
Puedes imaginarte la cantidad de situaciones raras, extrañas en las que te puedes encontrar si trabajas yendo de una casa a otra.
Hace años, tenía que trabajar a horas para poder mantenerme y acabar mi carrera, los trabajos buenos no existen si encima no tienes una amplitud de horarios, yo tenía que luchar entre el horario y mis estudios, siendo consciente de que alguna hora tenía que quedarme para estudiar un poco más en casa.
El primer contrato que tuve fue como repartidor a domicilio de pizzas, la verdad es que era entretenido, a no ser que diluviara o nevara, bueno las inclemencias del tiempo, aparte de ir de bólido de aquí para allá me permitía ganar alguna que otra pesetilla con las propinas y ver paisajes a la velocidad que mi motocicleta me permitía.
Conocí a gente de todos los caracteres, situaciones en las que tenía que salir por patas y otras en las que no hubiera regresado al trabajo, pero de todas ellas me quedo con la que mis ojos veían al entrar por la puerta de la pizzería cada día.
La chica que trabajaba en la caja, cogiendo los pedidos, entregándolos y atendiendo al teléfono era de color.
Novia por cierto del pizzero, eso era lo malo, que no podía ni mirarla sin que miles de cuchillos se clavaran en mis espaldas.
Piernas largas, los ojos hacían que el estrecho uniforme resaltara todavía más, melena larga con trenzas hasta la cintura.
Hasta la gorra con visera le sentaba de fábula, los pechos … cuantas veces había soñado con tener esos pechos entre mis manos, y un poco más abajo.
La cintura de avispa adornada por el culo que sobresalía pidiendo guerra, esperando tener que pasar tras el mostrador para aferrarlo o rozarlo.
Los labios, imagínalos, gruesos rosados resaltando el contraste de su blanca dentadura, mirarla era soñar con esa mamada.
Cada día esa imagen, su sonrisa, esperando una oportunidad, pero nada, así día tras día.
Pero el gran día llegó, era la hora de cerrar el negocio, esa noche su novio salía con su pandilla de amigos de su antiguo instituto.
Por lo que ella estaba sola, antes de irme, me preguntó si me apetecía tomar algo antes de irnos a casa.
El novio salió antes que nosotros esa noche no se quedó a hacer caja, estábamos nosotros, una vez todo cerrado y encuadrado, nos sentamos sin salir del local, Lilian y yo comenzamos a charlar como nunca, tranquilos ya que no teníamos la mirada constante y celosa de su pareja.
Realmente era muy inteligente, tocamos muchos temas, hasta que después de charlar y charlar con una lata de refresco entre las manos, sin darme cuenta en signo de complicidad por el tema coloqué mi mano sobre su rodilla.
No me apartó el contacto, y poco a poco comencé a mover mis dedos lentamente, esperando que los apartara, pero no hacía nada, eso animó a mi mano a continuar con ese juego.
Mi miembro estaba erecto, crecía esperando que me apartara y al no hacerlo aún crecía más.
Estaba decidido, era el momento de actuar o perdería mi oportunidad, por lo que me encaminé buscando su tesoro, el que tenía entre las piernas.
Ascendí hasta que uno de mis dedos llegó a rozar la goma de sus bragas, mi pene estalló de alegría dejando una mancha en mi fino pantalón.
No me tapé, muy al contrario sin pensármelo abrí la cremallera de mi pantalón y sacando la punta de mi verga la miré mientras enseñaba lo que tenía entre las manos, a la vez que le decía:
- No puedes llegar a imaginarte cuantas veces hemos soñado contigo.
Ella, soltó una carcajada, mientras decía, es la salida más ocurrente que he escuchado nunca para follarme, me gusta.
Se acercó hasta él, (mi pene), agarrándolo con una mano, y mirándome a los ojos susurraba, vamos a hacer ese sueño realidad.
Esa pieza de mi cuerpo estaba a tope, no podía crecer más, la raja del glande parecía hablar sola, dilatándose para sacar una gota y mostrarle lo excitado que estaba.
No podía esperar mucho, la atrapé contra mi boca y le metí mi lengua todo lo adentro que pude, paseándola por toda su capacidad, lamiendo cada perla blanca.
En ese momento se separó de mí, se quitó las medias y subiendo su falda me pidió que me lo comiera, chupa y mete tu lengua hasta donde puedas.
Allí mismo me arrodillé, estábamos solos, casi a oscuras, cerrados, y el deseo se apoderó de nuestros cuerpos.
Me ayudaba separando sus labios con las manos, mi lengua entró directa, salía para pasearse por aquella zona y encontrar el clítoris duro, lo lamía y regresaba una vez mas a su interior.
Ese olor, esos líquidos me animaban a continuar comiendo.
En un momento dado, contrajo los músculos, los muslos me apretaban, mientras era ella la que entonces se manoseaba el conejo, agitaba fuerte.
Mirándome me dijo, ahora, métemela ahora, no tardes.
Tuve que incorporarme un poco mientras mis ojos veían como ella misma se masturbaba, una vez colocado, se la metí de golpe, estaba tan mojada que entró fácilmente, esos labios haciendo contraste con su piel morena me ponían a mil.
Allí sentada agitaba sus caderas mientras mi verga danzaba en su interior, se movía como ninguna de mis anteriores amantes.
Sentí cada uno de sus músculos, imaginé que otra lengua mamaba mi polla desde su interior.
Mi verga se hinchó como nunca, estalló dejando dentro de ella, mientras me agitaba mi leche esparcida en sus entrañas.
Exhausto aminoré la marcha, pero ella continuaba con el mismo ritmo, eso me indicó que aún no estaba y esforzándome continué, hasta que gritó mientras me lavaba las uñas en mi espalda, contraía su vagina, y me mojó por completo, después se apartó dejando salir la mezcla de líquidos por nuestras piernas, se arrodilló y sacando ¡su rosada lengua me lamió entero, su lengua rozaba mis huevos cada vez que se la metía por la boca.
El placer y verla arrodillada mamándomela, no se me olvidará nunca.
La acompañé hasta su casa y al llegar a la mía metido en la ducha me pajeé una vez más.
Al día siguiente esperaba una mirada de complicidad, una cita, pero actuó como si tal cosa.
Dos meses después dejé ese trabajo, me enteré de que todos habían tenido una primera vez con ella.
Dejó de ser la chica de mis sueños, para ser una más.
Pero madre mía que polvo el de aquella noche.
Deseo. Año 2004.
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