viernes, 7 de mayo de 2010

Unas horas con Marlén



Carlos se vistió, se puso uno de sus nuevos slip, negros a rallas rojas, se echó unas gotas de su mejor perfume, su camisa blanca, con los pantalones negros de pinzas, los zapatos completamente brillantes, una corbata negra a lunares pequeños azules celestes, y la mejor de sus sonrisas.

Había dicho en casa que tenía cena, se despidió de Lorena su mujer con un beso en los labios, y se marchó. El transcurso del viaje en coche, pasó rápido, y Carlos pensó que quizá eso fuera lo más conveniente, pues los nervios se hacían notar.

Llegó al parking de hotel, aparcó su Mercedes, se frotó las manos llenas de sudor, y subió a la habitación 333.

Dudó un segundo en si llamar o no a la puerta, sacó una rosa que había comprado por el camino, tomó aire y llamó.

En pocos segundos, apareció ante él una chica de color, con trenzas en la cabeza y una cara preciosa, llevaba puesto un picardías blanco, que resaltaba su tez morena.

- Pasa -le dijo.

Marlén, cerró la puerta tras él, y sonrío. Carlos apenas gesticulaba palabra, era la primera vez que hacía algo así, y sus nervios podían con él.

- Estás muy guapo, cariño, demasiado para lo que te va durar puesto.
- Tú también eres muy guapa, y estás muy sexy, mucho más de lo que había imaginado.

Marlén se acercó a él, y le despojó de la corbata, mientras sus labios se unían a los de Carlos en un beso cálido y profundo.

Las manos de ella, pronto comenzaron a desabrochar su camisa, botón a botón, mientras seguían fundidos en el beso, era muy hábil, la camisa cayó al suelo, dejando al descubierto el pecho de Carlos, y sus pezones completamente erectos.

Bajó con su lengua hasta ellos, los besó circularmente de forma sensual y muy, muy, despacio. Carlos se sentía muy excitado, pero como habían mantenido en la conversación telefónica, ella llevaría la iniciativa, le enseñaría todo lo que sabía, y él, tan sólo disfrutaría del momento, un momento suyo y de relax, para relajarse a su manera.

Marlén siguió con su lengua recorriendo todo su pecho, fue jugando con su lengua, despacio, primero un pezón, luego otro, bajando, deteniéndose, mirándole a los ojos, sonriendo, sin prisas, pero sin pausa. Poco a poco, llegó a su ombligo, jugueteó con él, y con la boca, sin parar, fue desabrochando esos pantalones, y dejando el slip al descubierto.

Rozó el pene de Carlos con su lengua, por encima del slip, lo besó, lo acarició con las manos, le susurró palabras dulces ... el sexo de Carlos estaba a punto de estallar, era un cúmulo de sensaciones nuevas, la punta asomaba por la goma de los slip. Su respiración era rápida, y agitada.

Marlén le despojó del slip, y dejó al descubierto un pene de gran tamaño completamente erecto para ella. Se puso de rodillas, en el suelo, aún completamente vestida, y comenzó a chupar el pene de Carlos, con una mano, masajeaba los testículos, con la otra subía y bajaba el pene, mientras introducía todo el sexo en su boca, con la lengua le daba pequeños chupetones.

- Si sigues a ese ritmo, tendré que correrme -le dijo Carlos.
- Eso quiero que hagas cariño, que lo hagas en mi boca.
- Pero a mi mujer ... ella lo odia ...
- Yo no soy tu mujer Carlos, y aquí has venido a relajarte y a disfrutar. No cortes el clímax.

Así, Marlén siguió chupando los testículos de Carlos, masajeando su pene, con cuidado, y llevándolo hasta el clímax con su lengua.

Carlos no tardó en tener un orgasmo, fue un gran orgasmo, que terminó en la boca de Marlén, se sintió muy relajado, y muy excitado, era la primera vez que terminaba su orgasmo en la boca de una mujer.

Marlén se fue al baño, a limpiarse, y asearse un poco, no tardó en volver, Carlos estaba casi dormido, relajado, en la cama de 2x2, completamente desnudo, y con una sonrisa que le delataba. Ella volvió, aún con el picardías puesto, y aparentemente nada excitada, tranquila, sus ojos le daban a Carlos serenidad.

Marlén sacó un bote de la mesilla, era aceite corporal, tumbó a Carlos boca abajo en la cama, y comenzó a darle un masaje, la habitación se tintó de un olor a avellana, y Carlos, comenzó de nuevo a excitarse, lejos de relajarse como supuestamente tenía que hacer.

Marlén lo llevó hasta una silla, y lo sentó, se puso un pañuelo de seda negra en los ojos, tapándolo completamente para que no viera nada, también ató sus manos y sus pies a la silla. Y su boca, Marlén sabía como hacerlo.

Carlos pensó, que de esta manera, poco podría participar, pero era su experiencia, y estaba pagando por ella, así que, no dijo palabra y se dejó hacer.

Atado así al completo, Carlos era un muñequito en las manos de Marlén, ella sabía que hacer, y por dónde moverse, sintió algo caliente en su pecho, algo que ardía, pero aquella sensación dolor-placer, le estaba gustando enormemente, aquello que le produjo dolor, no era otra cosa que el líquido de una vela, esas pequeñas gotas fueron cayendo por todo su pecho, una a una, despacio, muy despacio, dolor ... placer, olores agradables, oídos de susurros y gemidos por parte de Marlén, Carlos estaba completamente enloquecido, quería poseer a Marlén, lo deseaba, lo necesitaba, forcejeó como pudo hasta quitarse levemente el pañuelo que le tapaba la boca.

- Marlén cariño necesito correrme en tí, en tu interior.
- No tengas prisa, mi amor, tu ya te has corrido, ahora hay que jugar con los sentidos, poco a poco, no hay necesidad de tener prisa. Hoy es tu noche. Sé buenecito, y obedéceme.

Volvió a taparle la boca, y se quitó el picardías, dejando al descubierto unos pechos pequeños pero bien formados, y un sexo completamente rasurado. Lástima que Carlos no pudiera verlo.

El sexo de Carlos estaba de nuevo todo erguido para ella, se sentó lentamente encima de Carlos, muy despacio, y comenzó a meter todo aquel aparato en su sexo. Carlos emitía pequeños gemidos. Una vez todo el aparato sexual dentro de ella, comenzó a moverse rítmicamente, despacio, formando unos pequeños círculos que terminaban por volver loco a Carlos. Entre el pañuelo, se oían pequeños gemidos de placer, que Marlén interpretaba de gozo. Comenzó a moverse más frenéticamente, subiendo y bajando su cuerpo, ayudada de sus pies, arriba y abajo, arriba y abajo, con movimientos bruscos, suaves a la vez, Carlos empezó a excitarse al máximo, el pañuelo de su boca descendió lentamente, y pudo gemir de placer.

- AAAAAAAAA Marlén por Dios destápame la vista, aún no he visto tus pechos, aún no he visto tu sexo, y estoy teniendo los mejores orgasmos de mi vida.

Marlén no le hizo caso, y siguió arriba y abajo, con movimientos circulares, con sus manos, se tocaba los pezones, arqueaba la cabeza hacía atrás, y gemía de placer, también.

Parece extraño, pero tuvieron un orgasmo juntos, fue un orgasmo no muy largo, pero sí muy cálido y muy pasional. Carlos ya no podía más, sus manos y sus pies le dolían de estar atados, su sexo, lejos de relajarse, seguía más duro que una piedra, y Marlén en cambio parecía tan tranquila y radiante, que quizá eso le excitaba aún más. Marlén le soltó, y le besó en los labios.

- Creo, señor Carlos que por hoy ya está bien.
- Pero ... no puede ser Marlén, si no te he tocado, si apenas te vi desnuda, no te he besado ese sexo tan lindo, ni has disfrutado conmigo, yo quiero que sientas igual que yo.
- Carlos, cariño, no te equivoques conmigo soy una prostituta, tú ya has disfrutado, te has corrido, te has relajado, me ha encantado follarte, pero tienes tu casa, tus hijos, tu trabajo y tu familia. Y yo, tengo lo mío. Pediste una prostituta para darte placer, para que te follase, y eso has tenido.
- Me siento mal, Marlén, es como si te hubiese utilizado, y no me gusta. No soy un hombre así, eres preciosa, y necesitas que den placer, y yo apenas te di nada.
- Carlos cariño, soy puta, entiéndelo, la gente como tú, viene con sus Mercedes, con sus ropas bonitas, oliendo bien, me follan, me pagan y se van, y yo, no disfruto, ese es mi trabajo.
- Sea como sea, no lo entiendo y me siento mal, por no haberte dado placer.
- Quizá Carlos no debieras haber venido. Márchate, no me pagues, en realidad hasta he tenido un orgasmo contigo, me gustas, pero no quiero más problemas.

Carlos se duchó, se vistió, y se dispuso a marcharse del hotel.

- Marlén ...
- Dime Carlos.
- ¿Me aceptarás como cliente?
- No deberías volver, tienes tu casa y tu mujer, pero sabes que es mi profesión, si me llamas me tendrás.
- Está bien, entonces, la próxima vez, te pagaré, para verte disfrutar a tí.

Marlén esbozó una sonrisa, y le acompañó a la puerta.

Rosarojak. Año 2003.

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