domingo, 30 de mayo de 2010

¿Por dónde andarás?



Todos los que entramos en el mundo de Internet, solemos hacerlo a través de un chat, esos son nuestros inicios.

Largas charlas con gente desconocida que acaba siendo de tu familia, y pocas de ellas se conservan con el tiempo, buenos recuerdos, y algún mal entendido, hasta que poco a poco, te creas un mundo, o te enganchas o te alejas, haciendo de eso que al principio era tan interesante, un segundo plano.

Recuerdo que como una novata más, entré por casualidad en una sala, mi nik, dejaba claro mi condición de mujer, miles de pantallas me avasallaban incluso se me hacía imposible recontestar a todas, hasta que poco a poco seleccionabas.

Recuerdo una en especial, al principio un poco grosera, pero poco a poco más amena.

A menudo es difícil entender el tema por unas frases carentes de comas y las cosas se mal interpretan.

Era un chico, su nik, era muy sensual, (omito decirlo para que no se reconozca y dejarlo en el anonimato).

En un principio, me entraron ganas de no responder, pero algo en aquel descaro me hizo entrar en su juego.

Tan descarado lo primero que me escribió era una pregunta, clara y concisa.

- ¿Quieres sexo?

- No gracias.

- ¿Estás segura?

- Sí, claro.

- Entones ¿por qué me respondes?

- No lo sé, si te molesto cierro.

- Créeme, si no lo has hecho ya es por que necesitas algo.

Supongo que tenía razón, pero no sabía como admitirlo.

Lentamente nos adentramos en un mundo de preguntas y respuestas, todas ellas picantes.

- ¿Te has masturbado?

- No, nunca.

- No me lo creo.

- Es cierto, no tengo por qué mentirte, no te conozco.

- Precisamente por eso, mira, digo, mejor dicho lee.

Me relajé intentando ser coherente, parecía sensato, algo en aquellas palabras me atraía como un imán.

- Confía en mí, lee, relájate, no escribas, lee, lee y sueña, mientras yo te hago disfrutar.

No respondí, esperé a que aparecieran las frases en la pantalla, me imaginé su cara, su piel, su cuerpo, cómo estaría sentado, que ropa usaría, sus ojos, sus dedos.

- Acerca tu mano hasta tu cuerpo, a la altura de tus pechos, acarícialos, siéntelos, nota como los pezones endurecen con el contacto de tu piel caliente, disfruta de cada microorganismo, de cada movimiento, de cada sensación por pequeña que sea.

Mis manos obedecían, degustaba aquella sensación extraña, era la primera vez que exploraba mi cuerpo de aquella forma.

- ¿Lo notas?, ¿sientes como tu cuerpo pide más?, vive el placer que está naciendo en tus entrañas, no lo calles, ahora, haz que tu mano penetre entre tu ropa, quítatela, si es necesario, distingue entre placer y curiosidad, has de buscar tu placer, ese cosquilleo que te anima a seguir tocando, acariciando, a encontrar ese otro mundo de sensaciones desconocidas.

Mis manos ya estaban dentro de mi ropa, rozando mis pezones, tocando mi cuello, mi vientre, mis labios, se humedecían con mi lengua, y un calor inexplicable me nacía en las entrañas, bajando por ellas, llenando mi útero de llamas, que se transformaban en flujos, y mojaban mi sexo.

- Acaríciate la vagina, sin apartar las bragas, está caliente, ¿verdad?, continua, no dejes que ese contacto pare, ahora aparta esa prenda que no te deja ser libre, ponla hacia un lado, moja tu dedo de saliva, y acércalo hasta tu sexo, ¡no!, no lo penetres, dedícate a pasear por él, pon tus dedos haciendo una V, y bajalos por dentro de esos labios tan hinchados y calientes, la saliva se mezclará con tus flujos y la mezcla es explosiva.

Palabra por palabra, eran ciertas, me costaba leer la pantalla, los ojos luchaban por cerrarse y dejar que mi dedo entrar ya, pero hice caso y leí.

- Acerca tus dedos a tu nariz, huele el aroma de tu propio sexo, disfrútalo, ahora sentirás mejor el placer de acariciarte. Es la hora, pasa tu dedo por el redondo hueco de tu sexo, no dejes de acariciarte ese botoncillo que tienes duro, sin descuidarlo, introduce lentamente el dedo por tu raja, así, tranquila, relajada, respira, calma, calma, calma, no corras, y disfruta sintiendo el tacto de tu interior, cada parte de tu vagina, cada arruga, cada, gota de líquido. Recuerda su olor.

Mi dedo se adentraba, mientas mis caderas intentaban absorberlo, con los movimientos, pero acataba las órdenes.

Sin esperarlo mientras entraba y rebuscaba por cada rincón de mi hueco, el cuerpo empezó a temblar, mi mano se agitó sola, cada vez más rápido, necesitaba esa rapidez, algo me pedía que no parara, mientras las llamas aumentaban sentía calor, plenitud, algo inalcanzable por lo que tenía que luchar para lograrlo, no sabía que era, pero tenía que descubrirlo.

- Relájate, busca una perla, una pequeña pieza que se esconde dentro de tí, cuando la roces crecerá, rózala.

Mi dedo la encontró, esa diminuta canica, endurecía a mi contacto, cada vez me quemaba más, me dolía el dedo de penetrarme, pero no podía parar, estallé en convulsiones, gemidos, mi respiración era incontrolable, mi mano parecía tener ida propia, hasta que las llamas pasaron a ser una hoguera, mis dedos se mojaron con líquidos que nacían de mí, mi cuerpo se agitaba al son de mi penetración.

- Si todo ha ido bien, ahora estarás saltando, yo me he excitado imaginándote y ahora me estoy masturbando, ayúdame, ayúdame, contándome como te sientes.

No podía, como pude, con una sola mano, le pedí unos minutos.

- Me siento caliente, mojada, feliz, tranquila, como si algo en mi hubiera salido y quitado un gran peso, una carga, necesito más, me siento extraña, pero complacida.

- ¿En qué pensabas?

- Imaginaba que mi dedo era tu pene, que mis movimientos eran los tuyos, que era mi amante, lamiendo y tocando todo mi cuerpo, cuando me quemaba, pensé que era tu semen el que me estaba inundando, eso me hizo llegar a lo que creo que es mi primer orgasmo. No quería acabar, pedía en silencio que continuaras entrando en mi cuerpo, te pedía y te deseaba a tí.

Él no respondía, yo me asombré al ver las frases que le acababa de escribir. Pero era lo que sentía.

- Mi niña, he de decirte que suelo tener sexo por aquí, pero no sé, contigo acaba de ser diferente, supongo que por ser yo tu maestro, imaginarte tan tierna, dulce y lo que me ha hecho llegar a mi orgasmo es tu sinceridad.

- ¿Entras siempre en esta sala?

- A menudo, pero acabaras olvidándote de mí, quizás alguna vez coincidamos, y te pediré ser tu amante cibernético, pero pronto me reemplazaras.

Esas frases me dolieron, pero tenía que aceptarlas.

- Tengo que dejarte, es muy tarde y mañana trabajo temprano.

- Gracias por lo que me has enseñado, intentaré encontrarte otro día.

No le he encontrado nunca más, pero sé que no olvidaré aquella forma tan especial y dulce de conocer mi sexualidad.

Estés dónde estés y con quien estés, quiero que sepas que no olvido y confío en poder encontrarte alguna vez en la gran cadena de la red.

Deseo. Año 2004.

No hay comentarios:

Entradas más populares del blog