
Sí, me gusta el sexo ¿y?
Dichoso yo que lo chillo a los cuatro vientos, a cualquiera que me encuentro le dedico siempre unos minutos a hablar sobre sexo, mamadas, enculadas, folladas, todo lo imaginable e inimaginable del tema.
Lo adoro, es parte de mi vida e intento follar tanto como puedo.
Comencé como todos, cuando estaba a solas y cualquier pensamiento hacía que mi pito se levantara pidiendo guerra, la primera vez ni me lo plantee, sólo noté que al agitarlo sentía y disfrutaba de placer, así cada noche, a menudo entre dos y tres veces, después mi primera relación, en la que por fin penetré el coño de una chica, después fui despertando lentamente al sexo hasta que llegó el día en el que mi lengua saboreó el jugo de un conejo, me llenaba y me llena tanto que continuo, por que tengo claro que ahora puedo y además tengo que comer por si llega el fatal día que no se me levanté cuando yo quiera.
Hoy me voy a centrar en una mamada de espectaculo, sólo en eso.
Te cuento, era ya mayorcito creo que en mi último año de carrera, ya sabía lo que era penetrar y muchas cosas más, no era un niño, pero cualquier excusa era buena para llevar hasta mi habitación a una chica.
Ese día en concreto era para un trabajo en el que teníamos que unir esfuerzos y vaya si los unimos.
Mientras repasábamos los temas uno tomaba notas y el otro decidía que era lo que se tenía que subrayar, lentamente acabábamos el trabajo, ahora nos faltaban las copias en un principio decidimos salir los dos, pero Marta, que era la chica, tuvo la genial idea de ir sola mientras yo me quedaba en casa preparando una merienda como premio a nuestro esfuerzo.
Inmediatamente lo planeé todo, me duché en tres minutos, me dio tiempo a hacer algo de merienda y preparar unos refrescos y aún me esperé un poco impaciente a su regreso con las copias.
Por fin llamaba a la puerta, tardé unos minutos, así pude decirle que tenía tanto calor que me había pillado en ella, eso le gustó, aparte de que mi cuerpo sólo estaba cubierto con una toalla.
Le dije que se sentara mientras me vestía, pero fíjate que casualidad, que en ese preciso momento el tímido nudo que sujetaba mi toalla se aflojó dejando mi verga a la vista de ella, yo fingí no darme cuenta, pero sus ojos no perdían detalle de mi tamaño, por lo que con una tonta excusa permanecí un poco más con esa imagen delante de ella.
Hasta que por fin, señalándome con un dedo, me indicó que algo se escapaba, le pedí perdón, y sin intentar ser grosero pero con ánimo de crear un clima de chiste, le indiqué que ya que estaba fuera sería por que seguramente ella le gustaba y no pudo evitar sacar la cabeza para conocerla.
Marta, comenzó a reír, mientras que yo hacía lo mismo y el agitar del cuerpo movía la cabeza de mi pene como si también saludara, eso creó una situación de más risa contagiosa acabando doblados y casi llorando, yo sentado a su lado mientras limpiaba mi mirada ya que alguna lágrima a causa de la risa se acababa de escapar.
Cuando fui capaz me levanté dispuesto a vestirme ya que ella no me dijo nada al respecto, y al hacerlo, su mano se acercó a mi pene, me quedé parado al contacto, era lo que estaba esperando y creía perdido.
Con ese movimiento enderezó su cuello acercando su boca hasta la punta de la verga que comenzaba a crecer entre su mano, la lamió acercando su aliento y después introduciéndosela en la boca.
Sentí como ráfagas de fuego me llenaban, me latían, me quemaban, endurecí mis glúteos para darle más cuerpo a mi verga, mientras ella cogía posición y la mamaba a conciencia.
Una y otra vez, mientras la piel de mi verga era estirada hasta el nacimiento de mis genitales.
Notaba como su labio inferior rozaba mis huevos, me ponía a mil, el calor de la lengua que se escapaba traviesa por la comisura de sus labios, mientras ella con una mano ayudaba a mi cuerpo a bombear en el mismo sentido que sus mamadas.
Mi glande comenzaba a escupir líquido que ella dejaba escapar para después tragárselo, mientras alejaba su boca de mi pene mostrándome el hilillo que cuelga, mi pene latía al ver tal escena.
En un momento dado y haciendo un esfuerzo se la metió entera, dio cabida hasta uno de mis huevos en su boca a la vez que mantenía el pene.
Entonces ya no aguanté más, estallé, no me dio tiempo a apartarla de su boca y de esa manera mientras mi glande duro y morado latía mis chorros se introdujeron por su garganta, mientras que el resto de los chorros manchaban su piel.
Estaba agitado, me costó controlar mi respiración, ahora era mi turno, y dejé que mi mano buscara su sexo para meterse dentro, pero con la mala fortuna que una llave comenzó a hurgar la puerta, al darnos cuenta, salí hacia mi habitación a vestirme mientras ella disimulaba en la sala, limpiándose la cara.
Era mi madre que llegaba de la compra.
Bendita presencia.
Mi verga se había descargado y la entrada de mi madre hizo que yo no tuviera que continuar la faena, total yo por mi parte estaba servido.
Ahora sólo tenía que esperar a que manden otro trabajo.
Esa fue una de mis primeras y mejores mamadas.
De eso hace mucho, pero me alegra y me pone cachondo recordarlo, de Marta no sé nada, pero joder como la mamaba la moza.
Deseo. Año 2004.
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