciado mi ego, cambio de ficha y a comenzar.
Deseo. Año 2004.
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