Hace 15 años que estoy casado, la monotonía en el sexo se hace notar cada vez más.
Disfrutas con él, pero llega un momento en el que avanzas o dejas que las cosas se enfríen.
Yo no sé si es que soy algo más salido que los demás pero tenía necesidad de hacer cosas nuevas, distintas, ponerle un poco de morbo en mi vida, un aliciente, ideas, juegos cualquier cosa o fantasía, se lo comenté a mi mujer, y ella un poco egoísta me respondió que ya estaba bien como estaba, que nada de nada.
Eso me dejó un poco pensativo, yo quería algo más, y no estaba pensando precisamente en serle infiel, sólo experimentar, conocerme, estaba seguro que existían mil formas de darme placer sin hacer nada malo.
Llegó a ser como una obsesión, y por fin sin planearlo la ocasión llegó solita.
Era una noche en la que salimos unos amigos, cenamos y después entramos en una sala a bailar, supongo que la bebida ayuda, y a mí la música me encanta, siempre he dicho que nací con el ritmo dentro.
Comenzaron a sonar canciones que me hacían seguir el ritmo con el cuerpo, y me encanta bailar abrazado a mi mujer, mientras la acaricio, noto como ella se apoya en mí y me excito.
La fui a buscar, pero estaba hablando y no me prestaba demasiada atención, entonces me decidí a sacar a la mujer de un compañero que andaba ebrio por algún rincón, ella parecía estar esperando alguien que la sacara de aquel rincón y ese alguien fui yo.
No lo hice en busca de nada, sólo para bailar, la verdad es que ni me lo había planteado y menos con mi mujer delante.
Salimos a la pista, los primeros pasos eran un poco liosos, mas bien no cogíamos el ritmo, pero poco a poco comenzamos a dejarnos llevar, una canción tras otra, y cada vez el cuerpo de Rosa, estaba más cerca del mío, las distancias se acortaban, y nuestros cuerpos se unían para dar giros y meneos.
Cada vez sentía los pechos de Rosa más cerca de mi cuerpo, llegué a sentir sus latidos, y con ellos las bolas duras que se clavaban en mi piel, me excitaron, sus pezones eran como punzones intentando abrirse camino.
No me desagradaba aquella situación, muy al contrario, incluso comencé a hablarle para poder estar más cerca de su piel, ella tenía que acercarse para poder escuchar mis palabras y al hacerlo me encendía.
En un momento dado, le comenté que sus movimientos eran muy sensuales y que con ellos me estaba excitando, lo dije por que mi abultado pene se estaba clavando en su pierna y suponía que ella se daba perfecta cuenta, me respondió con una mirada pícara.
Busqué a mi mujer y la vi sentada aún hablando con el marido de Rosa, y las manos una muy cerca de la otra, me encendí y eso hizo que me fijara más en Rosa, la atraje y la acaricié, de manera que no se notara pero disfrutando sabiendo que eso era lo que ella quería y lo que yo buscaba.
La cosa se estaba calentando a límites insospechados, entonces se me ocurrió mi idea, mi desenlace y esperé tener suerte.
Me acerqué a Rosa y le pregunté que le parecería acabar la fiesta en mi casa, los cuatro ya más tranquilos, ella dijo que bien entonces fuimos a preguntárselo a nuestras parejas que aceptaron ya que la música estaba muy alta y la falta de costumbre nos hacía irritarnos.
Supongo que los cuatro queríamos lo mismo, pero ninguno se atrevía a decirlo.
Una vez en casa, comenzamos a jugar, contar chistes y anécdotas todas ellas basadas en el sexo, en relaciones, hasta que el amiente se caldeó tanto que propusimos jugar a las prendas.
Ya nos habíamos visto antes en bañador, pero he de reconocer que la ropa interior despierta otro sentido, te calienta, te excita, y uno a uno fuimos perdiendo prendas, eso era más apasionante que desnudarse de golpe imaginar, desear.
Pero llegamos a más.
Una vez desnudos fuimos concientes de que cada uno miraba justamente a la persona que no le correspondía, los cuatro estábamos calientes, creo que como nunca.
Casi sin hablar comenzamos a acariciarnos, a descubrir el contacto con unas pieles diferentes, mirándonos, disfrutando al ver a nuestra pareja gozar con otra persona delante de tí.
En ese momento no eres celoso, sólo piensas en disfrutar.
La cosa como te digo, se caldeó, pero no me gustaba la idea de ver como penetraban a mi mujer creí que eso era algo demasiado fuerte y como por mi parte deseaba follar con Rosa, no podía recriminar a mi mujer que deseara a Juan.
Opté por llevarme a Rosa hasta la habitación de invitados, ya que mi cama es muy mía no quería un recuerdo constante.
Una vez dentro cerré la puerta, cuento menos escuchara mejor, no quería ser preso de mi mente el resto de mi vida.
Dentro las cosas cambiaron, éramos sólo Rosa y yo, sin impórtarme que era lo que estaba haciendo mi mujer.
Lamí uno a uno sus senos, después ella, mamó mi verga, la chupó y estiró, mientras que escupía sobre ella dejando que la saliva cayera al suelo.
Me tenía a mil, era una boca diferente, unas manos diferentes, la deseé, y con mis caricias y mi boca, le abrí las piernas.
Entonces al ver aquella almeja no pude más y me abalancé contra ella, mi estaca estaba a pie de guerra.
Comencé a bombear, mientras que sus manos me apretaban.
Mis huevos chocaban con sus cachetes, y colocó sus piernas sobre mis hombros, esa postura era nueva para mí.
El contacto era mucho más placentero, los roces más extensos.
Mi polla estaba completamente dentro de su cuerpo, podía ver perfectamente como entraba y salía.
Aguanté hasta que ella comenzó a gemir, sus caderas se agitaban y su cuerpo entre espasmos y contracciones se endurecía totalmente rígido, eso hacía que la presión en mi polla aumentara, la bloqueaba de manera que su coño apretaba mi glande.
Estallé.
Dejé mi leche por su cuerpo, dentro y fuera, por que una vez me había corrido Rosa mamó mi polla, aún con los restos de mi leche.
El placer era intenso, era la primera vez que me la mamaban después de follar, mi mujer decía que le daba asco.
Todo un mundo de nuevas sensaciones se abría para mí, y ya ves, de sensaciones que no salen de lo normal, que están y son parte del sexo.
Amo a mi mujer, pero quiero follarme a Rosa, después hablamos mucho los cuatro, y acordamos en consentir ese intercambio de parejas cuando nos apeteciera.
Mi vida a cambiado mucho en todos los aspectos, incluso cuando follo con mi mujer lo disfruto más, no comparo, sólo que ella aprende y yo también, nos damos cosas que antes nunca hubiéramos imaginado.
Si es que se tiene que aprender, y para hacerlo lo mejor es la práctica.
Deseo. Año 2004.
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