domingo, 16 de mayo de 2010

Una gran nevada



Oí unos golpes en la puerta. Rápidamente subí las sábanas hasta mi barbilla y eché una miradita, los ojos muy abiertos.

David, rió al entrar.

- No conseguía recordar dónde estaba. Luego lo recordé, pero me faltabas tú. ¿Dónde estabas?

- No me seas curiosa, mientras me guiña un ojo.

David, se quita el abrigo sacudiéndose la nieve. Todavía llevaba el pijama.

- Hace mucho frío fuera.

- ¡OH!

Se quita los zapatos, mientras se mete en la cama a mi lado.

- Habrá caído más de un palmo esta noche, y sigue nevando.

- Ya te lo dije, ¿recuerdas?

- Sí, pero como no pare de nevar, no podremos esquiar hoy.

- ¡OH, no!

- Deberías verlo, encanto. El coche está enterrado. De modo que tendremos que quedarnos en la cama.

Se me acerca y empieza a juguetear con los botones de mi camisón.

Se lo pongo fácil, me desabrocho y descubro un seno.

David, aplica su boca en mi pezón.

- ¡Tienes la nariz fría!

Se me escapa una risita.

Y le beso en la parte superior de la cabeza.

- ¡Eh tienes canas!

- Prematuras, por supuesto.

- Lo siento no las había visto antes. No hay muchas. Me gustan. Te dan aire de dignidad.

- ¡Bien! Hagamos el amor antes de que sea demasiado viejo para hacerlo.

Me saco el camisón por la cabeza, y me acaricia el cuerpo en aquella cama, cálida, blanca.

Me tiende hacia atrás mirándole techo, las vigas lo cruzan.

Mientras disfruto de la oleada de sensaciones que me invaden.

David me hace dar la vuelta, me agarra de los pechos con firmeza, uno en cada mano y se lanza contra mí.

Arqueo mi espalda cogida a los barrotes de hierro de la cabecera de la cama, parecen los de una jaula.

David, me pregunta.

- ¿Te gusta así?

- Sí me gusta, te siento dentro de mí.

Mientras el desliza su cuerpo en mi interior y mis manos se agarran con fuerza, deseo ser penetrada.

Pero antes quiero demostrarle que, yo también quiero sentir su fuego, por lo que después de que me demuestre lo excitado que está, me inclino hacia él, recostándome en la cama.

De lado, buscando su sexo para comprobar el estado de excitación que corre por él.

Le indico que se relaje, que respire, mi intención es clara, deseo introducírmelo en la boca, para sentir como crece aún más en ella.

Noto como crece su placer, convulsiones y latidos en la punta de su pene me lo indican.

Está claro me desea, desea entrar en mí, y saciarme con su líquido blanco, espeso.

Yo mientras chupo su esencia de hombre, la paseo por mi boca, mientras mi lengua juguetea con su glande.

Siento su calor, está sudando.

Y deseo que me penetre.

Por lo que me situó encima de él. Mostrándole mis pechos, para que sus manos los acaricien, mis pezones lo desafían, mis muslos arden al contacto de su piel.

Mi sexo pide su sexo.

Por lo que mi mano lo agarra y sin dejar de masturbarlo busca el agujero donde darle cobijo.

Lo ayudo a entrar, siento como me penetra, resbala por mi interior, dando entrada y salida a mis deseos.

Mientras mi cuerpo se agita, le miro a los ojos y veo como su mirada se pierde, poco después, siento el calor a chorro que me quema las entrañas, se que se está corriendo, eso me excita y llego a mi orgasmo.

Dos líquidos de deseo se unen, dejando un charco bajo nuestros cuerpos, sudorosos.

Lo beso dulcemente, y continúo sentada sobre su cuerpo.

Espero que no deje de nevar.

Ya esquiaremos otro día.

Deseo. Año 2003.

No hay comentarios:

Entradas más populares del blog