viernes, 28 de mayo de 2010

Mi fantasía cumplida



No existe nada mejor que tener amigos con derecho a roce, eso no te ata y disfrutas de todo y de todos.

Poco importa decirte o contarte como soy, por que tu puedes pensar que te miento, lo importante es como follo, en esa situación es cuando realmente te das cuenta de si merezco la pena o no, y la verdad es que relaciones no me faltan y casi siempre son los mismos que repiten, por algo será.

Esa noche tenía plan como casi cada noche.

Cenábamos en casa, y como era mi casa solía estar cómoda, con la ropa más ligera que tenía, aparte de que, ¿para qué el pudor de aguantar ropa incómoda si nos la acabaríamos quitándola?

Después de la cena ligera nos dispusimos a recostarnos en el sofá, con la intención de relajarnos un poco antes de follar como locos.

Mi idea era clara, un hormigueo me hizo comenzar el juego de la insinuación y la excitación.

De tal forma que sentada a su lado, coloqué uno de mis pies desnudos sobre sus rodillas, incitándole a acariciarlo.

Con cada tacto mi sexo se humedecía, nos conocíamos y sabíamos dónde y cómo acabaríamos, no me corté a la hora redemostrar mi calentura.

Mi cuerpo se recostaba, agitado, dejando mi melena que danzara al son de mis agitados movimientos de un lado para el otro.

Lentamente, mi pie desnudo ascendía por su entrepierna, hasta que con mis cinco dedos propinándole y regalándole mis caricias, los movía de manera que uno a uno, tocara el bulto que sobresalía de su bajo vientre.

Cada vez me estiraba más, hasta que mi culo, se acomodó encima de su pierna, de esa forma su mano se acercó hasta él, pellizcándolo, calentándome, excitándome.

Yo tenía una fantasía por la que me moría, pero no era el momento y lo sabía, cada vez que mantenía relaciones, las disfrutaba, pero con una parte de nostalgia en mi interior, algún día la cumpliría, estaba segura.

Mi cuerpo ya estaba sentado encima del suyo, mis manos lo habían desnudado de su camisa incómoda, mis labios le proporcionaban toda clase de besos en su pecho.

En ese momento sonó el timbre, y no estaba dispuesta abrir, demasiado excitada como para tener que aguantar una visita inoportuna.

Pero él me dijo que era un sorpresa que me había preparado y que abriera.

Cachonda y aturdida me acerqué a la puerta, con pocas ganas de abrir.

Al hacerlo descubrí que tras ella quien llamaba eran dos chicos que no conocía, pero con cuerpos de ensueño, recordé mi fantasía, mirando a mi amigo, me dí cuenta de que esa era mi sorpresa.

En ese momento mis entrañas se comprimieron a la vez que de mis entrepiernas salía casi a chorro mi flujo de mujer, estaba completamente hieda, excitada.

Casi sin cerrar tras de ellos la puerta los tenía en mi piel, besándome, acariciándome, eran seis manos sobre mi piel, sobre mi cuerpo, una locura, un placer, un sueño, mi fantasía.

La excitación me hizo perder la conciencia sólo pude reaccionar estándome quieta dejándome acariciar, recibiendo cada contacto como una ráfaga de electricidad.

Allí mismo de pie, en medio de la sala, uno de esos cuerpos se arrodilló y me lamía el conejo, otro se dedicaba a mis pies, zona que me ponía a mil.

El tercero y desde mi espalda, me acariciaba los pechos respirando en mi nuca, besando mi cuello, pellizcando mis pezones duros.

Eran tres pollas para mi cuerpo, un sólo cuerpo, tendido a cuatro patas en el suelo, esperando ser amado, penetrado, sin tener que hacer nada a cambio, sólo esperando recibir.

Uno, de esos cuerpos metió su polla en mi raja, no fue difícil ya que en mi estado mi coño parecía más una fuente que un conejo.

Entraba y salía, yo intentaba comprimir mi útero para sentir mejor el placer al intentar hacer mi agujero más estrecho, de poco sirvió, estaba tan excitada que no podía relajarme.

Mi corazón latía a tiempo incontrolado, mis arterias se dilataban mientras mi flujo sanguíneo dejaba que las venas se ampliaran para dar paso a un riego de sangre que hacía de mi cuerpo las delicias del placer, así es como sentía mi mente cada molécula de mi cuerpo.

Poco después se recostó bajo mi cuerpo y así me la introdujo por mi raja, dándole paso y espacio al otro que permanecía de pie esperando su turno.

Éste la metió por mi ano, tranquilamente, masajeándolo, estimulándolo con su lengua que escapaba y mojaba los huevos del que me penetraba por la vagina.

Mi amigo se arrodilló delante de mí, se sujetaba la polla, porque yo no podía soltar ni alejar mis manos del suelo, eran mi apoyo.

Y la metió por mi boca que la estaba esperando ansiosa.

Con la otra mano, y entre mi cuerpo y el del chico que me follaba desde el suelo, alargándola rozaba mi clítoris.

Así en poco tiempo, mojé el cuerpo de uno, y después otra vez sentí el placer de mi segundo orgasmo.

La lentitud de las penetraciones era apasionante, ya que mis dos agujeros estaban ocupados y ellos dos tuvieron que compaginar los movimientos para que no saliera ninguna de las vergas que tenía en mi interior.

Pero me excitaba imaginar como se movían.

De golpe me sentí llena de líquidos, que se deslizaban en mi ano, y en mi conejo, una vez más llegué a mi placer.

En ese momento y con mi excitación que acentuó mi mamada, haciendo que mi amigo al notar como la chupaba se corriera en mi boca, mientras que por la poca obertura de mis labios salía alguna gota de su semen.

Aquel gusto a leche fresca me hizo correrme otra vez.

Estaba agotada, cansada del pulso que mis brazos aguantaban.

Pero caliente satisfecha.

Realmente deliciosa mi experiencia en la que los cuatro nos sentimos completamente satisfechos.

Por fin y gracias a mi amigo mi fantasía se cumplió.

Lo malo de eso es que automáticamente te creas otra.

Y esta vez quiero que sea con cuatro una que sea negra y otra chica par saber que sabor tiene un coño.

¿Te apuntas?

Deseo. Año 2004.

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