
¿Y por qué no abrirme y contarte mi primera orgía?
Me apetece, es algo que está a la orden del día y que nadie cuenta, de lo que nadie habla, a menudo me pregunto lo idiotas que somos.
Hace unos años, me adentraba por las redes de Internet, como una posesa, realmente enganchada, eso ya pasó, suele ser siempre la primera época al conocer este mundo.
Poco a poco nos unimos gente de muchas ciudades, muchos de la misma, otros más lejanos, pasábamos horas y horas chateando, se podía decir que nos conocíamos de toda la vida.
Dejé de salir con mis amigos para encontrarme con mis citas por el ordenador, mi vida rondaba entorno a los chat, las frases y algún chico espabilado que me tiraba los tejos, eso sí que era una droga.
Llegó un día en que medio de broma y medio en serio se comentó algo de una kedada.
Quedó en el aire, sólo fue una idea, que poco a poco tomaba forma en nuestras mentes, en nuestras conversaciones, hasta que se le puso fecha y hora, más unas condiciones del que la organizaba ya que lo demás era secreto.
La mayoría de los que vivíamos cerca quedamos, éramos muchos, algunos teníamos idea de cómo eran por foto, pero del resto ni eso, los más decididos nos apuntamos, siguiendo las normas que recibimos en secreto y por e-mail.
Quedó claro que iríamos en un autocar alquilado, iría parando en las direcciones que le dábamos, marcando una ruta en dirección al lugar donde nos reuniríamos todos, era secreto.
Eso me excitaba, yo revisé, más de una vez mi correo, tenía que llevar una falda corta de color negro, camisa abotonada y corbata, más unos calcetines, que me dieran pinta de colegiala.
Mi imaginación iba más allá, imaginé que era una fiesta de disfraces, y me tomé mi papel muy en serio.
Llegó el día señalado, a medida que se acercaba la tarde, mis nervios afloraban, me encerré en mi habitación, lógicamente nadie sabía nada, ya que no me dejarían tachándome de loca, y lo único que pretendía era conocer a un montón de gente que eran mis amigos.
Entré en mi ducha, poco después de colocar la ropa sobre la cama, aquel vestuario que hacía días miraba una y otra vez.
Me relajé bajo el agua, la espuma y su aroma me mandaron por unos segundos a otra parte, pero no lo suficiente como para tranquilizarme del todo.
Cepillé mi melena mojada, mientras veía mi rostro reflejado en el espejo.
Peiné la espesa mata de pelo formando dos colas, bajo mis orejas, después hice trenzas, no me acababa de gustar, hasta que me recogí sólo la parte delantera con una goma, dejando una tímida coletilla que atrapaba mi flequillo en la cabeza.
Me daba un aire, más sensual, sin salirme del papel.
Parecía más yo, estaba decidido, me vestí, con lentitud, mi tanga era quizás demasiado provocativo para mi vestimenta, pero hacía años que lo usaba y me sentía cómoda por lo que opté por ponérmelo, quizás esa noche conociera a un chico y en fin …
Mis calcetines sacados del cajón de los recuerdos, doblados bajo mis rodillas, una falda plisada no era negra pero si colegiala, y mi blusa, con la corbata.
Me maquillé ligeramente, resaltando mis encantos de mujer, sólo eso, los ojos y un poco de brillo en los labios, después una brochada de colorete.
Cuando miré el reloj, me di cuenta de que se me hacía tarde, ya que no fui tan tonta de dar mi dirección y tenía que caminar unas cuantas calles hasta llegar a la parada acordada.
Una chaqueta tapó mi ropa, mientras que en mi bolso, un paquete de tabaco, el dinero para pagar la fiesta, dos condones, que siempre los llevo, y poco más.
Esperé un poco, dos personas más estaban en el mismo lugar, pero no pregunté ya que sus caras no me sonaban.
Pero era evidente que éramos del mismo grupo, al acercarse el autocar, los tres nos abalanzamos en dirección a la puerta, entonces nuestras miradas se dedicaron una sonrisa de complicidad.
Una vez dentro, nos saludamos presentamos y besamos, caras de asombro entre unos y otros ya que no nos reconocíamos, risas, y alguna lágrima de felicidad.
El ambiente cambiaba por momentos, pronto nos soltamos y comenzamos a romper el hielo, las primeras parejas se formaban entre parada y parada.
El autocar entró por una gran puerta, parecía un gran almacén, mi cuerpo temblaba, el rollo era muy bueno, pero me daba un poco de miedo todo aquello, tras cerrarse la puerta a nuestras espaldas, fui consciente de que esa situación no era normal.
Pronto se pasó.
Bajamos con prisas, pero tranquilos, no había demasiada luz, pero sí la suficiente como para vernos las caras.
Pronto las parejas se unieron y comenzaron a verse los primeros besos caricias, lengüetazas, yo me mantenía sola, y a la vez con todos.
La fiesta se disparó apenas sin darme cuenta, los cuerpos desnudos de los miles de disfraces no eran más que un arma para excitarnos, hombres con mallas ajustadas, mujeres sexys.
Todo conducía aún mismo lugar, sexo, sexo y más sexo.
Cuando esa idea martilleaba mi mente es cuando vi claramente como entre ellos se besaban, algunos ya estaban haciendo el amor, unos con otros, dos vergas en un mismo hueco, dos bocas en una misma verga.
Parada miraba, hasta que una mano que subía por mis piernas me hizo darme cuenta que yo también formaba parte del juego.
Reconozco que no era lo que esperaba y salté intentando alejarme, eso sólo me hizo caer encima de un chico que sin darme tiempo me agarró y con la lengua apartaba mi tanga metiéndola por mi raja.
Quería salir, pero el contacto, el calor me hacían quedarme quieta disfrutando de aquel masaje vaginal.
Entonces miré a mi alrededor, viendo como unos y otros disfrutaban de sus sexos, mi cuerpo estaba entonces acariciado por más manos, la lengua del chico entraba, mientras mi ano ya estaba llenos de dedos que lo perforaban, era un cúmulo de sensaciones.
En uno de mis gemidos, alguien aprovechó el abrir de mi boca para acomodar su pene en ella, estirando de mi cabeza, que me empujaba a su ritmo, entrando y saliendo.
Me corrí en ese momento, la polla que penetraba mi vagina estalló pero en mi espalda, manchándome la ropa, pero dejando rastro de su paso por mi espalda, un rastro que no tardó en desaparecer, la hábil lengua de otra chica se acercó y la chupó toda, ese otro contacto, me encendió una vez más, ella con su lengua, mientras yo mamaba una verga desconocida, ese calentar y su aliento acercándose a mi ano.
Me costaba respirar, pero me gustaba, era de locos, creí que eso ya me había pasado.
La chica, entraba su lengua por mi ano, cada vez más, mi cuerpo rodaba, se contraía, mis labios apretaban ese pene y lo comprimían, estalló en mi garganta.
Me dieron arcadas, pero en pocos momentos el sabor seco, el aroma a fresco esperma me gustó, se convirtió en mi droga aquella noche.
Intenté escapar para poder tomar un poco de agua.
¿Quieres más? La noche era muy larga y esto es sólo el principio.
Aquello era un amasijo de cuerpos por todas partes, el olor a sexo encendía la adrenalina, miraras donde miraras, el semen los flujos, penetraciones, mamadas, lengüetazos, gritos, podía ver de cerca como se la metían a una chica dos a la vez, al igual ver como las lenguas de dos chicos se unían y dejaban el rastro de un hilo al separarse.
Te aseguro que era el sexo en su más puro estado, imaginaba que éramos primitivos, me metí en ese pensamiento, adentrados en nuestra cueva una noche de luna llena, mientras los lobos aullaban, y la lluvia caía, sí noche tras noche, alumbrados por la tímida luz de las llamas del fuego a tierra.
Sentí no haber vivido en esa época, sin tantos miramientos, libre, deseosa de ser poseída, sin horarios ni condiciones.
Estaba arrodillada en el suelo, cuando un chico pasó caminando delante de mí, era la polla más grande que había visto nunca, se acercaba balanceándose, majestuosa, erecta, el glande mostraba su magnitud, y justo al pasar por delante de mi cuerpo, alcé mi mano, la atraje y comencé a alimentarme de ella.
Mis dedos colocados en sus huevos, mientras mi lengua la recorría, midiendo así su longitud, mi conejo, palpitaba al tener semejante aparato entre manos y boca, mi saliva era la encargada de lubricar para que mis resecos labios pudieran entrar y saborear cada riñón de aquella pieza de museo.
Otro cuerpo se arrodilló imitando mi posición tras de mí, mis pezones comenzaron a ser pellizcados, eso me producía dolor, pero pronto pasó a ser placer, mientras crecían en esas manos extrañas, mientras mis pechos se redondeaban al contacto, mi boca no dejaba de trabajar, entraba y salía, dando calor a aquella verga enorme.
Me excitaba mucho verla, notar como aún crecía más dentro de mi boca.
Esas mismas manos que apretaban mis senos se agarraron a mi cintura, y me doblegaron hasta lograr poner mi cuerpo a cuatro patas.
Yo no solté aquella verga en ningún momento, sólo me sujeté con una mano evitando una caída.
Pronto noté una vez más lo que tanto deseaba, una lengua en mi culo, el aliento acercándose, eso hacía que mi ano se dilatara.
Creí que era un dedo el que lo estimulaba, mojado, me penetraba tranquilo, salía y entraba cada vez más mojado, me estaba tanteando, era mi primea vez por aquel lugar.
Pero me dejaba, la influencia de la masa, el mirar de mi vista, la estampa de tantos cuerpos desnudos, los ruidos, el olor a sexo, incesto, prohibición, me ponían a mil.
Chupé con más rabia el pene que ocupaba mi boca, éste se apartó para que otro algo más pequeño se acecara a degustar mis lametazos a la par.
Ahora eran cuatro manos las que dominaban mi cabeza, me sentía totalmente sumisa, pero me gustaba.
Sin esperarlo algo punzante se me clavó por el trasero, de golpe, cerré mi boca ante el dolor.
Apreté mis dientes, haciendo sangrar una de las pollas que estaba lamiendo, pero su gesto fue más de placer que de dolor. Yo me puse en tensión, eso me hacía apretar el culo, me hacía daño, me dolía, pero no podía gritar, mi boca estaba ocupada.
Hasta que lentamente, cerrando mis ojos, siendo consciente de que no podía escapar, me relajé, comencé a notar el vaivén de la verga que me estaba rompiendo el culo.
Mi estrecho hueco notaba cada una de sus venas, llegó el momento en que el dolor se unía con una especie de escozor y ardor, inexplicable pero me hacían pedir más, mientras mis caderas saltaban ayudando a que aquella pieza no saliera de mi cuerpo.
Una de las vergas, la más grande, escupió su leche por toda mi cara, mientras cegaba mi vista, con el glande la recogía y la introducía por el lateral de mi boca, mientras que la otra continuaba bombeando.
Algo me hizo estremecer, una nueva cabeza, a la que no podía ver, estaba bajo vientre, su lengua se apoderó de mi vulva, notaba como irritaba mi clítoris, lo agitaba de un lado al otro, sin dulzura, de forma salvaje, era lo que estaba pidiendo mi cuerpo, como pude, me di cuenta de que aquella lengua pertenecía a una chica.
Asomaban hilos de sangre en la comisura de sus labios, no entendía, hasta que reaccioné, era mi propia sangre, mezclada con mis flujos, me estaban reventando el ano, entre placer y dolor.
La segunda polla estalló, pero ésta lo hizo dentro de mi garganta, esta vez me lo tragué todo mientras clavaba mis ojos en los suyos, él apenas podía verme, con las convulsiones dejaba los ojos en blanco, sin mirar donde ponía la punta.
Yo necesitaba dar tanto como recibir, por eso buscaba agitando mi cabeza aquel glande que se me escapaba, para cerciorarme que disfrutaba con el final de mi mamada, mientras que dentro de mi boca, él notaba como ¡mi nuez tragaba su semen!.
En ese momento, mi clítoris estalló, noté como por mis piernas resbalaba agua, algo más espesa pero que mojaba mi piel y la cara de la chica que me chupaba.
Mi culo, se llenó, lo noté completo era la otra verga que también descargaba en mi interior sus jugos.
Me costó mucho tranquilizarme, volver a mantener el ritmo de mi respiración, pero lo logré.
No teníamos tregua, si te dormías, te violaban, la única solución de descansar, era esconderte como podías, y así lo hice, me escapé como pude metiendo mi cuerpo bajo la mesa, entonces me miré.
Estaba la mayor parte de mi cuerpo brillante y a la vez mate, era la leche reseca en mi piel, el tacto era enganchoso, mi cuerpo desprendía mil olores diferentes, pero los gemidos amartillaban mi mente, me sentía poseída por el ruido, el olor, era mi droga, quería descansar, mientras que mis piernas luchaban por salir de mi escondite.
Era una locura, una locura muy placentera, en esos momentos sólo pensaba en gozar, pero no tuve en cuenta el estado en el que me quedaría al acabar la fiesta, que por cierto aún no sabía ni la mitad de los nombres con los que me había mamado, por que ni tan siquiera cruzamos palabra.
La noche continuó, pero quizás tenga que contarla en otra ocasión.
Sí, sé que es lo que está pasando por tu mente, es real, esas situaciones existen y más cerca de lo que crees, y seguro que con mucha de la gente que te rodea.
Yo ahora no entro tanto en los chats, no es necesario, ya tengo mi grupo de gente, y ¿sabes? Soy de las veteranas, eso me da algún poder.
Ahora piensa, si te apetece, sólo tienes que dejar una firma en el libro de visitas con tu dirección, puede que tengas noticias mías, te aseguro que en plan zorra, soy de lo mejorcito.
Deseo. Año 2004.
No hay comentarios:
Publicar un comentario