lunes, 17 de mayo de 2010

Reunión aplazada



Hay cosas en la vida, que por más que queramos no podemos cambiarlas.

Somos lo que queremos, y aún así soñamos en poseer, lo que no es nuestro.

Pero a veces los sueños se hacen realidad.

¿Real?

¿Mentira?

Opina tú mismo:

Soy persona de no salir de casa demasiado, me encanta mi mundo, mi casa, mis cosas.

Un buen día por cuestión de trabajo, tuve que desplazarme a otra ciudad, el día anterior el coche tuvo una avería, por lo que opté por ir en tren, más lento con horarios pero en fin, es lo que había.

Cuando me apeaba del mismo, sonó mi móvil, era mi jefe.

- Carlos, escucha, que la reunión queda aplazada.

- Vale Diego, ¿cojo un taxi para ir a casa?

- No, quédate por ahí, y tómate el día libre.

Eran casi 12 horas perdiendo el tiempo por las calles, por una ciudad que a mí no me decía nada.

Tenía dos opciones, regresar en el próximo tren a la ciudad más cercana a la mía.

O, bien quedarme por allí, solo, cosa que no me atraía demasiado.

Por lo que me acerqué a la ventanilla y pedí un folleto de esos de horarios.

Decidí, examinarlo bien, tenía todo el día por delante.

Me acerqué al bar de la estación y pedí un café con leche, me encendí uno de mis cigarrillos explorando el horario, muy enojado.

Una mano me tocó el hombro, era una chica que me pidió fuego, le ofrecí mi mechero y continué mi búsqueda.

Noté que algo caía a mis pies, me agaché para recogerlo, era la chaqueta de ella, y al acomodarme para dársela, fui descubriendo unas piernas perfectas, una cintura estrecha y una cara de sueño.

Me pregunté el por qué no la había visto antes, le tendí su chaqueta y comenzamos a entablar conversación.

Sólo mirar sus labios gruesos como se movían, me creaba excitación, prefería no bajar la mirada para no encontrarme con sus pechos ya me sentía excitado, no deseaba estarlo más.

Nos dimos cuenta que por motivos diferentes, estábamos solos, todo el día en esa ciudad.

La invité a comer.

Era una buena opción y María, tenía un cuerpo muy deseable, demasiado.

Mis manos, acariciaban cada parte de su cuerpo con mi mente al verla caminar, rápida, pero elegante, un meneo de trasero impresionante, todo en ella era perfecto.

Comimos y hablamos mucho, mi cuerpo la deseaba y ella estaba allí en frente mío, mirándome, sonriéndome.

Me sentía excitado, mucho.

Se lo dije, sé que se colorearon sus mejillas.

Pero decidimos, acercarnos hasta un hotel, en busca de un refugio donde compartir placer.

No tardamos en encontrarlo.

Una vez en la habitación, nos miramos y no hizo falta nada más, ella abrió el grifo de la ducha y la vi desnudándose frente al espejo, mi sexo estallaba.

Me miró y me pidió que la acompañara.

Mi cuerpo lo deseaba, mi pene estaba erecto y me desnudé, mientras ella estaba bajo el grifo, húmeda, mojada.

Entré con ella, nos enjabonamos el uno al otro, el placer era latente, la excitación se notaba y desprendía el olor a sexo y lujuria.

Después de acariciarla por toda su piel, salí de la ducha, me sequé un poco para no resbalar y la agarré en brazos, llevándola así hasta la cama, donde la tendí y la miré, desnuda, excitada, mojada aún por al agua.

Le pedí caricias, y se inclinó ante mí para ofrecerme su boca, la abrió para introducirse mi pene en ella, creía estallar.

Podía ver como entraba y salía, con el masaje de su lengua.

Cambié mi postura para poder comerle su sexo, mientras ella lamía el mío. Sus pezones me incitaban a mordisquearlos, su cuerpo me pedía ser lamido.

Y su raja ser penetrada.

Nos dimos placer mutuo, con caricias besos y roces, mis dedos la penetraron y ella succionó mi miembro hasta hacerlo estallar.

Me corrí ante su mirada, por su cuerpo, ella se corrió con mi lengua, sentí como lo hacía, como se humedecía su sexo.

Me excitó la idea de que llegara al orgasmo en mi boca.

Después y sin dejar de acariciarnos, la penetré.

Así conseguimos corrernos una vez más, recuerdo como le agarraba los hombros, mientras yo se la introducía por detrás.

María, gemía, sudaba, y se movía como una posesa, mientras mi miembro entraba, salía e intentaba dibujar círculos.

Llegamos a un placer máximo, cayendo exhaustos.

Cansados y llenos de sexo.

Era la hora de irnos.

Pero el recuerdo desnudo de María, está en mi mente.

Suelo masturbarme con su imagen.

Es muy excitante.

Deseo. Año 2003.

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