viernes, 28 de mayo de 2010

Todos contentos y saciados



Hola, me llamo, Juan, esta mañana no puedo dormir y a pesar de parecerte extraño, a estas horas según mi reloj las 05:15 estoy contándote mi historia.

A causa de muchas cosas tengo que pasarme el día fuera de casa, trabajando, mis relaciones con las mujeres, digamos que sólo me han traído deudas y préstamos.

Por lo que ahora comparto mi vida con mi perro Lucas, un humilde piso y poco más.

Nada de lujos, nada de caprichos.

El roce con mis vecinos es casi nulo, ya que durante el día no estoy nunca, cuando regreso del trabajo sea la hora que sea, Lucas, me espera en la puerta, pidiendo salir para hacer sus cosas.

Normal, pero me da la compañía que necesito para tranquilizarme, mientras mis manos, dan el desahogo a mi sexo.

Un buen día que me vi forzado a tomármelo de fiesta, para poder hacer unos trámites, me crucé con mi vecina, no sabía quien era, pero en las escaleras entablamos conversación, me llamó la manera que tenía tan dulce de hablarle a Lucas.

Se ofreció a sacar a Lucas, si yo le daba mi permiso, pues según ella adoraba a los perros y Lucas es de los enormes.

Sin pedir nada a cambio, sólo las llaves de casa, y nada más.

En casa sólo está lo justo, por lo que accedí, pensando que con un poco de suerte, pudiera acabar tirándome a la vecina que estaba de buen ver.

De eso hace como un mes y medio.

Nos comunicábamos por cartas que encontraba en la mesa del comedor, Lucas parecía contento, agotado, imaginé que caminaban mucho.

Me extrañó que ya no corriera a saludarme como antes, pero lo interpreté como satisfecho.

Y tan satisfecho.

Un día tuve un leve accidente, pero me quedé sin coche, el taxi del seguro me llevó a casa.

Al entrar todo parecía normal, sólo tenía ganas de acostarme y olvidar el susto.

Recorrí el largo pasillo hasta la cocina y de allí hasta mi cuarto. No escuché a Lucas, y pensé, ¡genial! No está.

Por el pasillo, me quité la blusa sudada, y estaba por los pantalones cuando al empujar la puerta, mis ojos vieron el cuerpo de mi vecina en el suelo, como si buscara algo, antes de abrir para preguntar, noté como era empujada con fuerza, y ella giraba su cuello, dejando la cola que recogía su pelo caer por el hombro.

Una serie de imágenes se amontonaron en mi mente.

Como Lucas, cada noche estaba tendido en su alfombra sin prestarme caso como se chupaba su pene, enrojecido, como caminaba después de los largos paseos que yo creía que daba.

La forma de ladrar al pasar por la puerta de la vecina.

Era mi Lucas, y la muy zorra se lo estaba tirando, y le gustaba.

El enorme peso de Lucas, caía sobre la espalda de ella, las manos le temblaban, los codos perdían fuerza en cada empujón, pero ella aguantaba.

Sacaba su legua y relamía sus labios, mientras que mi perro la penetraba.

Era mi perro, y mi casa, mi habitación.

Resentí lleno de ira.

Reaccioné, esperando, me excité, pero no pude masturbarme.

Espera como 15 minutos a que Lucas acabara, y vi como ella con aquella enorme verga dentro, se colocaba de forma que su mano, rozaba su clítoris, la cara de mi vecina era un poema.

Lucas, se chupaba una y otra vez intentando salir de su cuerpo, el nudo no lo dejaba mientras ella lo aprovechaba para pajearse.

Lucas, se movía, estaba incómodo, mientras que con la otra mano, ella lo calmaba.

Continuaba masturbándose, y Lucas, lamía su culo, su coño, su mano.

La muy zorra, disfrutaba, su cara cambiaba, sus gestos se intensificaban, mientras reordenaba a Lucas, que permaneciera quieto.

Satisfecha, esperó hasta que el animal la desmontó.

Entonces entré yo, con mi gran verga.

No le dije nada, ella miraba asustada y callaba.

No se la pretendía meter por el conejo, no me apetecía, me imaginaba todo eso lleno de la leche de Lucas.

Le pasé una toallita húmeda, y una vez se limpió a fondo, le metí mi verga hasta los huevos.

La muy zorra pedía más, gemía, Lucas, continuaba chupándose en un rincón, ajeno a nosotros.

Mi pene entraba y salía, seguro que mi Lucas, ya la había metido antes que yo por el culo.

No fui delicado, mi ira me impulsaba a meterla, a reventarla, a saciarme.

A castigarla, mientras yo sentía placer.

Ella se agitaba, pedía más, hasta que no aguanté y vacié mi leche en su culo abierto.

Bombeé hasta que no dejé ni una sola gota en mis testículos.

La dejé arrodillada mientras le pasé mi pene por la espalda, para metérselo por la boca.

Lo chupó, lo lamía, me gustó.

Una vez acabó mi placer, la miré.

Respiré hondo y le ordené:

- Mañana aquí a las 23:00, si no estoy te duchas y me esperas.

La ordené salir de mi casa.

Desde hace un mes, la tengo para mis caprichos, saca a Lucas, y me sacia.

No está nada mal, es la primera mujer que no me saca nada a cambio, la follo y se acabó.

Lucas, se pone a mil cuando ella se le acerca, su pene crece, y estoy pensando en compartirla alguna vez juntos.

Deseo. Año 2004.

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