
Intentaré sincerarme, me considero un hombre normal, ni guapo, ni feo, ni listo, ni tonto, con una verga normalita, ni grande, ni pequeña, ni larga ni corta, pero muy echo al sexo, necesito sexo todos los días y a todas horas si es posible, la gente que me rodea, sobretodo los amigos suelen llamarme pícaro por mis pensamientos, en los que sólo se puede descifrar una cosa, coño, coño, coño, dónde meterla.
Debido a el intenso tráfico llego antes a mi trabajo usando el transporte público que mi auto, por lo que es normal verme a la misma hora en la misma parada día tras día.
Mientras recorremos el camino hasta mi parada mi obsesión es la de revisar a todas las mujeres que están en el autocar, una pechos firmes, otra culo gordo, así una y otra vez, hasta que encuentro a la ideal de ese día con la que comienzo a imaginar historias y bolladuras impresionantes, mi verga comienza a amanecer de su letargo.
Tengo que decir que de alguna manera intento ligar, por lo que me acerco y si tengo suerte y es simpática hablamos un rato, a veces podemos incluso tomar un café antes de entrar en el trabajo.
Imagino que sabes como son los asientos de incómodos, más sumados al ajetreo las paradas acelerones y demás resulta que a menudo son demasiado pequeños para el cuerpo de un adulto, eso facilita mi tarea a la hora de intentar acercarme y rozar la pierna de la presa.
Más de una llegó a correrse sólo con el roce de mis dedos en sus piernas, me lo decían sus gestos.
Esta vez la presa era una chiquita de unos 20 años, muy bien vestida, unas tetas impresionantes y por lo poco que veía sentado un cuerpo de infarto.
Me senté a su lado mientras que al intentar acomodar mi chaqueta y mis cosas mis manos intencionadamente pero con disimulo, le tocaban los pechos, ella pareció darse cuenta, pero no me dijo nada, yo sólo intentaba calentar el asunto, el camino es largo y mejor bien acompañado y complacido que solo.
El tocar en sí ya me daba placer pero no existe nada mejor que una buena metida, yo continué, mientras ella no me quitaba la mano de encima, le gustaba, era muy temprano para pensar en sexo, pero por lo visto la chiquita era tan ardiente como yo.
En un momento dado, su cuerpo se tensó, mientras estrujaba mi mano, entonces tapándola con su chaqueta atrapó mi sexo entre sus dedos por encima de mi pantalón y comenzó a agitarlo, a apretar mis genitales mientras yo ya tenía mis dedos rozando su sexo separados por las medias finas, el tacto era impresionante, el calor que salía de su sexo me ardía en las manos.
Lo excitante de la situación, era que continuábamos hablando sin que nada de lo que hacíamos se notara, a menudo callábamos para tragar saliva pero continuábamos respondiendo cosas incoherentes, sin sentido, mientras el roce era continuo, incesante.
Yo necesitaba más, mucho más hasta que con las uñas rasgué sus medias dejando paso a mi dedo, ahora sólo me quedaba traspasar la barrera de las braguitas.
Ella por su parte bajaba la cremallera de mi pantalón, metiendo la yema de su dedo hasta encontrar mi glande y nunca mejor dicho, porque estaba muy grande, no me faltaba mucho para estallar, el placer acompañado por las sensaciones del momento, los ajetreos, la gente que no se enteraba, mi mano adentrándose por sus bragas, mi dedo penetrando su mojado sexo.
Así continuamos unos minutos, hasta que alguien de al lado pareció darse cuenta.
Pero no nos hizo cesar, muy al contrario, el pobre hombre sudaba, mientras le crecía el bulto entre las piernas, no tardó en colocarse algo encima y se notaba como se estimulaba mirando nuestras manos tapadas penetrando por las ropas.
Ella miraba mi cara mostrándome la lengua, como quien dice; esto es lo que te podría hacer.
Yo la miraba penetrando aún más mi dedo que ya eran dos por su raja, mientras por su parte reclinaba su trasero para facilitarme el trabajo.
Entonces comencé a tocarle el ano, sus dedos rodeaban mi verga, mientras la sacudía de abajo arriba, la estiraba y jugaba con la punta, cada vez que ésta escupía, lubricando el miembro.
Me olvidé por completo del hombre que se estaba peleando al lado, mientras que nos espiaba de reojo.
Era tal mi placer y el de ella que abrió su ano para que yo me introdujera a explorarlo en aquel asiento.
Y así lo hice, entré un dedo sin dejar de penetrar en su raja, después dos, de forma que mi mano estaba repartida en dos dedos por cada hueco y uno en su clítoris, gemía, silenciaba sus gritos y mojaba mi mano, hasta que yo dejé salir mi leche, y eso aumentó el movimiento de su mano, la ayudó a continuar con los movimientos, y entonces un gran chorro que salía de su interior me mojó por completo.
Lentamente salimos de nuestros escondites, ella me ofreció un pañuelo de papel y como pude me limpié, mientras hacía lo mismo.
Nos miramos como si con aquella mirada quedáramos para la mañana siguiente y en escasos minutos llegamos a mi parada, yo me bajé, ella continuó.
Pero al día siguiente estaba en el autobús, guardándome el sitio, y el hombre de al lado en el mismo lugar.
Bueno, eso quiere decir que si quieres sexo en cualquier parte lo encuentras, a menudo no somos conscientes de lo que pasa a nuestro alrededor.
Estoy seguro de que a partir de ahora, te fijaras más.
Mañana es sábado, tendré que esperarla hasta el lunes, es para mi una rutina.
Deseo. Año 2004.
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