sábado, 5 de junio de 2010

Ausencia ¿de quién?



Imagínate, si ya es bueno pajearte, pues mejor es que te pajeen ¿no?

Si a mi con lo macho que soy me lo cuentan, me hincho a reír.

Mira, digo, lee, tan sencillo como una salida de esas de grupo, en la que te toca compartir habitación con no sabes quien por eso del precio más barato, total.

Que hacía mucho tiempo que tenía ganas de salir unos días fuera de mi ciudad, la verdad es que mi trabajo el pago del alquiler y todos los otros gastos no me permiten pasarme de la raya, pero ya estaba cansado de vivir para trabajar y no disfrutar nada.

Por eso cuando me salió la oportunidad, me costó pero al final me decidí.

Era una salida de 4 días y tres noches, no tenía ni idea de con quien me correspondía compartir la habitación, estaba claro que no sería con una chica, pero no descartaba que alguna fuera sola como yo y acabáramos entre las sábanas que falta me hacía sentir un cuerpo femenino cerca, tenía callos de tanto pajearme.

El trayecto fue corto, la verdad es que eso de acomodarte y que te paseen, no está nada mal.

Llegamos al lugar, salimos del autocar y agarramos las maletas, en mi caso era solamente una bolsa de deporte de esas grandes, entramos y nos reunieron en una sala, donde nos llamaban por el nombre, allí se asignaban las habitaciones.

La verdad es que estaba impaciente y a la vez no me apetecía conocer a mi compañero, pero por fin escuché mi nombre.

Ante mi asombro se me comunica que mi compañero no está que llegará con otro autocar ya que él viene de otro destino diferente, bueno, solo conocía su nombre, la parte buena es que fui el primero en subir y elegir cama.

La más cercana al aseo y a la ventana.

Nada, ni rastro era ya bien entrada la noche cuando aún estaba sólo en la cama.

Salí a tomar unas copas y conocer el lugar, pero nada, ninguna chica que estuviera dispuesta a acercarse a mí.

Aburrido y maldiciendo mala suerte regresé a la habitación, aún no había indicio de que nadie hubiera entrado por la puerta, me encendí un cigarrillo, y poco después entré en el sueño.

Aún no tenía mi sueño profundo cuando un ruido en la cerradura me despertó, era una sombra alta, delgada, pero de hombre, lo saludé y el respondió disculpándose por despertarme.

No te preocupes, nos presentamos como hombres y extendimos las manos para chocarlas.

Comenzamos una charla el muchacho llamado Gabi, me preguntó si me molestaba que se duchara, por el ruido y eso, la verdad es que no, aquella compañía que al principio antes de conocerla no me parecía bien ahora me ayudaba a pasar malos momentos, porque era tarde que si no le hubiera propuesto salir de copas.

Esperé escuchando el agua caer y después apareció con tan sólo una toalla enroscada en su cintura, la luz estaba encendida, por lo que le pude ver bien la cara.

Aparentaba tener menos edad de la que decía, y su cuerpo era como el de un niño, por que soy hombre pensé.

Comenzamos a hablar, lógico acabar en temas de sexo, él contaba experiencias con su novia y yo me las inventaba para no parecer inferior.

Hasta tal punto de que mi verga comenzó a excitarse, Gabi, mirándome me dijo:

- Oye, alguien quiere entrar en conversación, ¿la dejamos?

Tardé unos segundos en reaccionar y cuando lo hice nos reímos mucho.

- Uno que está falto de cariño le indiqué.

Mi verga estaba muy grande, me pedía que la tranquilizara pero no era el momento, Gabi, sin ningún pudor, (le agradecí ser tan claro y no tener pelos en la lengua), me tranquilizó, y agarró su sexo entre sus manos, supongo que mis mejillas estaban al rojo vivo, él decidido comenzó a acariciarse su sexo hasta estar igual que el mío.

- ¿Ves? ¿Ya somos dos, le ponemos solución a esta llamada?

- No estaría nada mal respondí, pero me da no sé qué, yo estas cosas las hago a solas.

- Tranquilo, mira te propongo una cosa, yo te pajeo a tí y tú a mí, así será diferente.

- No sé, es que yo soy muy mío.

- Tranquilo cierra los ojos.

Entonces comencé a notar sus manos en mi pene y ese contacto me gustó, abrí los ojos pasada la vergüenza y agarré su verga grande entre mis manos, su glande me miraba no estaba nada mal de tamaño.

Pero él llegó un poco más allá.

- Ahora que estás así de caliente, ¿qué te parece si y te la chupo y tú me la chupas?

- Eso ya es demasiado, Gabi, no sé si seré capaz.

- Todo es empezar amigo.

Y con esas últimas palabras se acercó y con su lengua la pasó por mi glande, yo intenté hacer lo mismo pero sentí asco, no pude, continué acariciándolo, estirando su piel, hasta que el deseo de lo que me estaba haciendo sentir, me tenía tan encendido que me sorprendí a mí mismo mamando aquella verga dura, sus gotas me gustaron y no me aparté, tal era mi concertación que lo hice estallar delante de mis ojos, vi como salía sus chorros, entonces más tranquilo me relajé y disfruté de cada una de sus mamadas, de sus succiones, me olvidé que su cuerpo era de hombre y disfruté.

La verdad es que él era todo un experto, deducí que no era la primera vez y me gustó, disfruté, me dejé llevar por mi estado de placer hasta que estallé apenas sin darle tiempo a salir.

Para mi era mi primera vez, y no la última, esa noche me quedó claro que si no encontraba un buen conejo donde meterla por lo menos no me mataría a pajas.

Lo cierto es que ya no siento asco, es más he de decir que pongo todo mi empeño en hacer que el otro disfrute.

Así pasamos las tres noches, mamando el uno del otro, y no noté la ausencia de ninguna mujer.

Deseo. Año 2004.

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