
Ya estoy aquí, este es el lugar donde mejor me siento del mundo entero.
Me relajo, cambio mis trajes por unos cómodos pantalones verdes, mi corbata por una vieja camiseta usada, mi diario por una radio, mis preocupaciones de la hipoteca por una caña, sedal una gorra y lombrices.
Espero que hoy sea un buen día de pesca.
Tengo la intención de cenar carpa o barbo al horno.
Me encanta estar aquí, rodeado de la naturaleza, escondido entre los matorrales y con mi taza humeante de menta poleo, recién sacada del temo.
Aquí, en este paraje donde mi padre siempre me dijo que fui concebido.
Veo como dos niñas se acercan en bicicleta.
Llegan cerca de mí sin notar mi presencia, juguetean entre ellas y una se despoja de toda su ropa dejando sólo que su cuerpo sea tapado por unas minúsculas braguitas, la otra, hace lo mismo, pero sólo se desprende de un pequeño pantalón de verano.
Quedándose así en camiseta y bragas.
Me gusta mirar el espectáculo, casi que no presto atención a mi boya.
Mi mirada, está pendiente de aquellos cuerpos juveniles entre 18 y 19 años.
No puedo evitarlo.
Me recreo, observando como juguetean entre ellas.
La del toso denudo me excita, pero la camiseta calada de agua que me muestra unos pechos jóvenes y perfectos con los pezones duros por la sensación del agua.
Ummmmmmmmmmmm ……………….., me estremece de tal forma que mi pene inicia una ascensión de tamaño incontrolable.
Continúan chapoteando en el agua, de vez en cuando una se abraza a la otra, todo inocente, simplemente un juego más de niñas.
Quizás eso sea lo más excitante, el ser tan ingenuo, tan sencillo, tan inocente.
Estoy que exploto ………………………………………
En ese momento mi bolla estira, acaban de picar y tiro de mi sedal para atrapar a mi presa.
Eso hace que se muestre mi presencia.
Mi pene erecto me complica la tarea de pesca, me molesta.
Es una carpa enorme.
Las dos niñas se acercan a mí para ver la presa.
Me felicitan, yo me siento orgulloso, feliz y para que no se alejen les doy conversación.
La niña de la camiseta está justo enfrente de mí.
Puedo ver claramente sus pezones, mientras la otra, está a mi lado, inclinada con las bragas húmedas y metidas por un cachete del culo.
Estoy muy excitado, mi mente desea tocar esos cuerpos duros, perfectos y apretarlos contra mi miembro para mostrarles mi potencia de hombre.
Una se me acerca más y comenta algo sobre mi erección.
Sin dudarlo como una experta, saca mi miembro de la funda de pantalón verde y se lo muestra a la otra.
Se miran y sonríen.
Las venas de mi músculo estaban moradas, por lo que el contacto con su mano hizo que por la punta de mi glande aparecieran unas preciadas gotas de mi líquido masculino.
Me preguntaron a que sabía, les dije que si querían, era toda suya, y así una empezó todo un ritual de inexperiencia con mi miembro.
Se notaba que le gustaba, pues cada vez se la penetraba más adentro en su boca.
Yo mientras, miraba los pechos bajo la camiseta, y sentía como me succionaba el pene.
Con una de mis manos acaricié los pezones de la que me lamía el pene, con la otra estrujé los pechos de la segunda chica.
En un momento estaban las dos lamiendo con desespero mi miembro que estallaba en latigazos de placer.
Me estremecía, con el contacto de sus bocas, y el saber que eran dos, me dio el placer que necesitaba.
Una lengua por cada lado de mi miembro que estaba siendo succionado.
Introduje un dedo en cada sexo de ellas, después dos.
Sus cuerpos se retorcían.
Mi pene pedía una penetración.
Una de ellas, se apoderó por completo de mi miembro, y lo hizo todo suyo, lo chupaba y jugueteaba con mi glande.
La otra se bajó hasta situarse a la altura de mis testículos.
Lamiéndolos.
Pellizcándolos.
Y mientras mis dedos entraban y salían de sus sexos, mientras jadeaban.
Llegué al orgasmo, en la boca.
Dejé esparcirse mi semen por sus caras.
Y mientras les goteaba, veía como lo lamían.
Por mi parte, mis dedos continuaban su juego mientras ellas se iniciaron un ritual de caricias, entre mujeres, besos, y lenguas cruzadas.
Eso me excitó, ver a dos hembras ante mí, juntas. Y mis dedos en sus sexos.
Noté cómo se lo hacían a la vez, se humedecieron mis manos, y bajo cada una de ellas, un pequeño charco.
Una señal.
Sus cuerpos se arqueaban de placer ante mi mirada.
Se deslizaron cuerpo a cuerpo hasta quedar sentadas, juntas mirándome.
Fue el mejor día de pesca de toda mi vida.
Quien me lo iba a decir.
Picaron dos de golpe.
Deseo. Año 2003.
Me relajo, cambio mis trajes por unos cómodos pantalones verdes, mi corbata por una vieja camiseta usada, mi diario por una radio, mis preocupaciones de la hipoteca por una caña, sedal una gorra y lombrices.
Espero que hoy sea un buen día de pesca.
Tengo la intención de cenar carpa o barbo al horno.
Me encanta estar aquí, rodeado de la naturaleza, escondido entre los matorrales y con mi taza humeante de menta poleo, recién sacada del temo.
Aquí, en este paraje donde mi padre siempre me dijo que fui concebido.
Veo como dos niñas se acercan en bicicleta.
Llegan cerca de mí sin notar mi presencia, juguetean entre ellas y una se despoja de toda su ropa dejando sólo que su cuerpo sea tapado por unas minúsculas braguitas, la otra, hace lo mismo, pero sólo se desprende de un pequeño pantalón de verano.
Quedándose así en camiseta y bragas.
Me gusta mirar el espectáculo, casi que no presto atención a mi boya.
Mi mirada, está pendiente de aquellos cuerpos juveniles entre 18 y 19 años.
No puedo evitarlo.
Me recreo, observando como juguetean entre ellas.
La del toso denudo me excita, pero la camiseta calada de agua que me muestra unos pechos jóvenes y perfectos con los pezones duros por la sensación del agua.
Ummmmmmmmmmmm ……………….., me estremece de tal forma que mi pene inicia una ascensión de tamaño incontrolable.
Continúan chapoteando en el agua, de vez en cuando una se abraza a la otra, todo inocente, simplemente un juego más de niñas.
Quizás eso sea lo más excitante, el ser tan ingenuo, tan sencillo, tan inocente.
Estoy que exploto ………………………………………
En ese momento mi bolla estira, acaban de picar y tiro de mi sedal para atrapar a mi presa.
Eso hace que se muestre mi presencia.
Mi pene erecto me complica la tarea de pesca, me molesta.
Es una carpa enorme.
Las dos niñas se acercan a mí para ver la presa.
Me felicitan, yo me siento orgulloso, feliz y para que no se alejen les doy conversación.
La niña de la camiseta está justo enfrente de mí.
Puedo ver claramente sus pezones, mientras la otra, está a mi lado, inclinada con las bragas húmedas y metidas por un cachete del culo.
Estoy muy excitado, mi mente desea tocar esos cuerpos duros, perfectos y apretarlos contra mi miembro para mostrarles mi potencia de hombre.
Una se me acerca más y comenta algo sobre mi erección.
Sin dudarlo como una experta, saca mi miembro de la funda de pantalón verde y se lo muestra a la otra.
Se miran y sonríen.
Las venas de mi músculo estaban moradas, por lo que el contacto con su mano hizo que por la punta de mi glande aparecieran unas preciadas gotas de mi líquido masculino.
Me preguntaron a que sabía, les dije que si querían, era toda suya, y así una empezó todo un ritual de inexperiencia con mi miembro.
Se notaba que le gustaba, pues cada vez se la penetraba más adentro en su boca.
Yo mientras, miraba los pechos bajo la camiseta, y sentía como me succionaba el pene.
Con una de mis manos acaricié los pezones de la que me lamía el pene, con la otra estrujé los pechos de la segunda chica.
En un momento estaban las dos lamiendo con desespero mi miembro que estallaba en latigazos de placer.
Me estremecía, con el contacto de sus bocas, y el saber que eran dos, me dio el placer que necesitaba.
Una lengua por cada lado de mi miembro que estaba siendo succionado.
Introduje un dedo en cada sexo de ellas, después dos.
Sus cuerpos se retorcían.
Mi pene pedía una penetración.
Una de ellas, se apoderó por completo de mi miembro, y lo hizo todo suyo, lo chupaba y jugueteaba con mi glande.
La otra se bajó hasta situarse a la altura de mis testículos.
Lamiéndolos.
Pellizcándolos.
Y mientras mis dedos entraban y salían de sus sexos, mientras jadeaban.
Llegué al orgasmo, en la boca.
Dejé esparcirse mi semen por sus caras.
Y mientras les goteaba, veía como lo lamían.
Por mi parte, mis dedos continuaban su juego mientras ellas se iniciaron un ritual de caricias, entre mujeres, besos, y lenguas cruzadas.
Eso me excitó, ver a dos hembras ante mí, juntas. Y mis dedos en sus sexos.
Noté cómo se lo hacían a la vez, se humedecieron mis manos, y bajo cada una de ellas, un pequeño charco.
Una señal.
Sus cuerpos se arqueaban de placer ante mi mirada.
Se deslizaron cuerpo a cuerpo hasta quedar sentadas, juntas mirándome.
Fue el mejor día de pesca de toda mi vida.
Quien me lo iba a decir.
Picaron dos de golpe.
Deseo. Año 2003.
No hay comentarios:
Publicar un comentario