viernes, 28 de mayo de 2010

Quien me la hace, me la paga



Toda esta historia comienza cuando mi cabeza no para de dar vueltas pensando que mi situación con Belén, no funciona, no mantenemos conversaciones como antes, la convivencia se puede describir como rutinaria, casi no nos abrazamos.

Digamos que me canso de intentar forzar la situación, llenarla de besos que rechaza, de caricias que esquiva, de frases que no escucha.

Ese día caminaba despacio hacia casa, las calles estaban vacías, nada a mi alrededor sólo mis pensamientos, a pesar de que la gente me empujaba acelerando sus pasos rumbo a donde ellos sólo sabían.

Una tormenta había hecho que la electricidad de la fábrica fallara, de tal forma que nos mandaron a casa, ya que se tardaría unas 24 horas en arreglar la avería, que ni los alternadores funcionaban.

Subí uno a uno los peldaños de las escaleras, no cogí el ascensor, no tenía ganas.

Me paré en la puerta intentando poner en orden mis pensamientos, y a la vez idear la mejor entrada posible para mejorar la situación.

No entendía los sonidos que salían de mi cuarto, me eran familiares, me sonaban a conocidos, pero no podía ser.

Tras la puerta reconocí los gemidos de Belén, y los de otro hombre, mi ira saltó, mi ímpetu reaccionó buscando con la mirada algo punzante, algo con peso, pero paré y escuché con más atención.

Eso me permitió serenarme.

Respiré hondo y mientras espiaba como aquel cuerpo de hombre metía la verga en el culo de mi pareja, me fui bajando los pantalones, mi odio, por que en ese momento era lo que sentía me llevó a disfrutar de esa imagen, mientras que con mi mano pajeaba mi verga, mi mente pensaba en como vengar esa situación.

Hice unas fotos digitales, y continué con mis caricias.

Una vez estaba excitado, entré en la habitación en silencio, sin darles tiempo a verme mi gran polla se adentró por el culo de ese hombre que respondía al nombre de Juan.

Los dos a la vez gritaron asustados, él la penetraba y mi peso no dejó que saliera de su culo.

El muy cerdo estaba en tensión, por lo que mi novia a cuatro patas aguantaba el peso de él y el mío.

Los dos chillaban sin entender que pasaba, pero pronto pronuncié sus nombres.

Belén me reconoció, mientras que el otro supongo que se imaginó quien era el que le tenía la punta de la polla metida en su ano estrecho.

Se movía para que me quitara, mientras que con ello le hacía daño a Belén, yo continué mucho rato entrando y saliendo, no era lo que más placer me daba, pero verlo humillado de aquella forma me excitaba.

Tardamos, pero llegó el momento, al darse cuenta de que no podía desprenderse de mí, supongo que pensó que lo mejor era relajarse, de esa forma noté, como su ano se dilataba lentamente, mi verga entraba forzada pero entraba.

Belén comenzó entonces a gemir.

Juan, contoneaba sus caderas, no sé si de dolor o de placer, la verdad es que estaba tan apretado que mi verga me dolía.

Para no salir de ella, escupí sobre su culo con todas mis fuerzas, eso ayudó a mi penetración.

Belén se agitó, mientras que entre ella y yo lo teníamos pillado, sé que ella se corrió, conocía sus gritos diferentes.

Juan agitaba sus caderas, y salí de él para ver si era de placer o dolor, noté como estiraba su feo culo hasta que tocaba mi punta, eso me hizo entender que deseaba más el muy cabrón.

Se la metí de golpe, seco, gritó.

Separé un poco el cuerpo, y Belén, la muy puta, le chupó la verga hasta que el tío se corrió en su cara.

Yo deseaba hacerlo sufrir, que me odiara, romperle el culo, aguanté, mientras ella miraba.

Pero no tanto como me hubiera gustado, el pene me escocía del roce, por lo que me aparté de él y agarrando a Belén le metí mi polla en su boca.

Agarrando a Juan, de los pelos, hice lo mismo, tenía dos lenguas chupando mi verga, roja, hasta que mi leche salió a chorros desde mis huevos para ver como sus bocas la tragaban, mientras algunas gotas se esparcían por sus caras.

Agitado, y sereno, los miré, les dije que salieran de casa, antes de que me arrepintiera, a lo que Belén me dijo que me fuera yo.

En ese momento traje la cámara y les mostré mis imágenes.

No les dejé ni vestirse, era la mejor manera que tenía de humillarlos, si me ponen los cuernos, al menos que me lo digan.

Belén, no regresó nunca a casa a por sus cosas, Juan ahora sé que vende su cuerpo por dinero.

A mí me lo hace gratis, el tío la mama como nadie.

Esta es mi historia, y también mi venganza.

Quien me la hace me la paga, eso está claro.

Deseo. Año 2004.

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