
No descubro nada del otro mundo si te cuento que a bien temprana edad desperté con juegos supuestamente inocentes al sexo, todos de alguna manera lo hemos hecho, a escondidas, sabiendo en nuestra mente que aquella clase de cosas estaba de alguna manera prohibida.
Ya de niño, me gustaba jugar con niños y niñas, no tenía una tendencia determinada.
Crecí tocándome como todos y dejando que me tocaran, disfrutando de aquellos momentos de placer sin importarme el sexo de quien me ayudaba.
Pero ahora ya siendo maduro, he de plantearme que es de mi vida, no puedo sincerarme conmigo mismo o bien no quiero, sé que si mi realidad no es la que se supone se espera de mí, para mi familia sería un duro golpe.
Tengo que encontrarme y no sé como.
Hasta ahora disfrutaba. A estas alturas de mi vida, sólo deseo tener claro mi tendencia.
Mi mayor dolor de cabeza fue la primera vez con otro hombre, mi primera vez completa.
Éramos y somos amigos, una de tantas noches en las que no nos apetecía salir, una más de aquellas en las que nos encerrábamos en su casa ya que él vivía solo y pasábamos las horas jugando a la consola sin gastar un duro.
Una de tantas pero con algo especial.
Era oscuro, una tarde entrada de invierno, llovía, y decidimos salir a comprar algo para beber y comer, nos pilló de regreso una tormenta, nos caló hasta los huesos con la compra en las bolsas, corrimos hasta entrar en el portal.
Allí nos reímos mirando las pintas que teníamos, subimos las escaleras y una vez dentro, con toda confianza los dos nos quitamos la ropa mojada esperando que se secara quedándonos en ropa interior.
Fue mutuo, no me preguntes ni cómo ni por qué, sólo sé que sin pensarlo estábamos abrazados besándonos.
Las caricias eran más intensas ya que no había ropa que nos molestara.
Me excitaba el notar cómo se movía su lengua en mi boca, y esa excitación hacía crecer mi deseo y mi sexo.
Entre abrazos y besos se arrodilló y noté como me chupaba mi pene, me gustó, sentía cada roce con dulzura, cada succión, y decidí ponerme a su altura para ser los dos los que disfrutáramos.
Sé que mientras mamaba disfrutaba más que cuando sólo sentía las chupadas, era dar y recibir, excitarme con el placer que me daba y disfrutar por que sus agitaciones me demostraban que lo estaba haciendo bien, supongo que era recíproco.
Mientras aquella verga entraba por mi boca, sentí ganas de morderla, masticarla, una necesidad de hacerla mía, de entregarme a ella, de saborearla y disfrutarla, tragarme todo su jugo, exprimirla.
Deseando a la vez que me hicieran lo mismo.
Estábamos muy excitados, disfrutando de aquel sexo puro, sin compromiso, sin antes ser pactado.
La saliva resbalaba por el ano, de esa forma el roce de las gotas también ponían su parte de nuestro placer.
Dejamos de estrujarnos para estimular esa parte de nuestro cuerpo, el uno al otro mientras continuábamos mamando.
Introdujimos los dedos hasta sentir como se nos abría y se comprimía a la vez.
Después uno comenzó a meter su lengua por ese hueco y el otro le siguió, el placer estaba servido, los cuerpos hablaban solos.
Entonces me di cuenta de que lo que necesitaba era que me penetraran, que me entraran, deseaba que me follaran más que follar, me sentí como una mujer, necesitada de perforar.
Para nada pensé en metérsela yo, mi ano palpitaba llamando a esa verga mi mente quería notarla, sentirla, saber cual era ese placer tan escondido.
Sentí vergüenza de pedirlo, pero pronto ayudado con un bote de crema colocó su verga en, mi entrada, perfectamente embadurnada y resbaladiza, su pene también estaba lleno de esa crema, y por fin noté la presencia de una pieza en mi cuerpo.
Mi ano parecía querer engullirla, mientras él penetraba lentamente, bombeando cada vez un poco más.
Hasta que la alojó por completo en mi interior.
Me sentí lleno, vivo, con sentimientos, me sentí mujer.
Eso me asustó pero no me privó de disfrutar.
Entonces me agité, necesitando aquel continuo entrar y salir de mi culo, ese contacto, ese calor, esa sensación de plenitud.
Creo que me descubrí a mí mismo en el momento en que el calor que soltaba en mi interior a presión esa verga mi semen salía disparado.
Me deleité con la vista, mis huevos y los suyos casi chocaban, mis manos buscaban sus glúteos para apretarlos más, mis dedos necesitaban encontrar un hueco por donde entrar.
Creo que jamás disfruté tanto de sexo, de una penetración, del amor que representa mantener relaciones.
Esa noche acabamos durmiendo en la misma cama.
Despertamos abrazados, y no hablamos del tema.
De eso hace una semana, supongo que él está tan aturdido como yo, intentando poner las cosas en su lugar, intentando descifrar a que bando pertenecemos.
Encontrarnos a nosotros mismos.
Aún no lo tengo claro o bien no quiero tenerlo.
He de ser sincero conmigo mismo.
He de encontrarme.
Tengo que llamarle y quedar para otra cita.
Deseo. Año 2004.
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