
Estaba nerviosa, parecía que el maldito tren no quería acabar de entrar en la estación, aquellos últimos metros se hacían eternos, más largo que las once horas de viaje que llevaba a mis espaldas. Sabía que tú ibas a estar esperándome en el anden, sabía que iba a conocerte sólo con verte, era la primera vez que te tendría frente a mí, la primera vez que podría sentir tus labios al besarme, tus brazos al abrazarme, ya no habría de por medio la fría cam, ahora sería real.
Estabas allí de pie, sonriéndome, tú también me habías reconocido sólo con verme. Me acerqué con miedo, quien me lo iba a decir!!!! Cuando por fin conseguía tenerte delante estaba asustada como una colegiala. Tu naturalidad al besar mis labios, al coger mi equipaje y rodearme la cintura con tu brazo me tranquilizaron. Empezaste hablar como si tal cosa, dándome esa confianza que necesitaba, rodeé tu cintura con mi brazo y metí mi mano por debajo de tu camiseta, así mi mano podía sentir el contacto de tu piel, hiciste lo propio, y descaradamente tus dedos rozaron mis pechos, un escalofrío recorrió mi cuerpo y sentí como ese leve contacto me excitaba, el encuentro prometía.
Llegamos al hotel, que a pesar de estar a pocos metros de la estación a mí me pareció una eternidad, por suerte tú habías llegado antes y los trámites en recepción fueron los mínimos. En el ascensor me rodeaste con tus brazos atrayéndome junto a tí, noté enseguida el bulto de tu sexo a través de tus jeans, también tú estabas excitado, me besaste, ahora de verdad, con tus labios sobre los míos, con tu lengua buscando la mía, ya no era sólo una descripción a través de una fría pantalla de monitor. Era real.
Dejaste mi equipaje al entrar en la habitación, era amplia y luminosa. Me acerqué a tí y te ayudé a quitarte la camiseta, hiciste lo propio con la mía, al momento tus manos empezaron acariciar mis pezones, volvía estremecerme al notar el contacto de tu piel sobre la mía, busqué tu boca, te besé de nuevo -joder que bien besabas, y pensar que hasta el momento sólo me lo había imaginado!- no perdiste tiempo, me tumbaste sobre la cama y me despojaste del pantalón y el diminuto tanga, tus manos buscaron mi sexo, introdujiste dos de tus dedos en él, acariciándolo suavemente, para después penetrarlo con fuerza, como si de tu pene se tratara. Mis manos buscaron el botón de tus jeans, pero te habías adelantado, ya estaban desabrochados, así que tiré de ellos hacia abajo, y luego de tu boxer, te despojaste de ambas prendas, quedamos los dos desnudos, te apartaste de mí - quiero verte bien -dijiste- no quiero perderme un detalle de tu cuerpo- te sonreí, yo tampoco quería perderme ni uno del tuyo, ahora frente a mí, sin cámaras de por medio.
Te tumbaste a mi lado y empezaste acariciarme todo el cuerpo, primero con tus mano, luego fue tu lengua la que lo recorrió de arriba abajo. Empezaste por el cuello, lentamente bajaste a mis pechos, jugaste con mis pezones - me volvías loca de placer, sólo podía gemir y acariciar tu sexo, notarlo entre mis manos, tus testículos, tu pene ... tú seguías recorriendo mi cuerpo con tu lengua, lamiéndolo, besándolo, jugando con él, llegaste a mi sexo, con tus manos abriste mis piernas, lo acariciaste con los dedos, jugueteando con él, mientras tu lengua seguía enredada en mis pezones, volviste penetrarlo con tus dedos ... poco a poco fue tu lengua la que descendió hasta él, sin sacar aún tus dedos, lo buscaste con ella, tu lengua quemaba en él, tanta era la excitación y el placer que me estabas proporcionando, sólo podía gemir y enredar mis manos en tus cabellos, mi cuerpo se arqueaba de puro placer, jugueteaste con él, con la lengua y los dedos, hasta encontrar mi clítoris, allí se quedó tu lengua un buen rato, perdí la noción del tiempo, sólo sé que llegué varias veces al orgasmo, antes de que tu lengua buscara de nuevo la mía ...
Al tiempo que me penetrabas ahora, sí, ahora era tu pene el que lo hacía, el mismo que momentos antes había crecido entre mis manos ... lo hiciste lentamente, decías que aún no querías correrte, querías darme más placer ¿más? iba a volverme loca, era fantástico, te pedí que te tumbarás en la cama, ahora era mi lengua la que quería jugar contigo, acariciar tu cuerpo como tú habías hecho con el mío, accediste, y mientras yo empezaba el recorrido en tu cuello, tus dedos buscaron mi culito, uno de ellos, entró en él, acariciándolo poco a poco, delicadamente, te incorporaste un poco y me pusiste a cuatro patas, abriste mis nalgas y noté algo caliente y húmedo en él, era tu lengua de nuevo, ahora introduciéndose en él, mientras tus dedos seguía jugando con mi sexo, me dabas placer por ambas partes, estaba muy excitada, te costó poco penetrarme por detrás, eso si sin dejar de jugar con mi sexo, dos de tus dedos seguían entrando saliendo de él, con movimientos acompasados a los de tu pene en mi culo ... sólo podía gemir de placer, noté como te corrías y casi al mismo tiempo lo hice yo ... caímos rendidos en la cama, tú aún encima de mí besando mi cuello, alargué mi mano hacía atrás, acaricié tu cabeza ... había sido mucho mejor que cuando jugábamos con la cam.
Necesito refrescarme -te dije, sonreíste pícaramente y dijiste que tú también ... ¿por qué no ahorrar agua y hacerlo juntos?. Te besé suavemente los labios, tomé tu mano y te ayudé a levantarte de la cama, nos dirigimos a la ducha ...
No había bañera, era una de esas cabinas de ducha donde sale agua por todas partes, tenía incluso un pequeño banco para poder sentarte, me pareció genial. Entramos y dejamos que el agua caliente corriera por nuestros cuerpos, aún sudados. Tomaste el bote de gel y empezaste a enjabonarme, acariciando mi cuerpo con tus manos, volvía a sentirme excitada, hice lo propio, cuando mis manos toparon con tu pene, noté que estaba erecto de nuevo, también a tí te había excitado ese nuevo contacto, lo acaricié suavemente y te hice sentar en el pequeño banco, me arrodillé ante tí y separé tus piernas para poder verlo frente a mí, completamente erecto, lo tomé entre mis manos acercándolo a mi boca, empecé a lamerlo con suavidad de arriba abajo, de abajo arriba, una de mis manos buscó tus testículos para juguetear con ellos, te oía gemir, me gustaba y me excitaba.
Seguí jugando con mi lengua en tu pene, notando como cada vez se endurecía más y más, lo saqué de mi boca y seguí masajeándolo con una de mis manos, con los labios apreté suavemente uno de tus testículos, gemiste aún más, lo chupé, me lo metí entero en la boca, te oía respirar fuerte, gemir, tus manos manoseaban nerviosas mi cabello, apretando mi cabeza contra tu sexo, como si quisieras sentir mi lengua más profundamente. Volvía tu pene, cada vez más erecto y duro, acaricié su punta con mi lengua, en círculos, suavemente, empecé a notar tu semen, estabas a punto de correrte, lo metí entre mis pechos y lo froté con ellos, sin dejar de lamerle la puntita, suave, lentamente, no tardaste nada en correrte encima de mis pechos.
Cuando recobraste el aliento me sentaste en tus rodillas, el agua seguía cayendo encima nuestro como una lluvia fina, limpiaste los restos de tu semen de mi cuerpo y me besaste en la boca, pasaste al cuello y bajaste hasta mis pezones, tu lengua jugó un rato con ellos, cada vez estaba más excitada. Me pediste que me sentara en el banco y esperara unos segundos, ibas a buscar algo, pensé que habías traído uno de tus juguetitos eróticos para darme placer.
Cuando regresaste traías contigo tu espuma de afeitar y una maquinilla, sonreías picaron, siempre logras sorprenderme. Te arrodillaste en el suelo de la ducha frente a mí, separaste mis piernas y cuando tuviste mi coñito frente a tí empezaste a embadurnarlo de espuma de afeitar, dando suaves masajes para impregnar todo mi bello púbico, sentir el frío de la espuma y tus manos allí me excitaba aún más, lo notaste e introdujiste dos de tus dedos en él - te gusta, eh? - me preguntaste, me vuelves loca- logré decir entre gemidos, me pediste un poco de paciencia y empezaste a rasurarlo con mucho cuidado, de vez en cuando tus dedos acariciaban mi clítoris, eso me volvía loca. Cuando lo tuviste bien afeitado y sin restos de espuma empezaste a besarlo, suavemente, rozándolo con tus labios, luego fue tu lengua la que lo recorrió todo antes de entrar en él. Lo lamiste largo rato, buscando mi clítoris con tu lengua, al tiempo que metías tus dedos, sólo podía gemir, notaba que volvías a provocarme varios orgasmos como antes en la cama, apreté tu cabeza contra él, quería sentirte, notarte allí dentro.
El agua seguía cayendo, empapándonos, pero casi ni lo notábamos, el placer que sentíamos nos dejaba que notásemos nada más. Te levantaste y ayudaste a que yo lo hiciera del banco, estábamos muy excitados otra vez. Salimos de la ducha completamente mojados, nos tumbamos en la cama, me senté encima de tí y me penetraste, tiré mi cuerpo hacia atrás y empecé a moverme para sentirte muy adentro mío, jugabas con mis pechos y mis manos por detrás buscaban tus testículos, no tardamos nada en corrernos, lo hicimos a la vez. entre gemidos de placer, acariciando tú mis pechos, yo tus testículos. Caímos rendidos en la cama.
Aquel primer encuentro había superado todas nuestras expectativas ...
Serezhade. Año 2003.
Estabas allí de pie, sonriéndome, tú también me habías reconocido sólo con verme. Me acerqué con miedo, quien me lo iba a decir!!!! Cuando por fin conseguía tenerte delante estaba asustada como una colegiala. Tu naturalidad al besar mis labios, al coger mi equipaje y rodearme la cintura con tu brazo me tranquilizaron. Empezaste hablar como si tal cosa, dándome esa confianza que necesitaba, rodeé tu cintura con mi brazo y metí mi mano por debajo de tu camiseta, así mi mano podía sentir el contacto de tu piel, hiciste lo propio, y descaradamente tus dedos rozaron mis pechos, un escalofrío recorrió mi cuerpo y sentí como ese leve contacto me excitaba, el encuentro prometía.
Llegamos al hotel, que a pesar de estar a pocos metros de la estación a mí me pareció una eternidad, por suerte tú habías llegado antes y los trámites en recepción fueron los mínimos. En el ascensor me rodeaste con tus brazos atrayéndome junto a tí, noté enseguida el bulto de tu sexo a través de tus jeans, también tú estabas excitado, me besaste, ahora de verdad, con tus labios sobre los míos, con tu lengua buscando la mía, ya no era sólo una descripción a través de una fría pantalla de monitor. Era real.
Dejaste mi equipaje al entrar en la habitación, era amplia y luminosa. Me acerqué a tí y te ayudé a quitarte la camiseta, hiciste lo propio con la mía, al momento tus manos empezaron acariciar mis pezones, volvía estremecerme al notar el contacto de tu piel sobre la mía, busqué tu boca, te besé de nuevo -joder que bien besabas, y pensar que hasta el momento sólo me lo había imaginado!- no perdiste tiempo, me tumbaste sobre la cama y me despojaste del pantalón y el diminuto tanga, tus manos buscaron mi sexo, introdujiste dos de tus dedos en él, acariciándolo suavemente, para después penetrarlo con fuerza, como si de tu pene se tratara. Mis manos buscaron el botón de tus jeans, pero te habías adelantado, ya estaban desabrochados, así que tiré de ellos hacia abajo, y luego de tu boxer, te despojaste de ambas prendas, quedamos los dos desnudos, te apartaste de mí - quiero verte bien -dijiste- no quiero perderme un detalle de tu cuerpo- te sonreí, yo tampoco quería perderme ni uno del tuyo, ahora frente a mí, sin cámaras de por medio.
Te tumbaste a mi lado y empezaste acariciarme todo el cuerpo, primero con tus mano, luego fue tu lengua la que lo recorrió de arriba abajo. Empezaste por el cuello, lentamente bajaste a mis pechos, jugaste con mis pezones - me volvías loca de placer, sólo podía gemir y acariciar tu sexo, notarlo entre mis manos, tus testículos, tu pene ... tú seguías recorriendo mi cuerpo con tu lengua, lamiéndolo, besándolo, jugando con él, llegaste a mi sexo, con tus manos abriste mis piernas, lo acariciaste con los dedos, jugueteando con él, mientras tu lengua seguía enredada en mis pezones, volviste penetrarlo con tus dedos ... poco a poco fue tu lengua la que descendió hasta él, sin sacar aún tus dedos, lo buscaste con ella, tu lengua quemaba en él, tanta era la excitación y el placer que me estabas proporcionando, sólo podía gemir y enredar mis manos en tus cabellos, mi cuerpo se arqueaba de puro placer, jugueteaste con él, con la lengua y los dedos, hasta encontrar mi clítoris, allí se quedó tu lengua un buen rato, perdí la noción del tiempo, sólo sé que llegué varias veces al orgasmo, antes de que tu lengua buscara de nuevo la mía ...
Al tiempo que me penetrabas ahora, sí, ahora era tu pene el que lo hacía, el mismo que momentos antes había crecido entre mis manos ... lo hiciste lentamente, decías que aún no querías correrte, querías darme más placer ¿más? iba a volverme loca, era fantástico, te pedí que te tumbarás en la cama, ahora era mi lengua la que quería jugar contigo, acariciar tu cuerpo como tú habías hecho con el mío, accediste, y mientras yo empezaba el recorrido en tu cuello, tus dedos buscaron mi culito, uno de ellos, entró en él, acariciándolo poco a poco, delicadamente, te incorporaste un poco y me pusiste a cuatro patas, abriste mis nalgas y noté algo caliente y húmedo en él, era tu lengua de nuevo, ahora introduciéndose en él, mientras tus dedos seguía jugando con mi sexo, me dabas placer por ambas partes, estaba muy excitada, te costó poco penetrarme por detrás, eso si sin dejar de jugar con mi sexo, dos de tus dedos seguían entrando saliendo de él, con movimientos acompasados a los de tu pene en mi culo ... sólo podía gemir de placer, noté como te corrías y casi al mismo tiempo lo hice yo ... caímos rendidos en la cama, tú aún encima de mí besando mi cuello, alargué mi mano hacía atrás, acaricié tu cabeza ... había sido mucho mejor que cuando jugábamos con la cam.
Necesito refrescarme -te dije, sonreíste pícaramente y dijiste que tú también ... ¿por qué no ahorrar agua y hacerlo juntos?. Te besé suavemente los labios, tomé tu mano y te ayudé a levantarte de la cama, nos dirigimos a la ducha ...
No había bañera, era una de esas cabinas de ducha donde sale agua por todas partes, tenía incluso un pequeño banco para poder sentarte, me pareció genial. Entramos y dejamos que el agua caliente corriera por nuestros cuerpos, aún sudados. Tomaste el bote de gel y empezaste a enjabonarme, acariciando mi cuerpo con tus manos, volvía a sentirme excitada, hice lo propio, cuando mis manos toparon con tu pene, noté que estaba erecto de nuevo, también a tí te había excitado ese nuevo contacto, lo acaricié suavemente y te hice sentar en el pequeño banco, me arrodillé ante tí y separé tus piernas para poder verlo frente a mí, completamente erecto, lo tomé entre mis manos acercándolo a mi boca, empecé a lamerlo con suavidad de arriba abajo, de abajo arriba, una de mis manos buscó tus testículos para juguetear con ellos, te oía gemir, me gustaba y me excitaba.
Seguí jugando con mi lengua en tu pene, notando como cada vez se endurecía más y más, lo saqué de mi boca y seguí masajeándolo con una de mis manos, con los labios apreté suavemente uno de tus testículos, gemiste aún más, lo chupé, me lo metí entero en la boca, te oía respirar fuerte, gemir, tus manos manoseaban nerviosas mi cabello, apretando mi cabeza contra tu sexo, como si quisieras sentir mi lengua más profundamente. Volvía tu pene, cada vez más erecto y duro, acaricié su punta con mi lengua, en círculos, suavemente, empecé a notar tu semen, estabas a punto de correrte, lo metí entre mis pechos y lo froté con ellos, sin dejar de lamerle la puntita, suave, lentamente, no tardaste nada en correrte encima de mis pechos.
Cuando recobraste el aliento me sentaste en tus rodillas, el agua seguía cayendo encima nuestro como una lluvia fina, limpiaste los restos de tu semen de mi cuerpo y me besaste en la boca, pasaste al cuello y bajaste hasta mis pezones, tu lengua jugó un rato con ellos, cada vez estaba más excitada. Me pediste que me sentara en el banco y esperara unos segundos, ibas a buscar algo, pensé que habías traído uno de tus juguetitos eróticos para darme placer.
Cuando regresaste traías contigo tu espuma de afeitar y una maquinilla, sonreías picaron, siempre logras sorprenderme. Te arrodillaste en el suelo de la ducha frente a mí, separaste mis piernas y cuando tuviste mi coñito frente a tí empezaste a embadurnarlo de espuma de afeitar, dando suaves masajes para impregnar todo mi bello púbico, sentir el frío de la espuma y tus manos allí me excitaba aún más, lo notaste e introdujiste dos de tus dedos en él - te gusta, eh? - me preguntaste, me vuelves loca- logré decir entre gemidos, me pediste un poco de paciencia y empezaste a rasurarlo con mucho cuidado, de vez en cuando tus dedos acariciaban mi clítoris, eso me volvía loca. Cuando lo tuviste bien afeitado y sin restos de espuma empezaste a besarlo, suavemente, rozándolo con tus labios, luego fue tu lengua la que lo recorrió todo antes de entrar en él. Lo lamiste largo rato, buscando mi clítoris con tu lengua, al tiempo que metías tus dedos, sólo podía gemir, notaba que volvías a provocarme varios orgasmos como antes en la cama, apreté tu cabeza contra él, quería sentirte, notarte allí dentro.
El agua seguía cayendo, empapándonos, pero casi ni lo notábamos, el placer que sentíamos nos dejaba que notásemos nada más. Te levantaste y ayudaste a que yo lo hiciera del banco, estábamos muy excitados otra vez. Salimos de la ducha completamente mojados, nos tumbamos en la cama, me senté encima de tí y me penetraste, tiré mi cuerpo hacia atrás y empecé a moverme para sentirte muy adentro mío, jugabas con mis pechos y mis manos por detrás buscaban tus testículos, no tardamos nada en corrernos, lo hicimos a la vez. entre gemidos de placer, acariciando tú mis pechos, yo tus testículos. Caímos rendidos en la cama.
Aquel primer encuentro había superado todas nuestras expectativas ...
Serezhade. Año 2003.
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