
Tengo 18 años, trabajo como ayudante de carpintero y a menudo mi jefe y yo solemos realizar alguna que otra chapuza.
Debido a mi esfuerzo físico y mi constitución delgada, aparte de mi lado más presumido, me gusta cuidar mi cuerpo.
Puedo decir que se marcan mis bíceps y abdominales y mi culo está muy bien contorneado y firme, gracias a las horas en el gimnasio y el respeto que mantengo a mi buena imagen.
Me gusta mirarme al espejo y felicitarme por mi torso liso, mi piel bronceada me gusta mirar esa imagen y contemplarla.
Pablo, mi jefe, es más fuerte que yo, más rudo por decirlo de alguna manera, me gusta el culo que dibujan sus pantalones cuando estamos por trabajo, incluso la forma de subírselos cuando después de un gran esfuerzo le resbalan cintura abajo, esa forma peculiar me excita, marcando el paquete que sólo he tenido oportunidad de ver ocasionalmente en algún baño.
Me da respeto mostrar mi condición sexual delante de él, no sé de qué manera respondería, y no quiero perder ni mi empleo ni a mi amigo.
Una vez más me refugio en mi silencio, en el silencio y el placer de ver mi imagen reflejada, mientras mi cabeza se sitúa en algún otro lugar con Pablo, semidesnudo ante mis ojos, y atrayéndome con su mano.
Es hora de amanecer, como siempre ya estoy listo y salgo para la calle, escaleras abajo en mi mente sólo una idea, ¿cómo vestirá hoy Pablo?.
Hay que ir a un bloque muy antiguo, es lo que me comenta, una mujer ha de cambiar unos muebles de cocina.
Estoy seguro de que alguna vez Pablo mantiene relaciones esporádicas con alguna clienta, eso despierta mis celos.
Pero mantengo mi secreto.
Entramos, gracias a Dios que hay ascensor.
Estrecho pero lo hay, la verdad después de ver la película gay de anoche y desgastar mi sexo mirando aquellos cuerpos perfectos, imaginando que era mi verga la que entraba y salía de cada culo, no tengo fuerzas para sospesar a pulso los armarios.
Entre Pablo y yo acomodamos uno a uno, cada mueble, cada pieza, pronto el ascensor está completamente lleno, hemos de subir la carga, pero solo nos queda un pequeño espacio, le indico a Pablo que suba él yo lo haré por las escaleras ya que hay que descargar una vez esté todo arriba.
Pablo insiste en que cabemos en aquel minúsculo espacio, que no hace falta que suba los 8 pisos a pie.
De manera que me acomodo con mi espalda en la pared fría del ascensor encogido para que Pablo se coloque en el interior, son 8 los pisos que tiene que ascender el ascensor viejo, chirrisquea como quejándose del peso, por un momento temo que no supere a prueba, pero se me olvida rápidamente mi idea al notar el cuerpo de Pablo apretándose contra mi pecho, de tal forma que su culo roza mi sexo, no puedo evitar la excitación ni la crecida de mi pene, está completamente erecto, la vergüenza me invade, supongo que no preguntará, mi cabeza estalla, ¿qué respuesta puedo darle que parezca coherente?.
Ante mi sorpresa, Pablo me mira de reojo, su mirada de alguna forma me tranquiliza, al colocar el cuello otra vez en la posición inicial me sorprende como su trasero se agita, se refriega entre mis piernas clavando mi pene entre sus nalgas.
Pablo, no se corta, continua con su balanceo, e incluso hace movimientos imitando una penetración, mi pene casi estalla, mientras noto como uno de sus dedos busca mi mano y lo pasea por la piel, me tranquiliza, me relaja pero me excita aún más.
Pablo sabe lo que hace, estamos en el 7 piso, me mira de reojo una vez más e inclina su cuello hasta de que de una forma forzada sus labios rozan los míos entre abiertos por el placer.
Estamos en el 8 piso, el viejo ascensor chirría una vez más, es cómplice de nuestros roces, de nuestra confesión sin palabras.
Sin cruzar palabra salimos, descargamos las partes de los módulos y las acomodamos cerca de la cocina.
Pablo habla con la señora, mientras yo desembalo parte de las piezas de madera.
Óscar, vamos.
Es la voz de Pablo, me acerco para comprobar que necesita.
Su voz me comunica que tenemos que regresar al taller, faltan piezas.
Le comenta a la señora que quizás tardemos por que si no están allí probablemente haya que llamar al proveedor, y con cara de enojado, se da la vuelta hacia mí, mientras me guiña un ojo.
Salimos de la casa, entramos una vez más en el ascensor que está vez no se queja tanto, descendemos, mientras sus ojos me miran fijamente, me gusta, mi pene que por unos minutos había encontrado descanso se muestra al pie de guerra.
Me agarra una de mis manos, después la otra, me atrapa entre la pared y su cuerpo y se estrecha contra mi mostrándome toda la plenitud de su pene, tan o más grande de lo que había imaginado.
Mientras me clava sus pupilas, su lengua se deja asomar hasta rozar mis labios, es dulce, sensual y deseo más.
El trayecto del ascensor finaliza, y lentamente las puertas se abren para darnos un respiro y devolvernos a la realidad.
Salimos a la calle, no hablamos, ya no es necesario, entramos en la furgoneta, Pablo se dirige rumbo al almacén.
Estamos solos, silencio, no enciende la luz, me agarra con firmeza la mano, pero a la vez con dulzura arrastrándome o flotando llego hasta su despacho en donde una vez adentro su fuerte brazo retira de un golpe seco todos los papeles que descansan en ella.
Caen al suelo, no puedo verlos por que mis ojos miran otra parte del despacho, miran el cuerpo de Pablo.
Se acerca a mí, sus manos me agarran el cuello, su boca arrastra mi piel, mi nuca estalla con el calor de su lengua.
Mis manos luchan por mi torpeza cuando intento quitar parte de su pantalón.
Pablo me relaja mirándome, su boca gruesa, su lengua húmeda entran por mi garganta, hasta perder el sentido, esta mezcla de sensaciones, como imposibles y sueños realizados a la vez estalla en mis muslos.
Me relajo cierro los ojos y me entrego a él.
Mis manos aún temblorosas por el nerviosismo, logran despojarlo de los botones de nácar de su camisa, por fin la yema de mis dedos pasean por el pecho desnudo, juguetean con los pezones y mi boca baja para succionarlos, Pablo arquea su cuello, pidiéndome más.
Desciendo para concentrarme entre sus piernas, con la ayuda de una de mis manos arranco el botón de su bragueta, sin darme cuenta mi garganta emite un sonido de asombro, el pene es de dimensiones excepcionales, de color rosado, el glande de Pablo, parece no aguantar tanta presión, mientras veo como asoman gotas de su licor y como un poseso me aferro a ellas para no dejar escapar ni una sola.
Mi lengua recorre el pene, me centro en su frenillo, se que es donde se encuentra el mayor placer si sabes agitarlo, Pablo gime, me excita.
Su sexo entra sale de mi boca, y sus manos me masturban con delicadeza.
Los labios se juntan mientras mi cuerpo se coloca sobre la mesa, poco a poco, mi culo se abre para darle paso, noto como la saliva de Pablo se expande con la ayuda de sus dedos, preparando mi ano para la penetración.
Mi mano no deja de agitar mi pene, necesito que me penetre, se lo digo, es casi una súplica, le pido que me entre, que me posea.
Puedo notar cada pliegue de su pene, el glande que se abre paso por la oscuridad de mi hueco, no me duele, la mezcla de amor en cada susurro que Pablo le dedica a mis oídos hacen que mi calor se expanda y mis vasos sanguíneos ayuden a dilatarse el ano deseoso de ser invadido.
Como una ráfaga entra y sale, lo siento tan adentro que mi mano no puede dejar de masturbar mi pene, me gusta, es Pablo, mi Pablo.
Me está haciendo suyo.
Puedo escuchar los chasquidos de su entrada, reposa, y me gusta, Pablo gime, y acelera el movimiento que hasta ahora era sutil, libre pero suave, acelera y con él mi culo da rienda suelta a un movimiento de mis caderas que hacen que su orgasmo llegue.
Puedo sentir su semen ardiente expandido por mi interior.
Es intenso, placentero, continuo agitándome, y mi mano masturba mi sexo deseando correrme, esparcir mi leche por la mesa.
Pablo sale de mí, me gira, voltea mi cuerpo hasta situarlo frente al suyo, sus manos agarran mi cuello y me besa.
Ahora te toca a tí.
Pablo, abre su culo ante mis ojos, y con su propio dedo estimula el hoyo negro por el que mi pene entrará.
Dejo de masturbarme, y lentamente lo amo, milímetro a milímetro, entro en él, mi glande siente como entra, como recorre el camino hasta situarse completamente en el interior de Pablo.
Una de sus manos se aferra a mi culo, ayudándome a agitarme, y al estar lubricado entro y salgo con más facilidad.
Ver la cara de Pablo es un poema, me mira con los ojos brillantes, me dice palabras sin voz, me mima con su mano, cada acto cada movimiento desprende amor.
Hasta que estallo dentro de su culo, mi leche se expande y mi sexo resbala más que antes.
Pablo gime otra vez, y veo como se corre dejando la marca de su esencia salpicando la mesa y deslizándose por las patas de madera.
Lentamente, apagamos el fuego que nos invade, empezamos a respirar con menor dificultad, nos acomodamos mientras nos fundimos en un apasionado abrazo lleno de caricias, de labios y lenguas que se entrelazan.
Pablo me mira, y sonríe.
Mi amor callado ya no tiene que permanecer en silencio.
Mi pene tiene un culo por donde encontrar placer y mi pene un aparcamiento de calor.
Pablo y yo somos pareja, acabamos de confirmarlo.
Acabo de despertar a mi sueño, sólo que esta vez no tiene fin, es real.
Descansamos abrazados mientras mi cabeza se apoya en su pecho, el latido de su corazón me gusta, habla solo.
No tengo por qué esconderme más.
Deseo. Año 2003.
No hay comentarios:
Publicar un comentario