domingo, 23 de mayo de 2010

Una mujer como yo



Hace unos cuatro meses que cambiamos de vivienda, por ahora lo cierto es que a pesar de algún hola y adios, muy contados, no hay mucha relación con los vecinos.

Por otra parte, he de reconocer que me gusta mi vida y mi territorio es mío.

Quiero dejar escrito en este mi diario personal, mi experiencia.

Sólo hago que recordarla y aún no la comprendo, por lo que me queda la opción de disfrutarla, y sentir a cada momento la sensación que me dejó tan marcada.

Un día cualquiera …..

Regreso a casa cansada, sin ganas de hacer mucha cosa, como es habitual en mí, me despojo de mi vestimenta y me acomodo, con un sencillo vestido abotonado y mis zapatillas, me encanta sentir mi cuerpo libre.

Una vez más la rutina, me adentro en mi mundo de ollas y sartenes para cocinar la cena.

Todo listo, sólo hace falta sazonar el condimento y descansaré un poco recostada en mi sofá con mi libro.

Abro la despensa y no tengo sal, otro día hubiera optado por cambiarme y salir a por un kilo, pero has de creerme, no podía, no me sentía con fuerzas ni ganas.

Por lo que dejé aparcada mi vergüenza y me resigné a llamar a la puerta de la vecina, parecía simpática ….

- Hola, mira soy la vecina de delante, perdona que te moleste, pero me preguntaba si me podrías dar un poquito de sal. Sé que puedo ir a comprarla, pero estoy tan cansada que me costaría cambiarme para salir a por ella.

- Hola, tranquila no te preocupes, pero entra no te quedes en la puerta.

Me dirijo hacia la cocina, mis ojos la repasaban de arriba abajo mientras caminaba delante de mí.

Abrió un armario y me ofreció un saquito de sal.

Lo agradecí, pero algo me retenía, no sé ……. era una sensación extraña, tenía que entablar un poco de conversación, eso de entrar a saco pedir y salir no va con mi forma de ser.

Me ofreció una taza de café, no deseaba alargar mi estancia pero no pude rechazar la invitación.

El café humeante, desprendía aroma por toda la cocina. Agregué el azúcar y con mi cucharilla lo removía con la intención de que se mezclara bien, el líquido.

Mientras lo hacía, mis ojos detectaban la mirada de ella, su cuerpo temblaba, mientras sus pupilas se clavaban en mis senos, me transmitía la sensación de su deseo a tocarlos, de acariciarlos y comer de ellos de la misma forma que se come una fruta.

Miré su cara, transmitía una especie de esperanza.

He de reconocer que es hermosa y su rostro no parecía el mismo de antes, la dulzura que me transmitía la traducía en mi mente y entendía que emanaba una especie de espera ansiosa entrelazada con la esperanza.

Hasta que de sus gruesos labios exclamó pausadamente …..

- Tienes unos pechos hermosos.

Me sorprendí a mi misma preguntándole si quería tocarlos.

Sus pupilas se dilataron con mis palabras, y acercó ambas manos hacia mi cuerpo.

Los agarró y agitó con mucha dulzura y suavidad.

Mis pezones endurecieron entre sus dedos.

Mientras me comentaba:

- Tienes unas tetas preciosas y redondas, suaves al tacto.

Se inclinó y me besó en la boca.

Mientras mis pechos continuaban en la concavidad de la palma de su mano.

No supe, ni pude, ni quise, apartar aquel contacto.

Escuché una vez más su voz susurrante:

- Tengo ganas de hacer el amor, verte así me excita.

Y descendió una de sus manos, abriendo cada botón de nacar de mi vestido, hasta colocarla entre mis muslos.

Los mismos muslos que insinuantes se abrían para ella …….

- ¿Te gusta?

Sí, respondí mientras mi cuello se arqueaba hacia atras, nunca me imaginé ser tocada por una mujer, y aún menos lo agradable que me resultaba.

Uno de sus dedos, se abrió paso entre los labios ya húmedos de mi sexo, se adentró por mi túnel y una vez instalado se agitó inquieto en mi interior.

Me sentí sin fuerzas para rechazar aquel contacto.

Quise sincerarme conmigo y me di cuenta que jamás había sentido nada parecido …. similar sí, pero esa dulzura, y el poder negarme me turbaban mientras necesitaba de aquellas caricias.

- Quiero que me sientas, voy ha darte placer, te voy a amar, te sentirás bien … agradable. ¿Notas como te acaricio?, Viciosamente, continuaré entre tu cuerpo y constantemente aumentará el placer que sientes.

Abrí aún más mis piernas.

La suavidad en mi sexo despertaba aún más el deseo de esa escena prohibida.

Delicada … dulce … agradable.

- Es muy agradable el placer, el gozo entre dos mujeres (resonó mi voz).

Su cara esbozó una sonrisa, y añadió.

- Tal vez diferente ……

Es la plenitud de sentirme llena, de ser acariciada justo donde lo deseo …. sin tener que pedirlo, la complicidad.

Las dos nos adentramos poco a poco, en otra dimensión.

Repartiendo y compartiendo placeres … caricias ... sorbos de líquidos emanados entre las piernas por el deseo de ser consumidos.

Una vez que mi cuerpo experimentaba el calor intenso, olvidé mis prejuicios.

Dejé que mis manos acariciaran, aquel cuerpo similar al mío, sin pene.

Comí del manjar de sus pezones …

Rocé con mi lengua su sexo …. tal y como me gustaba que me lo hicieran a mí.

Tendidas en el suelo de la cocina, lubriqué cada parte de su cuerpo y ella chupó el mío.

Su lengua se abrió paso entre mis labios vaginales, llegué al orgasmo, ella culminó su placer con mis dedos entre sus piernas, penetrándola con dulzura …

Agitadas, nos miramos, acabamos de crear un mundo nuevo y no quiero que sea la última vez.

Ahora estoy en casa, recordando cada segundo … mi mente tiene un secreto.

Continuamos con nuestros encuentros, el placer es tan intenso que no puedo evitar excitarme al imaginar su cuerpo.

Quizás, algún día, se lo cuente a mi marido, pero ahora estoy ansiosa, para que llegue mañana …. para acudir una vez más a mi cita.

Al piso de delante, y desnudar todo mi ser, para ser amada y amar, a una mujer como yo.

Deseo. Año 2003.

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