
- Oye, Anoche soñé contigo.
- ¿Y cómo me veías en tu sueño?
- Muy sexy ………
- ¿Si?
Nos tendemos en la alfombra, y al cabo de un momento, desliza su mano bajo mi falda, no lo detengo, ni cuando su mano está ya debajo de mis bragas.
- Te deseo tanto ………….. (susurra).
- Yo también te deseo, pero no puedo …. No estoy preparada.
- Sí, lo estás … lo estás … Puedo notarlo.
- (Aparto su mano y me siento). Me refiero a preparación mental.
- ¿Preparación mental?
- Sí.
- ¿Cómo llega una persona a estar mentalmente preparada?
- Una persona tiene que pensar, tiene que estar segura ………
- Pero tu cuerpo dice que quieres.
- El caso es que no sé como satisfacerte. No sé cómo hacerlo.
- Es lo más fácil del mundo, (se afloja el cinturón.).
Intento no parecer nerviosa, pero mis manos tiemblan, mi voz se entrecorta.
No soy capaz de reconocer que mi cuerpo me lo pide.
Por lo que le dejo continuar.
Estamos aún tendidos en la alfombra de casa, solos.
Se abre la bragueta para asomar su sexo ante mi vista, es ENORME, aún siento miedo solo de pensar que toda esa parte de él tiene que ser metida por un diminuto agujero de mi cuerpo.
Intento frenarlo, pero me hace callar.
Se inclina sobre mi cuerpo, me acaricia la cara, la frente, las mejillas.
Me besa, el cuello, me susurra al oído, palabras preciosas, empiezo a sentirme deseosa, de tenerlo.
Mientras una de sus manos libera uno de mis pechos, los noto firmes, mis pezones exaltados, apuntando hacia su boca, que los lame. Con el calor que desprende su lengua.
Mi cuerpo da muestras de estar vivo.
Mis manos buscan su pecho para acariciarlo.
Poco a poco el miedo se aleja, dando paso al deseo natural del instinto.
Me siento sudorosa, de mi garganta exclama gemidos.
Mientras continúa besando cada parte de mi cuerpo.
Una mano, tímidamente se apodera de su miembro, intenta masajearlo, con cuidado, con amor.
Noto como su excitación crece aún más.
Sus labios descienden por mi estómago, ombligo, continúan bajando hasta encontrar la goma de mis bragas que aparta con un dedo.
Las desliza para dar paso a su lengua.
Está en el inicio de mi sexo, siento mi excitación y me gusta la suavidad con la que me trata.
Cuando quiero darme cuenta, mis bragas no están.
Entre mis piernas, su cabeza.
Sus manos abren mis muslos para poder acariciar su interior.
Noto como mi sexo se humedece. Como un rayo penetra en mi parte más oculta, ardiente, muy húmedo, resbaladizo.
Su lengua se apodera de mi sexo, virgen, inexplorado.
Mis piernas se abren para él.
Mi cuerpo se arquea, dando paso al deseo.
Mientras mi mano masturba su pene.
Muestra un poco de saliva en la palma de una de las suyas, con la que se frota el glande.
Con un dedo, busca mi raja, al encontrarla cambia el dedo por su pene, y lo introduce lentamente por mi cuerpo.
No me duele, sólo puedo sentir los susurros en mi oreja y su mirada clavada en la mía.
Deseo que entre más y así poco a poco iniciamos unos movimientos compulsivos al compás.
Él no tarda en llegar a su orgasmo, yo aún no llego, por lo que sale de mí, y con su lengua me masajea mi clítoris.
Me quema, me gusta, me introduce uno de sus dedos mientras su lengua me chupa.
Y estalla en mí el placer, un mundo de sensaciones que no conocía.
Jadeos, gemidos incluso algún grito se escapa de mi garganta.
Siento como mi piel suda.
Mis sentidos pierden la razón.
Y comprendo que no hay por que tener miedo.
Es mi primera vez.
Muy al contrario de lo que creía, la he disfrutado y quiero más, mucho más.
Deseo. Año 2003.
- ¿Y cómo me veías en tu sueño?
- Muy sexy ………
- ¿Si?
Nos tendemos en la alfombra, y al cabo de un momento, desliza su mano bajo mi falda, no lo detengo, ni cuando su mano está ya debajo de mis bragas.
- Te deseo tanto ………….. (susurra).
- Yo también te deseo, pero no puedo …. No estoy preparada.
- Sí, lo estás … lo estás … Puedo notarlo.
- (Aparto su mano y me siento). Me refiero a preparación mental.
- ¿Preparación mental?
- Sí.
- ¿Cómo llega una persona a estar mentalmente preparada?
- Una persona tiene que pensar, tiene que estar segura ………
- Pero tu cuerpo dice que quieres.
- El caso es que no sé como satisfacerte. No sé cómo hacerlo.
- Es lo más fácil del mundo, (se afloja el cinturón.).
Intento no parecer nerviosa, pero mis manos tiemblan, mi voz se entrecorta.
No soy capaz de reconocer que mi cuerpo me lo pide.
Por lo que le dejo continuar.
Estamos aún tendidos en la alfombra de casa, solos.
Se abre la bragueta para asomar su sexo ante mi vista, es ENORME, aún siento miedo solo de pensar que toda esa parte de él tiene que ser metida por un diminuto agujero de mi cuerpo.
Intento frenarlo, pero me hace callar.
Se inclina sobre mi cuerpo, me acaricia la cara, la frente, las mejillas.
Me besa, el cuello, me susurra al oído, palabras preciosas, empiezo a sentirme deseosa, de tenerlo.
Mientras una de sus manos libera uno de mis pechos, los noto firmes, mis pezones exaltados, apuntando hacia su boca, que los lame. Con el calor que desprende su lengua.
Mi cuerpo da muestras de estar vivo.
Mis manos buscan su pecho para acariciarlo.
Poco a poco el miedo se aleja, dando paso al deseo natural del instinto.
Me siento sudorosa, de mi garganta exclama gemidos.
Mientras continúa besando cada parte de mi cuerpo.
Una mano, tímidamente se apodera de su miembro, intenta masajearlo, con cuidado, con amor.
Noto como su excitación crece aún más.
Sus labios descienden por mi estómago, ombligo, continúan bajando hasta encontrar la goma de mis bragas que aparta con un dedo.
Las desliza para dar paso a su lengua.
Está en el inicio de mi sexo, siento mi excitación y me gusta la suavidad con la que me trata.
Cuando quiero darme cuenta, mis bragas no están.
Entre mis piernas, su cabeza.
Sus manos abren mis muslos para poder acariciar su interior.
Noto como mi sexo se humedece. Como un rayo penetra en mi parte más oculta, ardiente, muy húmedo, resbaladizo.
Su lengua se apodera de mi sexo, virgen, inexplorado.
Mis piernas se abren para él.
Mi cuerpo se arquea, dando paso al deseo.
Mientras mi mano masturba su pene.
Muestra un poco de saliva en la palma de una de las suyas, con la que se frota el glande.
Con un dedo, busca mi raja, al encontrarla cambia el dedo por su pene, y lo introduce lentamente por mi cuerpo.
No me duele, sólo puedo sentir los susurros en mi oreja y su mirada clavada en la mía.
Deseo que entre más y así poco a poco iniciamos unos movimientos compulsivos al compás.
Él no tarda en llegar a su orgasmo, yo aún no llego, por lo que sale de mí, y con su lengua me masajea mi clítoris.
Me quema, me gusta, me introduce uno de sus dedos mientras su lengua me chupa.
Y estalla en mí el placer, un mundo de sensaciones que no conocía.
Jadeos, gemidos incluso algún grito se escapa de mi garganta.
Siento como mi piel suda.
Mis sentidos pierden la razón.
Y comprendo que no hay por que tener miedo.
Es mi primera vez.
Muy al contrario de lo que creía, la he disfrutado y quiero más, mucho más.
Deseo. Año 2003.
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