
Es normal ver un hombre separado es la orden del día, está de moda y bueno ese es mi caso.
Después de reiniciar mi vida, en un piso de alquiler y aún con muchas cosas por poner en orden Adrián, mi mejor amigo y separado desde hacía un año, me ayudó a reorganizarme, a parte de escuchar mis historias y en parte hacer de confidente.
Esa noche, la primera en mi nueva casa, la pasamos hablando, y como no, dos hombres adultos sin tener que pasar cuentas a nadie, y solos bebiendo como machos.
Eran las tantas de la madrugada, me dio miedo ver el estado en el que nos encontramos y no me atreví a quedarme solo esa noche ni a dejar que condujera hasta su casa en ese estado.
El problema es que sólo tenía una cama, grande pero una sola, la otra opción era el incómodo sofá barato en el que notas todas las maderas o el suelo, no le dimos importancia a descansar en el mismo colchón la borrachera nos impedía pensar demasiado.
Nos quedamos los dos en calzoncillos, y bueno lo que nos llegamos a reír de ellos.
Esa noche soñé un montón de fantasías eróticas, movimientos y roces que jamás había tenido el placer de sentir en mi piel.
Pero poco a poco me di cuenta de que no estaba dormido, era mi subconsciente o bien la realidad.
Temí abrir los ojos.
Pero lentamente lo hice.
Me tranquilicé al ver que el dormido era él, pero sus manos estaban por todo mi cuerpo, en mis pechos, que por cierto mis pezones bien erectos me hicieron pensar en que aquella situación me gustaba.
Me quedé totalmente quieto a los movimientos de Adrián, que bajaba su mano hasta colocarse encima de mi pene erecto, al hacerlo se despertó con un sobresalto mientras yo cerraba los ojos como pretendiendo que no me daba cuenta.
Entre las sábanas noté como se tocó su pene, tan erecto como el mío, al ver que mis ojos estaban cerrados y continuó con sus masajes de provocación.
Supongo que le pasó lo que a mí, se extrañó, pero al reconocer que la situación le excitaba continuó.
No paró de tocarme hasta que metió su mano entre mi piel y mi calzón, en ese momento me miró y mis ojos se abrieron provocando el inicio del juego consentido por los dos.
Me incliné de forma que nuestros ojos se miraran fijamente y le ayudé a quitarme los calzoncillos, poco después se los quitó él, así nuestras manos intercambiaban sus sexos.
Era hermoso descubrir el tacto igual y diferente a la vez de otro miembro que no es el tuyo.
Nuestras piernas se abrían a la par para dejarnos el camino libre hasta nuestros huevos.
De esa zona pasaron al puente que los une con el ano.
Y lentamente introdujimos a la vez los dedos por ese hueco oscuro, caliente, frondoso.
A esas alturas los dos jadeábamos nos miramos una vez más y llevando las manos a la boca las impregnamos de saliva.
Éramos inexpertos se notaba en los golpes y la torpeza, pero continuamos.
Torpemente nos movimos buscando la polla del otro, las bocas se abrieron y sin pudor nos adentramos a mamar la verga que nos miraba fijamente.
El olor a sexo fácilmente reconocible hacía que deseara comerme esas gotas que emanaba la minúscula boca de su glande.
Metí lo poco que me dejó esa obertura mi lengua y él se retorcía mientras acelerabas la respiración.
Mi cabeza estallaba con las sensaciones que despertaba en mí esa mamada masculina.
Jamás lo hubiera imaginado, pero esta allí acostado, mamando y disfrutando.
Sabíamos que los dos estábamos a punto, me gustó en especial la complicidad sin palabras, con las miradas decidimos acabar así ya que era nuestra primera vez y no teníamos experiencia, pero estábamos seguros de que habría más veces y en esas otras la penetración sería inminente.
Nos adentramos sólo en la mamada dándonos todo el calor que sabíamos dar, agitando y entrando hasta el fondo de las gargantas aquellas pollas calientes, enormes.
No tragamos aquella leche, pero sí que comimos en encuentros posteriores, las sábanas se cambiaron para poder descansar sin la humedad cómplice de esa aventura grata.
Ahora estamos pensando en que se mude de piso, nos ahorramos un alquiler y nos amamos cuando queremos.
Deseo. Año 2004.
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