
Tengo muy buena relación con mi familia, en especial con mi hermano Carlos, dos años menor que yo, a menudo se presenta en casa sin previo aviso y organizamos fiestas entre chistes porros y algo de alcohol, como yo estoy casado y no tenemos niños, si la turca es tan fuerte, Carlos se queda a dormir en casa.
Una de esas noches le tenía preparada a mi mujer una sorpresa, una buena botella de vino bien frío, una película, fuerte, (tú ya me entiendes). Y mis partes bien rapaditas, con la intención de que se excitara y que ninguno de mis pelos rizados molestaran en la mamada que esperaba.
Era la hora de cenar, sonó el timbre de la puerta, era Carlos, como tenemos confianza, Merche, puso la mesa y cenamos, poco después ella preparaba café y Carlos el porro de rigor en el salón, y yo, por no estarme parado, buscaba el inicio de la peli en el video, pero eso sí puesta a punto, saltando todo el párrafo de letras.
Antes de que Merche, apareciera con la bandeja y el café, nosotros ya estábamos dándole caladas al asunto.
Mi hermano y yo nos podíamos controlar, pero Merche es otra historia, le da por reír, decir tonterías y bueno es toda una fiesta, aparte de lo cachonda que se pone.
Por fin nos sentamos los tres, un sorbo al café y las miradas cómplices con la colilla del porro en la mano, le tocaba a ella.
Merche, fumó, en ese momento empezó el efecto, yo encendí el video, y por fin las escenas de sexo se comenzaban a divisar en la pantalla sin argumento alguno.
Imagino que Merche estaba cortada, por la presencia de Carlos, ya que esa noche decía más tonterías de lo normal.
La pantalla se animaba, eran tres, dos chicos y una chica, entre los dos hombres no dejaba una sola partícula del cuerpo de ella sola, miré a Merche, que parecía totalmente hipnotizada con aquellas escenas, yo que la conozco, me di cuenta de que lo estaba pidiendo a gritos.
Por lo que disimuladamente, mi mano pasó por su espalda de modo que mis dedos rozaban sus pezones, mi hermano se daba perfecta cuenta, ya que ella estaba justo en medio de los dos.
Cuando las dos pollas la penetraron, dejamos escapara algún comentario al que Merche medio sin estar por lo que decía, dio su parecer sobre lo que veía, dejó escapar que no estaría nada mal que se lo hicieran a ella, que le gustaba esa peli, por que no era la típica que la mujer se trabaja al hombre y ya está.
Eso me animó a preguntarle si ella sería capaz de hacerlo con dos, dejándome parado su respuesta.
Decía que no se lo había planteado, pero que ahora que lo acababa de ver, lo cierto es que la tía se lo tenía que estar pasando pipa.
Vi como Carlos, la miraba con deseo, siempre gastábamos bromas, pero nunca pensé que se llegara a más.
Poco después fui a la cocina a preparar una dosis de palomitas en el microondas, eso eran unos cinco minutos.
Cuando entré una vez más en la sala, después de comprobar el estado de mi verga mientras esperaba junto al micro que las palomitas petaran, me quedé de piedra, primero una sensación de asco me llenó, después rencor, para finalmente darme cuenta que lo que veían mis ojos me excitaba más que la película.
El cuerpo de Merche, estaba demasiado cerca de el de Carlos, tanto que escuché el sonido de la saliva escapándose, al succionar ella con la boca la verga de mi propio hermano, el culo de Merche me llamaba a gritos, se balanceaba aún con su tanguita puesto, de un lado a otro, de arriba abajo, hasta que sus ojos se giraron y vi la cara de una mujer deseosa de juerga, de viciosa, esa no era la Merche, que yo conocía, pero esa expresiones sus labios, y el brillo de sus ojos, me incitó más.
Me olvidé de las palomitas, deje el bol, en cualquier lugar, y mis dedos fueron directos a tocar el ano de Merche.
Ella que de normal estaba siempre muy seca, chorreaba entre mi asombro.
Era el día, ya que nunca me dejaba ni que le tocara esa parte de su cuerpo, la humedecí con mi lengua y una vez chorreante, le refregué la punta de mi pene por la raja que separaba sus cachetes.
Me adentré por aquel hueco inexplorado mientras mi hermano la agarraba por los hombros para marcar el movimiento de la mamada.
Yo tenía la mitad de mi verga en su estrecho ano, entré delicadamente no quería un rechazo, entonces, Carlos se levantó con el pito más largo de toda su vida, como pudo, y sin romper mi penetración se acopló a su conejo, le costó un poco por la posición y otro poco por que yo ya estaba dentro de su cuerpo eso era complicado, él se aguantaba a pulso.
¡Dios!, que placer, dos vergas casi sin lugar para moverse, separadas por una fina capa de piel, parecía que los glandes se restregasen mientras Merche, gemía con la boca totalmente abierta.
Como pude, agarré uno de sus pechos y sabiendo lo mucho que le excitaba que le mordisqueara el cuello, lo hice, eso fue el brochazo final, ella comenzó a agitarse de tal forma que Carlos y yo no podíamos seguirla, bombeábamos torpemente, de forma incoherente pero efectiva.
De una sola vez, empapamos el suelo, eran los líquidos de los tres en una sola mezcla.
Agotados fuimos parando, mientras ella pedía más, estaba irreconocible.
Carlos y yo estábamos agotados, por lo que mientras él comenzó a lamerle el coño yo me hice otro porro para ver si la fiesta continuaba, mientras lo hacía, no me acababa de creer lo sucedido, pero era real, los miraba y me daba cuenta que sí, que era cierto.
Sinceramente, sentí celos, pero después me acordaba del placer, y de que él era mi hermano.
¿Con quien mejor que compartirla?
Acabé el porro y fumamos a tropezones, sin dejar el cuerpo de Merche, desamparado ni un sólo momento.
Hasta que nuestras pollas pedían guerra una vez más, esa noche fue la más larga, después le siguieron más pero nunca con esa intensidad.
Deseo. Año 2004.
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