
Antes de nada, déjame que me presente, me llamo Julián, tengo 35 años y estoy casado, no tenemos niños por ahora y la verdad no sé si los tendremos algún día, supongo que sí, pero es que Nuria mi mujer y yo, tenemos otra perspectiva de la vida.
Hoy por hoy, somos una pareja muy liberal, abierta a toda clase de experiencias, por eso, y según podemos escuchar de los comentarios de nuestros amigos que son papás, tenemos claro que por ahora y mientras el cuerpo funcione queremos disfrutar de él, si se nos hace tarde para tenerlos naturalmente, existen otro métodos, la idea es la de quemarnos disfrutando hasta que el cuerpo aguante.
Tan fuerte es nuestra atracción por el sexo que estoy seguro que disfrutaras leyendo una parte de mi vida.
Para que me conozcas un poco.
No nos importa tener invitados en nuestra pareja, la última vez, recuerdo que entró en casa una vendedora estábamos los dos, Nuria y yo, la tía estaba muy buena, rubia, ojos claros, un cuerpo de vicio y ya sabemos como visten las vendedoras ¿no?, ¿hace falta que te cuente más?
No hace mucho, tenemos calefacción y como la mayoría del tiempo que estamos juntos, lo hacemos juntos, je, je, ¿entiendes? pues tenemos la calefacción a unos 21 grados así podemos ir ligeritos de ropa.
Lidia, es como se llamaba la vendedora, comenzó a sudar, yo también, mi entrepierna ardía, y Nuria no tardó, al ver como se quitaba la chaqueta Lidia con la excusa del calor, los tres estábamos ardientes.
Nuria, no es tonta, y me conoce mejor que mi madre, ella sabe lo que me gusta o no, sabe acertar en cualquier momento.
Comenzó a acariciarme mientras que la otra atónita explicaba su enciclopedia.
Nuria, la picaba preguntándole cosas sobre sexo, si alguna parte del gran diccionario se centraba en el sexo, en las posturas, o si tenía una parte del Kamasutra.
La pobre temblaba, supongo que de excitación pues parte de mi verga estaba ya a la vista, Nuria la tocaba sin cesar.
Los dos nos dábamos perfecta cuenta de las vueltas que daban los ojos de aquella desconocida, la estábamos poniendo en un apuro, pero bien mirado, nosotros estábamos en nuestra casa y somos libres de hacer lo que queramos.
Cuando Nuria comenzó a chupar mi glande, mi cuerpo se agitó, con una señal, la invité a que se acercara, Lidia lo hizo, extrañada pero muy excitada, mis manos dejaron sueltos sus pechos mientras que mi boca los mamaba, ella miraba la mamada de mi mujer, y se dejaba calentar por mi boca, después nos desnudamos los tres, sin vergüenzas, y al tocar el mojado conejo de la vendedora fue cuando me di verdadera cuenta del estado de su excitación.
Sus piernas se abrían solas ante la presencia de mis manos, me di cuenta de que se reprimía las ganas de chuparme, y aparté a mi mujer.
Lidia, se arrodilló delante de mí y comenzó a mamar, a chupar, yo llegué a apoyarme con los brazos en el sofá mientras ella estaba debajo, chupando, me excitó mucho ver mi gran polla, porque le cabía entera en la boca.
Ni mi mujer había logrado nunca metérsela entera, ella sí, pero me gustó mucho más el notar como Nuria abría mi culo y metía su lengua por mi ano.
Me estaban mamando por el ano y la polla.
Sentía cada sensación de forma diferente, era la primera vez que dos mujeres se dedicaban por completo a mí.
Tuve que apartar la cara de Lidia, notaba que mi leche llamaba para salir a presión, estaba tan entusiasmada que me costó separarla, pero mi ano continuaba siendo penetrado por la lengua de mi mujer, el placer que me daba era indescriptible.
Aproveché para meterle un dedo a Lidia por su chorreante conejo, después dos, y tres, hasta meterle el puño entero y ella se abría aún más para mí, comenzó a temblar, su cuerpo sudó de manera fría, su cara emblanqueció, y me pedía más, mientras yo agitaba mi mano entera dentro de ella.
Me mojó de tal forma que sus jugos resbalaban por mi codo, entones me di la vuelta, y les ofrecí mi polla a las dos, el ver como se peleaban por chuparla me puso a mil.
Dejé que mamaran, que disfrutaran, para después encular a mi mujer.
Lidia no se estuvo quieta y entonces fue ella la que sentada bajo mi cuerpo estiraba su cuello para chuparme el ano, yo follaba y ella me lamía.
Aguanté hasta que Nuria comenzó a gritar.
Después salí y les di mi leche a las dos, arrodilladas delante de mí, ahora una y después otra.
Las babas que nos unian me calentaba una vez más, agotado me senté en el sofá y recargué pilas mientras continuaban mamando y acariciándose entre ellas, se chuparon el coño la una a la otra, y después Lidia se sentó encima de mis rodillas, con su culo mirándome a la cara, le rompí el ano, lo sé porque primero gritó de dolor y después lentamente comenzó a cambiar el ritmo de sus saltos y de su respiración hasta que disfrutó.
Nuria se sentó encima de mi boca, lamí cada rincón de su conejo depilado.
Las dos se fueron a la vez, me llenaron de líquidos.
Y ese contacto mojado me hizo correrme por segunda vez, solo que esta vez en el culo de Lidia.
Estábamos cansados.
Lidia miró su reloj y con una rabia clara comentó que se tenía que ir.
Al despedirse nos guiñó un ojo mientras decía.
Creo que pronto sale otra edición, la semana que viene vendré a presentárosla, ¿os apetece?
¿Qué si nos apetecía?
Tú misma chica, yo he disfrutado y tú no veas, Nuria está complacida, ven cuando quieras.
Uffffff, eso si que es una buena follada.
Solemos tenerlas a menudo, ahora supongo que entiendes el por que los niños pueden esperar, esa libertad no la tendríamos con tan solo uno de ellos correteando por casa.
Preferimos vivir y ya tendremos tiempo de adoptar o de crear por otros medios.
Deseo. Año 2004.
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