
He de contarlo, es demasiado como para guardarlo dentro y callarlo, por otra parte no me gusta fardar, por eso me he dedicado a dejarlo escrito aquí, donde podrá ser leído y compartido.
Estoy en mi último año de la facultad, ya nos conocemos a los maestros, la verdad todos viejos, con mala leche, pero en fin, maestros.
La aventura, por que prefiero llamarla así, comenzó hace unos dos meses.
Uno de los profesores, fue atropellado de camino a la facultad, tardaron unos dos días en encontrar sustituto, hasta que una mañana entró el director mientras todos hablábamos en clase, esperando que no hubiera ese día, para nuestra sorpresa, nos anunciaba y nos presentaba a la SUSTITUTA.
No se dónde la sacaron, pero nos quedamos mudos a la vez, los chicos y las chicas.
Unos por excitación y otras por envidia.
Tenía delante mío, a mi profesora, era una diosa, una mujer 10, tan sólo unos 4 ó 5 años mayor que yo.
Moderna, preciosa, soñé con tenerla en mis brazos, y a los 5 minutos, deseé verla comerse mi leche.
Despertaba deseo sólo con mirarla.
Por mi parte, me dolía que el profesor estuviera en el hospital, no le deseo nada malo, pero rogué, pedí y supliqué que no se recuperara en mucho tiempo.
El director, nos comunicó que la profesora estaría de suplencia unas dos semanas, nos la presentó, se llama Nora.
Nora.
Nora, ese nombre me martilleaba los sesos.
Deseaba cada mañana que empezaran las clases, intentaba toparme con ella en los pasillos, quería que se diera cuenta, que no sólo era un nombre más en una fila, tenía un cuerpo, una cara, unas manos, y una gran polla que podía ser suya si se dejaba.
Durante esas dos semanas, soñaba cada noche con Nora, mi polla, la recorría en solitario, al quedarme sólo en mi habitación, cada gota de mi leche, tenía su nombre escrito.
La deseaba, era inalcanzable y eso era lo más excitante.
La mayor alegría de mi vida me la dio ella misma, el día que nos comunicó que el profesor al que estaba supliendo no le daban el alta, y que su estancia en la facultad se prolongaba por lo menos durante un mes más.
Mi polla, lo agradeció, creciendo al instante.
Las clases con Nora, pasaban volando.
Una tarde, decidí acercarme mientras los demás compañeros salían para hacerle unas preguntas tontas, con la intención, de que me conociera, de que se diera cuenta de mi existencia.
Me acerqué mientras ella escribía, de forma que pude ver el nacimiento de sus pechos.
Sus ojos se clavaron en los míos, y amablemente me dijo que ahora no podía atenderme, que hiciera el favor de pasar a verla, al término de la última hora de clase.
Me sentí como drogado, ni la marihuana causaba ese efecto en mí.
Era la hora, llamé a la puerta, entré.
Nora, estaba sentada, esperándome, la saludé y entré, en ese momento sonó su móvil, lo odié.
Mientras hablaba por él, vi como anotaba algo en un papel y me lo dio.
Entre la conversación del teléfono y mientras se colocaba la chaqueta, me dijo que en media hora estaba allí.
Miré lo que había anotado en la hoja a la vez que ella cerraba la puerta, era una dirección, SU dirección.
En 30 minutos, llamé a esa otra puerta.
Me abrió, mientras se soltaba la melena que siempre llevaba recogida en la nuca.
Se notaba que acababa de llegar ella también.
Se disculpó y me invitó a pasar.
Estaba preciosa, me dio a sensación de que ya no éramos alumno y profesora, éramos dos personas más.
Bueno, dos y mi pene que comenzaba a hacer acto de presencia.
Nora, se dio cuenta de mi estado.
Mi cara ardía de vergüenza, pero ella muy natural me dijo ........
- No soy la profesora de lengua, pero si quieres y veo que te apetece, podemos practicarla.
¿Esto qué es? Es lo que pensé.
Me temí que fuera una imaginación mía, no reacciné, pero si que lo hice al notar su mano en mi paquete sospesando el bulto.
Tragué saliva, y me dediqué a tocar sus pechos, duros, grandes.
Las manos de Nora, ya estaban dentro de mis vaqueros, la polla, fuera de mi slip, (menos mal que los llevaba limpios).
Noté como su aliento se acercaba a mi verga, mis manos agarraron su cabeza y la dominaron para mandar sobre su felación.
Primero eran lentas, para después acelerar el ritmo, al son de mis caderas, que parecían tener vida propia.
Nora, la chupaba como ninguna chica me la había chupado antes. La dejé hacer, hasta que tuve que poner freno a aquella situación, mi leche llamaba a la puerta.
Le quité las bragas sin desnudarla del todo, sólo me molestaba esa prenda.
Como un loco, me lancé a chupar toda aquella zona que olía a sexo, ella estaba mojada, sus labios, temblaban al roce de mi lengua, la estiré todo lo que pude y me adentré por su raja, rosada, mientras que con mi otra mano, le pasaba los dedos justo por el ano.
Estimulé, toda la zona, hasta que con las piernas abiertas mientras le chorreaban los líquidos mi saliva y su flujo, me pidió que le metiera mi estaca.
De pie, amarrándola por la rodilla y manteniendo su pierna a peso, le clavé mi vega hasta el fondo.
Mi culo entraba y salía tal y como lo hacía mi polla.
Ella clavaba sus uñas en mi espalda.
Me excitaba más y más, por que su aliento me calentaba el oído, de tal forma que podía sentir sin censura sus jadeos, sus gemidos, es muy excitante.
Yo estaba bombeando como un loco, sin darme cuenta de que no estábamos solos.
El contacto de unos pezones en mis glúteos, me alarmó, pero no salí del conejo de Nora, dejé que aquellos pezones hicieran su trabajo.
Mientras bombeaba, una lengua rozaba mis huevos, eso fue demasiado, estallé, llenando el coño de Nora, con mi leche.
Estaba agitado, cansado, y fue cuando miré la cara de quien me estaba mamando los huevos.
Era otra chica, que nada más dejar yo el coño de Nora, se abalanzo sobre el, y lo lamió, con desespero, dejando a mi vista su culo, moviéndose con cada lamido.
Me excité una vez más mi polla mirando al frente apuntaba a aquel ano, y así lo hice, me adentré por él, no me costó entrar.
Ese hueco era más estrecho, una vez mi polla estaba acoplada me daba más placer adentrarme por el ano que por el coño, la estrechez, las cesaciones nuevas, y ver como Nora comenzó a chillar, mientras la otra la chupaba, era demasiado, estallé en aquel culo.
La chica a la que se la estaba metiendo gemía, vi como Nora, le tocaba el clítoris, las dos se corrían a la misma vez que yo.
Paramos lentamente, cansados.
Era su amiga, Laura, viven juntas y disfrutaban juntas.
Bueno, desde esa tarde, cada tarde tengo que presentarme en su piso, por que siempre tengo dudas.
Es que soy un chico muy indeciso.
Deseo. Año 2004.
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