martes, 4 de mayo de 2010

Qué bien se lo pasa el servicio



Era un día atípico, ya que ese día ni los niños, ni mi marido estaban en casa. Yo estuve durmiendo hasta tarde. Cuando me levanté, fui hacia la cocina, y me extrañó no ver ni al cocinero ni a la doncella, pero supuse que habrían ido a hacer la compra. Con lo cual me dispuse a prepararme el desayuno. Me senté a desayunar mientras a la vez leía la prensa. Cuando termine fui hacia mi habitación ... iba descalza, despeinada todavía por la noche de locura y desenfreno que mi marido me había hecho pasar. Cuando subía las escaleras que me conducían hacia mi habitación, empecé a escuchar un ruido que conforme subía peldaños se aumentaba el volumen de aquel ruido. Conforme me acercaba al despacho de mi marido aquel ruido se iba transformando en gemidos de gusto. Sin hacer ruido me acerqué a la puerta y escuché detrás de ella sin casi ni respirar, de repente se abrió un poco lo que me permitía descubrir el motivo de que la doncella gimiera de aquella manera ... ella estaba aún con el uniforme puesto, aunque la camisa la llevaba abierta lo que le permitía tocarse los pechos. Tenía el pecho al descubierto, sus pezones estaban duros y ella con una mano no dejaba de pellizcárselos mientras con la otra se metía el dedo en la vajina y una vez húmeda se acariciaba salvajemente el clítoris ... cuando de pronto se acercó a ella otra mujer o ... mejor dicho el cocinero disfrazado de mujer ... llevaba unos altísimos tacones, con un vestido de noche blanco y una peluca rubia, todo mío por supuesto. Se acercó a ella lentamente mientras movía la melena de tal manera que hasta parecía una mujer. Mientras se agachaba lentamente y separándose la rubia melena de la cara empezó a lamerle las ingles suavemente hasta llegar a su coño que previamente ella había puesto a tono, le lamía el clítoris como un poseso lo que hacía que ella, esta vez con las dos manos, se apretara los pechos y gimiera como un animal ... yo estaba atónita y la verdad un poco excitada de ver aquella situación. De repente él se detuvo se puso en pie, y mientras ella seguía masturbándose comenzó con una mano a acariciarle fuertemente el pene y a chuparle y lamerle el mismo, ella no paraba de meter y sacar sus dedos húmedos en su vajina. Mientras la respiración de él cada vez era más sonora y rápida con cada unos de los lametazos que ella le propinaba en su durísima polla cuando de pronto él la cogió del pelo invitándole a levantarse. Se apoyó en la mesa mientras él poniéndose casi de puntillas se dispuso a meter su polla en ella ... por como gimió ella se corrió nada más metérsela ... él tardó un poco ... comenzaron a follar como salvajes. Cuando de pronto paró de golpe, yo pensé que me habían descubierto, pero me di cuenta que no cuando vi como ella se arrodillaba para lamerle la polla mientras él la agarraba del pelo ... cada vez se la chupaba más rápido, cuando él alcanzó el orgasmo empezó a correrse dentro y fuera de su boca mientras su cuerpo se quedaba poseído de dolor. En ese instante yo fui corriendo a mi habitación. Y ellos imagino que volverían a lo suyo, aunque de distinta manera que yo. Yo volví a mi habitación con un calenton del quince, más excitada que nunca. Y ellos imagino, a juzgar por lo que había tenido el placer de presenciar, volvieron al trabajo con el placer impregnado en sus cuerpos.

Gisele. Año 2003.

No hay comentarios:

Entradas más populares del blog