
Sé que lo que voy a contar, se sale de lo normal, pero me he atrevido simplemente para demostrarme a mí mismo que dentro de lo malo, no lo es tanto.
Soy casado, ahora padre de una hermosa niña de 5 años y un varón que está en camino, durante el primer embarazo de mi mujer, apenas manteníamos relaciones, no iba del todo bien y el médico le recomendó reposo, yo la respeté, pero como hombre joven que soy necesitaba desahogarme, amo a mi mujer ante todo, no quiero confusiones, pero después de 4 meses de abstinencia, mi mente me comenzaba a traicionar.
Por aquel entonces mis suegros se separaron, eso fue un trauma, y mi suegra, mujer madura de unos 50 años, se trasladó a casa unos días, para intentar tranquilizarse y para cuidar de mi mujer en mi ausencia.
Mi suegra, llamémosla Gloria, era una mujer bien cuidada su economía le permitía ese y otros lujos, su cuerpo delgado le hacía aparentar unos 10 años menos de los que tenía, y eso se notaba en las miradas de deseo cuando salía de compras.
Continuo con mi relato.
Una tarde mientras mi mujer estaba estirada descansando y yo aprovechaba para ducharme, refrescarme y a menudo para serenar mis interiores con unas manualidades, apareció mi suegra, Gloria que normalmente a esas horas siempre estaba de paseo con alguna amiga, pero ese día precisamente no.
Yo tenía en mente ponerme cachondo con la tele y después saciarme como un loco en el aseo, pero al verla aparecer mis ideales se veían anulados.
Ella pidió permiso para poner un canal en el que retransmitan una telenovela, yo mirando el diario de deportes, le indiqué con un gesto de cabeza que adelante, pues bien amigo.
Resulta que en esa dichosa telenovela de no sé donde, las escenas de actos sexuales se repetían.
Yo estaba a mil.
Mis ojos se fijaban más en la pantalla que en mi tema de deportes, mi verga crecía entre mis piernas y recuerdo como luchaba para taparla pero sin dejar de mirar.
Gloria, sonrojada me comentó que nunca era así, que vaya por Dios con el capitulo de ese día, me preguntó que si me molestaba la apagaba.
Me descubrí a mi mismo respondiéndole a mi propia suegra que tal vez necesitaba verlo, y comencé a hablar de mi poca vida sexual.
Hasta que reaccioné y callé.
Ella se acercó hasta mi lado y me tranquilizó, comentando que imaginaba lo que era, ya que ella también tuvo una hija.
Gloria comenzó a contar el tiempo que hacía que ella no se había acostado con nadie, su mirada era de nostalgia.
Y nos adentramos en un tema de fantasías y erotismo impresionante, yo admiraba la naturalidad con la que ella hablaba.
Su serenidad, su manera de explicar cada cosa, mi verga crecía hasta que asomó su cabeza, ella mirándome me dijo en tono irónico y con una gran sonrisa; creo que alguien nos está escuchando, asustado miré hacia la puerta de mi habitación donde dormía mi mujer, pero al girar otra vez mi cabeza tranquilizándome al ver que estaba cerrada su dedo me señalaba la parte inferior de mi cuerpo.
Alguien comenzaba a escupir.
Lo siento, es lo único que pude decir, ¿tonto verdad?
Su mirada de hielo ardiente se clavó en mis pupilas, y sin darme tiempo a tapar mis intimidades, ella reclinó su cabeza y con un ligero suspiro dijo; todo queda en familia.
Comenzó a lamer mi glande mientras este escupía de emoción, muchas veces había soñado con esa escena, pero jamás pensé en que fuera real algún día.
Más excitante era saber que mi mujer dormía a escasos metros, me olvidé y comencé a meter mi mano por entre las duras piernas de Gloria, el calor que me producía aumentaba mi deseo de metérsela.
Pero ese no era el mejor lugar.
El sonido de su saliva chocando con mi pene me hacía marear, mientras mi dedo ardía por el calor que desprendía su interior, su sexo, su bien depilada vagina.
Poco después eran dos de mis dedos los que entraban y salían.
Deseaba, meterla como fuera.
Entre mis suspiros callados, le pregunté que si me acompañaba a la cocina, pues quedaba más alejada, ella sin dejar mi verga de sus manos me levantó y comenzamos a caminar.
Una vez allí, la tumbé sobre la mesa abriéndole las piernas con fuerza y así la penetré, una y otra vez, mi cuerpo bombeaba, mientras sus senos tapados por la ropa saltaban felicitando mi actuación.
Mi abstinencia no me dejó mucho tiempo para bombear, y al primer síntoma de su humedad me dejé vaciar exprimiendo todo de mi interior en su vagina.
Ella gemía de placer, la falta de sexo por parte de ambos nos ayudó.
Al acabar, yo estaba ruborizado por lo que acababa de hacer, Gloria, me miró con esos ojos serenos y esa sonrisa de paz, mientras me decía; la próxima vez me gustaría que te raparas los genitales, puedo hacerte maravillas.
Al día siguiente sin apenas dormir, al ducharme me afeité mis partes, esperaba una continuidad de lo que el día anterior habíamos comenzado.
Esa tarde también hacían telenovela y ella se sentaría a mi lado sin salir con alguna amiga, en casa se estaba mejor.
Deseo. Año 2004.
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